a) El Pecado Original.
El pecado original se llama así porque fue el primer pecado que se
cometió y también porque es el origen, la fuente, o la raíz de todos los
demás pecados. Este origen de todos los pecados, consiste en rebelarse
contra Dios, en independizarse de Dios, esto es, en decidir que el control de
nuestras vidas no debe estar en las manos de Dios, sino en nuestras propias
manos; consiste en tomar la decisión de hacer lo que nosotros queremos en lugar
de hacer lo que Dios quiere que hagamos. Consiste, en pocas palabras, en querer
ser como Dios.
El arrepentimiento o conversión a Dios, consiste precisamente en lo
contrario, esto es, consiste en reconocer que fue un error fatal habernos
rebelado contra Dios, arrepentirse de haberlo hecho, pedirle a Dios
perdón por ello, y entregarle a él el control de nuestras vidas,
comprometiéndonos con él a hacer su voluntad en lugar de hacer la nuestra.
La Biblia narra en Isaías 14:12-14, y en Ezequiel 28:11-17, como
ocurrió el pecado original, antes aún de que existiera el universo
material, cuando solamente existían Dios y sus ángeles.
Sucedió que Lucero, el querubín que gozaba de mayor fuerza,
belleza, inteligencia y poder, se rebeló contra Dios junto con una
tercera parte de los ángeles, decidió ser como Dios, subir al
cielo, y sentarse en el trono de Dios. En respuesta a este golpe de estado, Dios
expulsó a Lucero y a sus ángeles caídos, al infierno,
convirtiéndolos en Satanás y sus demonios.
La Biblia narra en Génesis 2:8,9,16,17; 3:1-7,17-19,22-24, como
sucedió que Satanás engañó al hombre, con el mismo
viejo truco de querer ser como Dios, y le ofreció a Adán que si se
rebelaba contra la voluntad de Dios, y tomaba del fruto del árbol de la
ciencia del bien y del mal, sería como Dios y adquiriría
sabiduría. Lamentablemente, el único conocimiento que el hombre
adquirió, fue saber que de ahí en adelante estaba destituido de la
gloriosa presencia de Dios, y que había perdido la vida eterna, y que
tendría que morir y regresar al polvo del que había sido formado.
Y ese mismo pecado de querer ser como Dios, lo cometemos todos los hombres, cada
vez que pensamos que si Dios fuera realmente bueno, no debería permitir
que hubiera guerras, ni debería permitir que los niños
pequeños murieran de cáncer o de SIDA, ni debería permitir
que hubiera tanta miseria en la India o en el Africa, o mil otras cosas
semejantes. Y lo que sucede, es que en el fondo estamos pensando, que si Dios
nos dejara manejar el universo, nosotros no permitiríamos que ocurrieran
tantas de esas injusticias, tragedias y miserias. Y aquí tenemos de
nuevo, el mismo viejo truco de querer ser como Dios, solo que ahora actuando
dentro de nosotros mismos. Así que lo que fue en un principio el pecado
original, resulta que ahora ya no es tan original, ya que frecuentemente estamos
cayendo, todos los hombres, en esa misma vieja trampa de creernos tan
inteligentes, tan sabios, o tan buenos, o incluso mejores, que Dios.
b) La Inteligencia de Dios.
Resumiendo, pues, diremos brevemente, que el pecado original consiste en que los
hombres estamos constantemente queriendo sentirnos o creernos tan sabios o tan
inteligentes como Dios. Por esto es que llegamos a alejarnos de él, poco
a poco, llegando a veces hasta rechazarlo, porque pensamos que no necesitamos
estar cerca de él, ya que no necesitamos ningún consejo ni ninguna
ayuda de su parte, somos como él, podemos vivir sin tomarlo a él
en cuenta para nada en nuestra vida diaria.
Incluso, algunas veces se tiene el atrevimiento, de llegar a citar a la misma
Palabra de Dios, para apoyar nuestro punto de vista de que somos casi, casi,
como Dios, diciendo que el mismo Dios dijo: "Haré al hombre a mi imagen y
semejanza", y le echamos la culpa a Dios de nuestra ridícula
pretensión, diciendo que no fue idea nuestra, sino que Dios mismo dijo
que nos iba a hacer como él mismo. El único problema es que somos
un poquito imprecisos al citar a la Biblia, ya que realmente Dios dijo que nos
haría semejantes, o parecidos, a él, pero nunca dijo que nos
haría iguales a él.
En una ocasión Dios tuvo la paciencia de explicarle a uno de sus
más fieles profetas, a Isaías, que ese parecido con el que
había formado al hombre, no era realmente un parecido muy grande, sino al
contrario, era una semejanza mucho muy pequeña. Y para que entendiera
bien Isaías, y ojalá que también lo entendiéramos
bien nosotros, de una vez por todas, le dijo: "Así como está de
lejos el cielo de la tierra, así de lejos están mis caminos de
vuestros caminos, y mis pensamientos de vuestros pensamientos", Isaías
55:8,9. Isaías vivió unos 600 años antes de Cristo, no
tenía los conocimientos de astronomía que nosotros tenemos ahora,
para él la distancia más grande que pudiera existir era
precisamente esa, del cielo a la tierra; bueno pues de ese mismo tamaño,
le dijo Dios, es la diferencia entre la inteligencia del hombre y la
inteligencia de Dios.
Y en esa verdad bíblica está basada la gran importancia que debe
tener la Biblia para quienes dicen creer en ella. Si la diferencia que existe
entre la inteligencia y la sabiduría de Dios y la del hombre, es tan
grande, entonces es totalmente inútil, absurdo o ridículo,
ponernos a pensar como debe ser Dios, o que cosas podrían agradarle, o
cual debería ser su plan para el hombre. Para entender bien esta verdad
imaginemos que reunimos durante un año, en una pequeña isla del
Pacífico, en un hotel de lujo equipado con las mejores facilidades
computacionales, y con libre acceso a todas las bibliotecas del mundo, a los mil
hombres más inteligentes y más santos del mundo, para que
desarrollen una teoría acerca de Dios, detallando en ese documento cual
debe ser el plan de Dios para los hombres, y cuales deben ser los objetivos y
las estrategias de Dios. De acuerdo a la Biblia ese documento solo
serviría para la basura. Se oye un poco brusco decirlo de esa manera,
pero se oye así debido al pecado original, esto es, por nuestra
ridícula pretensión de querer ser como Dios.
En una ocasión Dios le hizo entender a Isaías que: "todos
nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias son como un trapo de
inmundicia" Isaías 64:6; y el mismo Señor Jesucristo dijo en
una ocasión: "Vosotros sois los que os justificáis a vosotros
mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que
los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación." Lucas
16:15. Esto es, lo más sublime y bello que los hombres pensemos
acerca de la voluntad de Dios, no pasa de ser un trapo sucio, una
abominación, un insulto, desde el punto de vista de Dios. Por eso,
precisamente, la Biblia es tremendamente importante.
c) Las Dos Fuentes del Conocimiento.
El hombre solo tiene dos fuentes de conocimiento, la razón humana y la
revelación divina. Y aún cuando la razón humana sea un
instrumento excelente para estudiar e investigar toda la maravillosa
creación de Dios, es totalmente inútil para estudiar y conocer al
Creador. Toda la información que podamos recibir acerca de Dios solo
puede provenir de una de esas dos fuentes, o bien Dios mismo nos la
reveló a través de la Biblia, y precisamente por eso se le llama
la Palabra de Dios, o bien, proviene simplemente de la mente del hombre, y no
tiene entonces ninguna validez. Esta afirmación es difícil de
aceptarla, ya que es muy difícil dejar de pensar que los hombres somos lo
máximo, que somos la cumbre de la creación de Dios, y que somos
casi como Dios. Aunque es un truco muy viejo, siempre le ha dado muy buenos
resultados a quién lo inventó, excepto, claro está, la
primera vez que lo usó.
La Biblia reconoce que hay muchísimas
verdades que Dios no reveló a través de la Biblia: "Las cosas
secretas pertenecen al Señor nuestro Dios; mas las reveladas son para
nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las
palabras de esta ley." Deuteronomio 29:29. La Biblia no pretende tener
ningún conocimiento de biología molecular, ni de física
cuántica, ni de ninguna otra ciencia desarrollada por la razón
humana, ni siquiera pretende tener toda la revelación acerca de Dios,
simplemente pretende tener justamente aquella revelación que necesitamos
para conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas, y para obtener la vida
eterna si decidimos creer en ella y ponerla en práctica en nuestra propia
vida diaria.
La Biblia no debe usarse para obtener conocimiento acerca de las
ciencias desarrolladas por la razón humana, su objetivo no es
enseñar acerca de la creación, sino del Creador. De la misma
manera ni la ciencia, ni el razonamiento científico deben usarse para
obtener información acerca del Creador, sino de la creación. Cada
una de ellas, la razón y la revelación, son excelentes para
obtener información, siempre y cuando no se salgan de su campo de
aplicación.
Conviene aclarar algo importante, si bien la razón humana no puede
generar por si sola ningún conocimiento nuevo acerca de Dios, sin
embargo, sí es un instrumento excelente para estudiar la
información que ya ha sido revelada por Dios a través de la
Biblia, siempre y cuando esté acompañada por la guía y la
dirección del Espíritu Santo.
e) Dios es Bueno y Desea que Entendamos la Biblia.
Dios no es un ser perverso que quiera que únicamente los más
inteligentes o los más estudiosos entiendan su revelación, al
contrario, la Biblia enseña repetidamente que son los mansos y humildes a
quienes más fácilmente se les revela Dios, de hecho, el
único pasaje de los evangelios que narra acerca de algo que le haya dado
mucho gusto al Señor Jesucristo, fue cuando públicamente
alabó a su Padre Celestial por haber escondido sus grandes revelaciones,
de los sabios, orgullosos de su humana sabiduría: " En aquella misma
hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo,
oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas
de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí,
Padre, porque así te agradó." Lucas 10:21
Y esta misma verdad, de que el orgullo y la vanagloria, que produce en los
hombres, el hecho de tener una gran cantidad de sabiduría humana, es un
obstáculo muy grande para entender con claridad la revelación de
Dios, se nos enseña también en la primera epístola a los
Corintios: " Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres,
y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad,
hermanos, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos,
ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para
avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió
Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su
presencia." 1a Corintios 1:25-29
Así que un argumento popular que dice que la gente simple y
sencilla no debe leer la Biblia porque no puede entenderla, sino que necesita
que una persona sabia y con una gran cantidad de sabiduría humana, deba
explicársela para que pueda entenderla correctamente, no solo no
está de acuerdo con la enseñanza de la Biblia, sino que
está completamente en contra de lo que enseña la Biblia. Dios no
es un ser perverso que se goza en que las personas simples, sencillas, y
humildes, no entiendan su revelación; al contrario, Jesucristo se
regocijó de que las profundas verdades de la Biblia, se les revelaran
fácilmente a los humildes y se les mantuvieran veladas a los sabios
orgullosos.
Y la Biblia va incluso más allá de afirmar que la cantidad de
revelación que una persona puede entender es inversamente proporcional al
orgullo que le produzca la gran cantidad de sabiduría que posee. El mismo
Señor Jesucristo advirtió muy fuertemente a los líderes
religiosos de su tiempo, y de todos los tiempos, que dejaran de obstaculizar y
de esconder, el conocimiento de la revelación, a la gente del pueblo:
"¡Ay de ustedes, maestros de la ley!, que se han apoderado de la llave del
conocimiento; pero ni ustedes mismos entran ni dejan entrar a los que quieren
hacerlo ... ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!
... ¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del castigo
del infierno? Por esto yo les voy a enviar profetas, sabios y maestros. Pero
ustedes matarán y crucificarán a algunos de ellos, y a otros
golpearán en las sinagogas y los perseguirán de pueblo en pueblo
... Cuando Jesús salió de allí, los maestros de la ley y
los fariseos se enojaron mucho, y comenzaron a molestarlo con muchas preguntas,
tendiéndole trampas para atraparlo en sus propias palabras." Lucas
11:52; Mateo 23:29,33,34; Lucas 11:53 V.P.
f) La Biblia es una Revelación Gradual.
La Biblia es la revelación de Dios para los hombres. Pero aunque la
Biblia contiene toda la revelación que Dios considera necesaria, para que
los hombres podamos llegar a entender el plan de Dios para nuestra vida, y
podamos llegar a obtener vida eterna, si nos comprometemos seriamente con
él a ponerlo en práctica en nuestras propias vidas diarias; esa
revelación se nos hace accesible, o se nos revela personalmente a nuestro
espíritu, de una manera gradual y progresiva, dependiendo del tiempo que
le dediquemos a estudiarla seriamente y dependiendo del grado en que vayamos
poniendo en práctica en nuestra vida diaria lo que vayamos aprendiendo en
ella.
La Biblia es una revelación gradual en varios sentidos diferentes. Es una
revelación gradual de principio a fin de la misma Biblia, en los primeros
libros Dios nos revela acerca de su creación y acerca del primer pacto
que celebró con los hombres, a través de Moisés, esto es,
el pacto de la Ley. Más adelante, unos 600 años después,
en los libros de los profetas, Dios revela su intención de hacer un nuevo
pacto con los hombres. Unos 600 años después, Dios celebra el
nuevo pacto con los hombres a través de Jesucristo. Unos 60 años
después el apóstol Juan revela en el libro del Apocalipsis, los
eventos que sucederán poco antes del regreso de Jesucristo, por segunda
vez, a celebrar las bodas del Cordero con su esposa, pura, santa, y sin mancha,
para sentarla en su trono con él, y con su Padre, para gobernar el Reino
de los Cielos.
La Biblia también es una revelación gradual, a lo largo de la vida
de cada persona, que dedica una parte considerable de su tiempo a leerla, con el
propósito de conocer mejor a Dios. Cada vez que se vuelve a leer el mismo
pasaje, aunque ya se haya leído muchas veces, Dios puede usar ese mismo
pasaje, para revelarnos una verdad nueva, que no habíamos visto en
ninguna de las lecturas anteriores, tal vez para que podamos aplicarla a una
situación nueva por la que estemos atravesando. Esto hace que la lectura
y estudio de la Biblia, sea algo muy dinámico, muy interesante, muy
provechoso, y que además nos ayuda a conocer la voluntad de Dios para
nuestra vida.
La manera más impresionante en que la Biblia es una revelación
gradual, es en la medida en que vayamos verdaderamente poniéndola en
práctica en nuestra vida diaria. Si al leer o estudiar la Biblia, nos
revela Dios una verdad muy importante, y nosotros no la ponemos en
práctica, no tiene ningún caso que Dios continúe
dándonos mas revelaciones. Si Dios nos revela algún aspecto de su
voluntad, es para que nosotros modifiquemos nuestra forma de vivir, para
adaptarla a su voluntad. Dios no nos revela su voluntad simplemente para que
satisfagamos nuestra curiosidad. Dios tiene un plan perfectamente bien definido
para el hombre, y desea írselo revelando gradualmente para que el hombre
vaya colaborando activamente en ese plan; pero si el hombre no responde como
Dios espera que lo haga, no tiene ningún caso seguirle revelando nada
nuevo. El hombre tiene que demostrarle a Dios que sus intenciones son realmente
serias, que desea conocer mejor a Dios, no para servirse mejor de él,
sino para servirlo mejor a él. Pero si el hombre no colabora con Dios
modificando su conducta o comportamiento, para colaborar con el plan de Dios,
está entonces mostrándole a Dios que sus intenciones son
egoístas, que simplemente desea servirse de él.
Además como veremos más adelante, al irle revelando Dios su plan
al hombre, Dios va capacitando y entrenando al hombre, para que pueda realmente
hacer la voluntad de Dios. Esta capacitación, involucra irle
proporcionando poder espiritual, en la forma de habilidades espirituales, los
dones del Espíritu, y en la forma de actitudes espirituales, los frutos
del Espíritu. El propósito de este poder espiritual es
proporcionar crecimiento espiritual, a nivel personal, e ir edificando una
comunidad de vida cristiana, a nivel comunitario, con los servicios y las
relaciones del Espíritu. Pero si nosotros, al ir recibiendo ese poder,
lo empezamos a usar mal, Dios no se va a angustiar por ello, simplemente lo va a
retirar. Hay muchas maneras de usarlo mal, podemos empezar a presumirles a los
demás de que ya nos estamos volviendo muy espirituales, o podemos empezar
a desear tener mas autoridad dentro de la comunidad, o podemos empezar a querer
usar el poder espiritual para nuestro provecho personal, o incluso alguien
pudiera querer usarlo para hacerle algún mal a otra persona. Para eso si
tenemos mucho ingenio.
Veremos ahora algunos de los pasajes de la Biblia, que nos hablan de este
aspecto, de la forma gradual que tiene Dios de revelar su voluntad, y sus
planes, a los hombres.
" porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo
manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y
deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo
entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues
habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias,
sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue
entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios ..." Romanos 1:19-
22
En este pasaje se nos enseña que nadie tiene ninguna excusa válida
por no conocer a Dios. Con el simple hecho de observar la maravillosa
creación de Dios, con observar en una noche un cielo sin nubes y
contemplar la cantidad innumerable de estrellas, o con observar un bebito
recién nacido, con todas las pequeñas partes de su cuerpo
completas y funcionando, eso debe ser suficiente, dice la Biblia, para que
cualquier persona entienda que debe existir un Dios que creó todas las
cosas, y no solo eso, sino que debe también agradecerle a Dios por su
vida, por haber sido él mismo creado por Dios, y de ahí debe pasar
a preguntarse acerca del propósito con el que fue creado, y debe buscar a
Dios y tratar de agradarlo cumpliendo su voluntad.
La persona que llega a ese nivel de conocimiento de Dios, es decir, que reconoce
haber sido creado por un ser supremo, puesto que no se hizo él a
él mismo, y que reconoce que debe tratar de agradar al ser que lo
creó y le dio la vida, está en muy buen camino para recibir la
siguiente revelación, como lo muestran los dos pasajes siguientes:
"Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la
compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda
su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día,
que un ángel de Dios entraba donde él estaba y le decía:
Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es,
Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria
delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a
Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro." Hechos 10:1-5
Cornelio no era cristiano, no tenía vida eterna, era una persona
excelente y muy religiosa, pero no tenía vida eterna, iba camino al
infierno, sin embargo vivía mas piadosamente que muchos cristianos:
él y toda su familia eran temerosos de Dios, hacía muchas limosnas
y oraba a Dios siempre. ¿Era eso suficiente para que Cornelio recibiera de Dios
la vida eterna a cambio de ello? Como lo explicaremos detalladamente más
adelante, obviamente eso no era suficiente, pero tampoco era totalmente
inútil, de hecho le sirvió muchísimo, ya que Dios
escuchó sus oraciones y vió sus limosnas, esto es, Dios vio que
Cornelio estaba sinceramente haciendo su mejor esfuerzo, y estaba tratando de
agradarlo, claro que solo podía hacerlo hasta donde él
conocía del plan de Dios. Y entonces Dios decidió revelarle lo que
seguía de su plan, y le envió un ángel que le dijera que
buscara al apóstol Pedro, para que él le hablara acerca de
Jesucristo, y pudiera entonces, por la fe en Cristo, recibir la vida eterna.
"Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados
por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió
de él, viene a mí ... Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno
puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre" Juan 6:45,65
En este pasaje está hablando Jesucristo mismo, y dice que quienes se
acerquen al Padre, tratando de aprender de El y de obedecerle, serán
conducidos por el mismo Padre a la etapa siguiente, es decir, a conocer la obra
de Jesucristo.
Ahora bien, la persona que llega a conocer a Jesucristo personalmente, y llega a
entender lo que Cristo hizo por él y lo que Cristo espera de él,
será conducido por el mismo Jesucristo, a la etapa siguiente de su plan,
esto es, a conocer al Espíritu Santo, para que continúe
guiándolo y dándole mas revelaciones de ahí en adelante,
siempre y cuando haya mostrado fidelidad y obediencia a los mandamientos de
Jesucristo, como lo muestran los siguientes pasajes:
"El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y
el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me
manifestaré a él ...él que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él , y haremos
morada con él." Juan 14:21,23
"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que
esté con vosotros para siempre ... Mas el Consolador, el Espíritu
Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os
enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os
he dicho ... Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no
me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo
enviaré ... Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las
podéis sobrellevar . Pero cuando venga el Espíritu de verdad,
él os guiará a toda la verdad ..." Juan 14:16,26; 16:7,12,13
g) La Biblia es una Revelación Completa.
Otra razón por la cual es muy importante la Biblia, es porque no
solamente contiene parte de la revelación de Dios al hombre, sino porque
contiene toda la revelación que el hombre necesita para conocer la
voluntad de Dios, y para ponerla en práctica. Y la Biblia misma lo afirma
en varios pasajes:
"Estoy muy sorprendido de que ustedes se hayan alejado tan pronto de Dios,
que los llamó mostrando en Cristo su bondad, y se hayan pasado a otro
evangelio. En realidad no es que haya otro evangelio. Lo que pasa es que hay
algunos que los perturban a ustedes, y que quieren trastornar el evangelio de
Cristo. Pero si alguien les anuncia un evangelio distinto del que ya les hemos
anunciado, que caiga sobre él la maldición de Dios, no importa si
se trata de mí mismo o de un ángel venido del cielo. Lo he dicho
antes y ahora lo repito: Si alguien les anuncia un evangelio diferente del que
ya recibieron, que caiga sobre él la maldición de Dios."
Gálatas 1:6-9 V.P.
En este primer pasaje el apóstol Pablo enseña con mucha claridad
que nadie puede enseñar una revelación diferente de la que ya
está contenida en la Biblia, ni siquiera un ángel del cielo, y no
solo eso sino que aquél que se atreva a hacerlo caerá sobre
él la maldición de Dios.
"Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este
libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre
él las plagas que están descritas en este libro. Y si alguno
quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará
su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que
están escritas en este libro." Apocalipsis 22:18,19
Este pasaje está entre los últimos cuatro versículos, del
último capítulo, del último libro de toda la Biblia. Y el
pasaje claramente afirma que no es correcto agregarle nada nuevo a la
revelación que ya está dada en la Biblia, así como tampoco
es correcto quitarle ninguna parte de lo que ya ha sido revelado. Puede uno
escoger entre creer o no creer a la Biblia, Dios nos ha dado libre
albedrío, pero si uno decide creer que la Biblia es la revelación
de Dios, entonces también tiene que creer que la Biblia contiene toda la
revelación de Dios y nada más que la revelación de Dios;
esto es, la Biblia es la verdad, toda la verdad, y nada más que la
verdad, de Dios para los hombres. Así que al terminar de escribirse la
Biblia, Dios decidió dejar completamente bien establecido, que
había terminado para siempre la revelación básica que el
hombre necesita para conocer la voluntad de Dios y ponerla en práctica en
su vida diaria. Por supuesto que el Espíritu Santo va a continuar
guiándonos, aconsejándonos, y enseñándonos
continuamente, todos los días de nuestra vida, mientras nosotros
continuemos siendo fieles y obedientes a su voluntad, pero nunca nos dará
ninguna enseñanza contraria, ni diferente, a lo que ya ha sido revelado
en la Biblia; Dios dijo ya, una vez y para siempre, que no se le había
olvidado decir nada importante.
La Figura No. 2 al final de este capítulo, muestra en forma
gráfica estos conceptos que acabamos de estudiar.
h) La Regla Fundamental de la Hermenéutica.
Siendo la Biblia tan importante, por ser la única revelación de
Dios para los hombres, es sumamente importante poder sacar información de
la Biblia de una manera inteligente, y para ello estudiaremos la regla
fundamental de la hermenéutica. La Hermenéutica es la ciencia y el
arte de interpretar correctamente documentos antiguos. Por supuesto que esta
regla no puede ser un sustituto a la guía del Espíritu Santo,
quién siempre nos guiará a toda la verdad. Si uno no tiene la
certeza de estar siendo guiado por el Espíritu de Dios, debe uno
preocuparse primero por adquirir esta guía, ya que esta regla es
solamente una herramienta complementaria para aquella. La parte III de este
libro, titulada: "El Sistema de Vida en el Espíritu" comprende un curso
bíblico dirigido a conocer la forma de obtener la guía y
dirección personal del Espíritu Santo. Esta parte III se
publicará posteriormente en un volumen separado.
Para entender bien la importancia de esta regla, tomemos como ejemplo a La
Ilíada, o a La Odisea, ambas de Homero, escritor de la antigua Grecia,
que vivió varios cientos de años antes de Cristo. Y supongamos que
estamos leyendo un pasaje de La Odisea cuyo significado no nos queda
completamente claro. Lo mejor sería preguntarle directamente al autor,
para que él mismo nos explicara lo que quiso decir exactamente. Si le
preguntamos a treinta personas diferentes, que es lo que ellos piensan o
entienden que quiso decir Homero en ese pasaje, es muy probable que obtengamos
treinta opiniones diferentes. Y si Homero murió hace ya muchos siglos,
¿qué podemos entonces hacer para obtener una respuesta inteligente? La
solución es realmente muy simple, una vez que la entendemos, claro
está. Lo que debemos hacer es buscar otros pasajes de la misma Odisea, en
los cuales el mismo autor, nos hable del mismo tema, o de un tema muy parecido,
y en el caso de que podamos obtener unos diez, quince o veinte pasajes
paralelos, esto es, que hablen del mismo tema, podemos entonces juntar la
información de todos ellos y así obtener la opinión del
mismo autor sobre el pasaje difícil de interpretar correctamente. La
regla, pues, es muy simple: dejemos que Homero interprete correctamente a
Homero.
Cuando aplicamos esta regla de interpretación a la Biblia, cobra
aún mayor importancia, puesto que la Palabra de Dios solo puede ser
interpretada correctamente por ella misma, debido a la tremenda diferencia entre
nuestros pensamientos y nuestros caminos con los de Dios.
La violación flagrante de esta regla consiste en tratar de construir toda
una enseñanza bíblica sobre un solo versículo aislado, o
sobre un par de versículos solamente, obviamente eso no es correcto. Para
poder establecer una sólida enseñanza bíblica sobre
cualquier tema, es necesario por lo tanto, tener al menos una decena de pasajes
paralelos, que hablen claramente sobre el mismo tema.
i) La Dificultad para Estudiar la Biblia.
La imprenta de tipos móviles fue inventada por Johannes Gensfleisch,
llamado Gutenberg, en Maguncia, Alemania, en 1440. Antes de esa fecha, escribir
un libro significaba exactamente eso, tener que escribirlo a mano. No solamente
no se contaba con la imprenta, tampoco se tenían las plumas y los papeles
a los que estamos tan acostumbrados, por lo cual se nos hace difícil
imaginar lo que significaba vivir sin tener esas comodidades modernas. Antes de
que existiera la imprenta, los libros se escribían sobre pieles de
animales a las que se les había dado un tratamiento especial, y eran
artículos costosos, tanto por ser pieles, como por el tratamiento
especial que se les daba. Las plumas que se usaban, eran realmente plumas de
aves, las cuales tenían que estarse recargando continuamente. Pero lo
más escaso era la mano de obra, si el porcentaje de gente que
sabía leer y escribir aquí en México en 1950 era de un 15%,
imaginemos cuanto sería en algún pueblo de Europa en el año
1200, o en al año 1000, o en el 600.
Para no hacer esta historia muy larga, diremos que los que han estudiado este
tema han llegado a la conclusión de que escribir una Biblia antes del
año 1440, requería de 70 años-hombre. Supongamos que se les
pagara un sueldo equivalente al de un profesionista con poca experiencia, unos
$4,000.00 pesos mensuales, eso daría un costo de 3,360,000.00 pesos,
equivalente al de unos treinta o cuarenta automóviles nuevos, solamente
de mano de obra. ¿Cuantas personas podían darse el lujo de mandarse
escribir una copia de la Biblia? Realmente las personas particulares no
podían darse ese lujo. Lo que se hacía era que, en un monasterio,
retirado del mundanal ruido, se reunía a unos cuantos monjes, a copiar,
día tras día, letra tras letra, hoja tras hoja, cada uno de los
libros de la Biblia. Si se ponía a trabajar a unos diez monjes, se
tardarían unos siete años en copiar un ejemplar. ¿Había
algún complot secreto y maligno para que nadie pudiera leer la Biblia?
Por supuesto que no. No había ninguna necesidad de que lo hubiera.
Prácticamente era casi imposible leerla, al menos que uno perteneciera a
una de esas muy pequeñas minorías que tenían una fortuna
suficientemente grande como para darse el lujo de no trabajar y de emplear su
tiempo en ponerse a aprender a leer. Y quién tuviera esa fortuna,
tenía muchísimas cosas muy interesantes en que usar su tiempo y su
dinero, en lugar de ponerse a aprender a leer, lo cual en esas épocas era
algo realmente fuera de lo normal.
Además, antes del año 1200, la Biblia solamente estaba dividida en
libros, no estaba dividida en capítulos, ni en versículos. La
división de los libros en capítulos no se llevó a cabo sino
hasta el año 1220, y la división en versículos no se
efectuó sino hasta el año 1551.
Después de la invención de la imprenta en el
año 1440, la Biblia continuó siendo difícil de leer, pero
ahora fue por otra razón, fue por la diversidad de interpretaciones que
se empezó a dar a la Biblia en las diferentes culturas nacionales que
empezaron a formarse, como veremos en la sección "a" del capítulo
3.