a)
El arte de madrugar
El acostarse tarde por la noche es un enemigo implacable del tiempo devocional. Es físicamente imposible trasnochar habitualmente y luego levantarse en buenas condiciones para la hora devocional.
El diablo nos combatirá en esto, y ha de ser derrotado. Aquí tenemos la victoria inicial. Ore por la noche pidiendo ayuda para levantarse temprano.
A propósito de levantarse temprano, el Dr Holden solía recalcar que lo único que se requiere es "un acto momentáneo de la voluntad". Una vez echados los cobertores a un lado, ya casi no vale la pena volver al lecho. La batalla se gana o se pierde en aquellos pocos segundos que transcurren entre el despertar y el primer movimiento intencional del cuerpo.
Tenga la cabeza completamente despejada antes de empezar la lectura de la Biblia o la oración. Probablemente sería preferible lavarse y vestirse por completo antes de empezar el tiempo devocional. Algunos hallan aún mejor dar un corto paseo o hacer un poco de ejercicio físico antes de la meditación.
Si tiene la tendencia a adormecerse, cambie de posición inmediatamente. Aunque la postura más apropiada para la oración es de rodillas, si ella le induce al sueño, parecería mejor adoptar reverentemente otra posición. Se dice que cierto hombre de Dios solía leer la Palabra y orar de pie o caminando en el jardín. Se tendrá en cuenta, sin embargo, que estas consideraciones de ninguna manera han de ser excusa para la pereza. Ha de preferirse estar de pie a cualquier posición innecesariamente floja o relajada.
Para leer las Escrituras es preferible sentarse con la Biblia puesta sobre un escritorio. Deben ser quitados los libros de aspecto llamativo y todo aquello que pudiera distraer la mente, con todo dispuesto para la mayor concentración posible.
b)
Venid ante su presencia
Sus primeros pensamientos al despertarse sean de su Salvador, con quien está por encontrase. Él le espera. Durante las horas de la noche, ha estado intercediendo por usted.
Para poder apreciar la presencia de Dios será necesario dedicar unos momentos a la meditación en silencio, recordando el propósito de la hora devocional.
Recuerde constantemente durante su lectura y oración que no está solo. Dos personas comparten la habitación y participan en la lectura de la Biblia. Recuerde con reverencia que el Consolador se halla a su lado. Él está allí. El darse cuenta de este hecho hace del tiempo devocional una realidad viviente.
¡No monopolice la conversación! Es necesario aguardar con quietud (Salmo 46:10). "Dios no se nos revela cuando luchamos por entrar en su presencia y sentirla, sino cuando nos rendimos libremente a Él" Esto no significa que la mente ha de estar vacía, sino que ha de haber una actitud receptiva mientras que concentramos nuestros pensamientos en la persona gloriosa de Cristo y meditamos en las Escrituras que hemos leído, buscando su significado más íntimo.
El Espíritu Santo revela las cosas más profundas solamente a quienes toman el tiempo necesario para recibir de Él los secretos de su Palabra.
Sea mucho o poco el tiempo de que se dispone, no ha de haber apresuramiento (Isaías 30:15). Si no disponemos de mucho tiempo, no tratemos de hacer demasiado en él.
Acerquémonos a la Biblia y a la oración dispuestos a obedecer y a poner en práctica cuanto Él nos diga, inmediatamente y sin reservas de ninguna clase (Juan 2:5)
c)
Aproveche bien el tiempo
Si le es posible, comience su tiempo devocional todas las mañanas a la misma hora. Esta práctica le ayudará a ser constante en presentarse ante Dios y a aprovechar el tiempo así dispuesto.
Preguntará alguno: ¿Cuánto tiempo debo dedicar al momento devocional? ¿Cuál es el tiempo mínimo que debo consagrarle? No hay para ello regla fija. Varían las circunstancias personales de cada individuo. Notemos que aquellos cuyas vidas han sido más fructíferas en el servicio de Cristo han acostumbrado aprovechar toda oportunidad de prolongar su tiempo de comunión con Dios. Las personas de madurez espiritual hallarán necesario más tiempo que el que un recién convertido pueda ocupar.
Algunos han sugerido un mínimo de veinte minutos, tiempo que otros dedicarían solamente a la lectura de las Escrituras. Dios conoce todas las circunstancias de su vida, pero realmente el problema suyo ha de ser más bien cuál es el tiempo máximo que pueda apartar para Él.
Lo ideal es dedicar más tiempo que lo meramente "necesario". Procure ser generoso con Dios, tal como lo hace cuando se encuentra con otro a quien ama. Si logra apartar suficiente tiempo, no le será necesario estar siempre pendiente de la hora durante el ejercicio de sus devociones. Pero en todo caso, tenga por objetivo la calidad más bien que la cantidad.
Una vez que halla resuelto de qué tiempo podrá disponer, trate de hacer un plan definido, aunque sencillo. Esto no quiere decir, sin embargo, que haya de someterse a él con demasiada rigidez. Si su práctica usual es dar la mitad del tiempo a la lectura bíblica y la mitad a la oración, esté dispuesto a que Dios le guíe de cuando en cuando a variar esa proporción. Sea flexible en su método, y evite ser rutinario.
Con respecto al orden de la lectura de la Biblia y la oración, quizá sea de interés añadir que Jorge Muller solía leer primeramente su Biblia y orar luego, por cuanto siempre hallaba en su lectura algo nuevo por lo cual alabar a Dios. Descubrió que cuando procedía de esta manera se hacía mas viva y eficaz su oración de cada día.
Sería bueno que aquellas personas que oran todos los días con casi las mismas frases, alimentasen sus oraciones de esta manera por medio de la lectura bíblica, alabando a Dios por lo que acaban de leer de sus atributos, y pidiéndole aquellas cosas de cuya falta acaban de darse cuenta. Desde luego, deben comenzar la lectura con una oración breve pidiendo les sea dada nueva luz de las Escrituras.
d)
Métodos para el estudio de la Biblia
Para la lectura de las Escrituras es conveniente seguir algún método fijo. Hay varios sistemas para leer la Biblia entera en uno, dos o tres años, según el tiempo de que se dispone cada día. Para el tiempo de meditación, debemos acercarnos a las Escrituras más bien desde el punto de vista devocional.
Es útil el empleo de una libreta para anotar los pensamientos que el Espíritu Santo le dé mientras lee y medita en su pasaje matutino. Pero no se dedique a escribir demasiado, pues esto podrá distraerle de su objetivo principal.
Recuerde que en esta hora acude usted a las Escrituras para satisfacer sus necesidades personales. Su lectura para ayudar a otros, o para preparar mensajes, debe hacerse a otra hora.
Si no se beneficia lo suficiente de su lectura diaria, hágase a sí mismo preguntas como estas:
¿Hay algún ejemplo que debo seguir?
¿Hay algún mandamiento que debo obedecer?
¿Hay algún error que debo evitar?
¿Hay algún pecado que debo abandonar?
¿Hay alguna promesa que debo reclamar?
¿Hay algún pensamiento nuevo acerca de Dios mismo?
e)
La oración
Recuerde que la oración no es simplemente una recitación de lo que usted necesita. La oración cotidiana debe contener cuando menos algunos de los elementos siguientes:
- Acción de gracias (véanse los Salmos)
- Adoración (considérense los nombres de Dios)
- Confesión (véase 1 Juan capítulo 1)
- Intercesión a favor de otros (Romanos 15:30), y
- La dedicación del nuevo día a Cristo.
Es de dudarse si un cristiano debe permitir que pase un solo día sin haber dado gracias al Señor Jesús por el Calvario.
Hay métodos para recordar ciertas necesidades diariamente y otras semanal o mensualmente. Pero evite cualquier método que resulte demasiado complicado.
Evite ser formalista. Tan pronto como una oración se vuelve formal muere. Pida a Dios que le muestre lo que hay de malo. ¿Se habrá interpuesto el pecado, o un espíritu de descuido y de pereza, entre Él y usted? Recuerde la sugerencia que se halla en el fondo del método de Jorge Muller citado anteriormente.
Algunos cristianos pueden apartar un período más largo por la mañana y dejan otro más breve, por la noche, principalmente para la oración. Otros que tienen más quehaceres en las primeras horas, han podido compensar una breve hora devocional matutina con otra más larga en la noche.
Muchos cristianos hacen mal uso del domingo. Aproveche bien el tiempo devocional. No caiga en el error de acortar su hora devocional por cuanto pasará la mayor parte del día en la adoración y el servicio cristianos. ¡Para eso es el día!
f)
¿Y si pierde su hora devocional?
Si por una razón u otra ha omitido su tiempo devocional, no crea que por eso habrá de fracasar durante el día. No es necesario que así sea. Si la culpa es suya, confiésela y obtenga inmediatamente la limpieza espiritual, y cuente luego con el poder del Espíritu Santo para enfrentarse a aquel día. Si no es suya la culpa, recuerde que Dios por su parte no está limitado por el tiempo que su siervo haya pasado en la comunión directa con Él. Dios es soberano.
No piense en su tiempo devocional como si tuviese una relación mecánica con la bendición divina. Nuestra sabiduría más alta nos ordena que pasemos con Dios tanto tiempo como sea posible, pero Él no nos usa meramente porque hayamos dedicado tanto o cuanto tiempo a la oración o a la preparación.
Si no siente usted la presencia del Señor y la oración le parece del todo vacía y sin valor, dígaselo a Él con toda franqueza. Al mismo tiempo dígale que usted cree que Él está allí, por cuanto Él así lo ha prometido (Juan 14:6; Hebreos 13:5; Mateo 18:20; etc.), y que usted sabe que Él contestará la oración independientemente de cuales sean los sentimientos suyos.
g)
El problema de la concentración
Finalmente, hay cristianos a quienes les es muy difícil concentrarse. Es imperativo persistir en evitar que vaguen nuestros pensamientos. Esto es lo que quiso decir el apóstol Pablo cuando escribió a los Efesios acerca de la necesidad de velar "en ello con toda perseverancia" (Efesios 6:18).
El secreto se halla en la persona de nuestro Señor. Hay muchos a quienes les es difícil concentrar sus pensamientos en algo abstracto, pero son pocos los que no pueden pensar acerca de una persona a quien realmente aman. Quizá digan que han visto a aquellos que aman en la tierra, mientras que la persona de nuestro Señor les parece poco más que abstracta. Es precisamente a esta clase de personas a quienes la hora devocional es absolutamente indispensable.
Nada hay de mayor importancia para el cristiano, cuando ora, que estar libre de toda ilusión acerca de la realidad de la persona de Cristo. La Biblia - y especialmente el Nuevo Testamento - nos enseña claramente que la fe no es una influencia vaga, intangible y subjetiva. Se nos presenta como un instrumento por el cual el cristiano se habilita para echar mano de lo invisible y para entrar en el goce de lo que Dios ha provisto para él. En el caso de la persona de Cristo, el Nuevo Testamento nos conduce a creer que por la fe podemos verle de una manera tan real (aunque diferente) como por la vista física. Para aquellos que han visto a Cristo (en el sentido del Evangelio) no hay en esa visión nada de irrealidad.
La razón de la dificultad parece estar en el hecho de que la mayoría de los cristianos se ocupan de los principios, la ética y los ideales de la fe, más bien que de la persona que los encarna. La necesidad más apremiante es que nuestra manera de pensar se haga más cristocéntrica. Las mismas personas que se quejan de no poder concentrarse en la persona de Cristo usan de fotografías para recordar a seres amados ausentes, de cuya realidad nunca dudan. ¿Por qué, pues, no hacen mayor uso del retrato completo de Cristo entronizado en las Sagradas Escrituras?. Nadie que haya realmente escudriñado los Evangelios, anhelando sinceramente la ayuda del Espíritu Santo, ha faltado en captar la belleza moral de Cristo y la verdadera imagen de su persona. Llevemos con nosotros el recuerdo de ese semblante al dirigirnos a la oración. Quienes encuentran difícil hacerlo, deben saturar su mente con todo cuanto puedan hallar de ella en los Evangelios y en las Epístolas.
¿Cuáles perspectivas del carácter multifacético de nuestro Señor necesitamos tener especialmente presentes en la oración?
Probablemente todos los maestros de la Biblia estarían de acuerdo en que después de la cruz (que siempre debe estar delante de nuestros ojos) haríamos bien en meditar de manera especial en la resurrección y en el trono.
¿Cuántos cristianos realmente viven gozándose diariamente en la posición actual de autoridad de nuestro Señor a la diestra del trono de Dios?
A aquellos que tienen dificultad en concentrarse les recomendamos, primeramente, que fijen en su mente el cuadro bíblico de la cruz, y luego, que vuelvan su pensamiento hacia el Cristo glorificado en quien reside ahora todo poder. Los libros de Hebreos y del Apocalipsis presentan estos cuadros.
Cuando la iglesia cristiana se dé cuenta de la verdadera gloria de la presencia del Señor, y comprenda la plena realidad del poder de su resurrección, en aquel día habrá un avivamiento poderoso. Dios está dispuesto para ello. ¿Lo está usted?