Construyendo el Reino de los Cielos
Un Llamado a la Edificación de Comunidades Cristianas
Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8


Capítulo 5 :

EL PROPOSITO DE DIOS PARA EL HOMBRE


a) El Tema de la Biblia.

Todas las religiones del mundo son iguales, al menos hasta cierto punto. Todas dicen que existe un Dios que creó el universo. Todas dicen que ese Dios es bueno. Todas dicen que ese Dios quiere que seamos buenos. Todas dicen que ese Dios ha establecido un código de conducta, similar a "Los Diez Mandamientos", en el cual define el tipo de conducta que él considera buena. Todas dicen que ese Dios bueno va a premiar en la otra vida, después de la muerte, a quienes hayan sido buenos en esta vida y va a castigar a quienes hayan sido malos.

Hasta este punto todas son iguales. Hasta aquí todas son iguales de buenas, o igual de malas. Hasta este punto no pasan de ser historias, o cuentos, o fábulas bonitas, que tal vez puedan servirnos para educar a los niños pequeños. Pero ya los muchachos de la preparatoria, o los jóvenes de la universidad, batallan mucho para creerlas. En el mejor de los casos, la gran mayoría las tomará simplemente como historias demasiado bonitas para que puedan ser ciertas. Y en realidad tienen razón. Si las analizamos con el método científico todas tienen la misma validez: ninguna. Nadie ha regresado de la muerte para comprobar la validez de tales teorías religiosas. No es materia de experimentación científica. Nadie puede decir que va a hacer el experimento de morirse unas dos o tres semanas, para ver si es cierto lo que dice la religión X que sucede después de la muerte, y regresar después de la muerte, para vivir unos diez o veinte años más, para dar conferencias y escribir libros sobre todas las experiencias que se hayan tenido durante todo ese tiempo en que se estuvo muerto. Hasta este punto, todas estas religiones, son simplemente teorías religiosas que no pueden someterse a la experimentación científica.

Sin embargo la Biblia va mucho más allá de todo eso. Es cierto que la Biblia dice que existe un Dios que creó el universo, que ese Dios es bueno, y que quiere que seamos buenos, y que nos ha dado un código de conducta en el que define lo que es bueno y lo que no lo es. Pero la Biblia también dice que ese Dios bueno, sabe que no tenemos la capacidad de ser buenos por nuestros propios esfuerzos, y que tiene un plan de desarrollo, con todas sus estrategias perfectamente definidas, para hacernos buenos, aquí en la tierra, antes de morir. Y ese "pequeño agregado" cambia totalmente su valor con respecto al método científico.

En el momento que hagamos la decisión de creer que la Biblia es realmente la única revelación que Dios ha dado a todos los hombres, y empecemos a estudiarla y a ponerla en práctica, experimentaremos por nosotros mismos, un cambio positivo en nuestra vida, de una magnitud tan grande que ningún ser humano, ni ninguna organización eclesiástica, podría jamás lograr; un cambio tan grande que solamente Dios podría hacerlo. Dios mismo nos convencerá de que el contenido entero de la Biblia es su revelación, cuando empecemos a ver en nuestra propia vida, que el plan de desarrollo de Dios descrito en la Biblia, se va haciendo una realidad en nuestra vida diaria. Aquí en la tierra. Antes de morir. Y una vez que Dios mismo nos haya convencido de su plan, mediante hechos concretos y palpables, no habrá poder humano que pueda convencernos de lo contrario.

"El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios" Romanos 8:16

En este capítulo describiremos brevemente, ese plan que Dios tiene para transformar este mundo, con todos sus problemas, vicios y miserias, en un reino de justicia, de amor y de paz, esto es, en el Reino de los Cielos.

Resumiendo, pues, podemos describir el tema de la Biblia diciendo que la Biblia se trata de que Dios es bueno, quiere hacernos buenos, y tiene un plan infalible para hacernos buenos, aquí en la tierra, antes de morir. La única dificultad para lograrlo consiste en que seamos dóciles a su voluntad, que creamos realmente el plan que él describe en su Palabra, sin quitarle ni agregarle nada de nuestra propia cosecha, y que hagamos con él el compromiso de ponerlo en práctica en nuestra vida diaria.

Dios es bueno y tiene un plan infalible para hacernos buenos. En el lenguaje de la Biblia al hecho de ser bueno a nivel personal se le llama ser santo. Y al hecho de ser bueno a nivel comunitario, esto es, al hecho de que un grupo de personas, una comunidad, o un pueblo, sean buenos, se le llama tener justicia. Edificar, pues, el Reino de los Cielos, se refiere a hacer con Dios el compromiso de colaborar con el Espíritu Santo, utilizando sus estrategias y su poder espiritual, para ir creciendo gradualmente en santidad personal y en justicia comunitaria.


b) Los Dos Modelos Religiosos.

Para poder entender con claridad y precisión el plan de desarrollo completo, que Dios nos ha revelado en su Palabra, es muy importante entender las semejanzas y las diferencias fundamentales entre el modelo bíblico y el de las demás religiones. Llamaremos modelo A, al concepto popular de religión que tiene la gran mayoría de la gente, supuestamente porque es el de la mayoría de las religiones del mundo, e incluso en muchos aspectos también se parece al modelo bíblico del Primer Pacto o de la Antigua Alianza. Y llamaremos modelo B al concepto bíblico de la religión, especialmente al modelo completo que incluye al Nuevo Pacto o Nueva Alianza. El Diagrama de los Dos Pozos mostrado en la Figura 12, A y B, ilustra en forma gráfica estos dos conceptos.



Figura 12 A: Las Religiones Humanas: prácticamente todas las relgiones humanas del mundo, incluyendo el Antiguo Pacto de Dios con los hombres


Figura 12 B: La Revelación de Dios: expresada mediante el Nuevo Pacto de Dios con los hombres en el Nuevo Testamento
Figura 12: El Diagrama de los Dos Pozos

El primer diagrama muestra el modelo A, esto es, el concepto que tiene una gran parte de la gente acerca de la religión. Creen que están afuera del pozo y que Dios los está vigilando para echarlos al pozo si hacen algo malo. Este enfoque dice que los hombres son buenos porque están fuera del pozo y que Dios es malo porque quiere echarlos al pozo. También dice, este enfoque, que la salvación se obtiene a base de hacer buenas obras, ya que de esa manera Dios no nos va a echar al pozo. Entre las personas que practican este modelo se produce un estado de miedo, ansiedad, y angustia con respecto a Dios, el cual hace que nos acerquemos a él con temor, ya que quiere echarnos al pozo. Y además es un enfoque dogmático, puesto que las consecuencias que se obtendrán después de la muerte, no se pueden someter a un proceso de experimentación.

El segundo diagrama muestra el enfoque de la Biblia, incluyendo el Nuevo Pacto, que dice que todos los hombres somos pecadores y estamos destituidos de la presencia de Dios, esto es, que para empezar, todos estamos adentro del pozo, y solamente aquellos que crean que existe una escalera que Dios ha puesto para salir del pozo, la buscarán, la encontrarán y saldrán del pozo. Los que no crean que están dentro del pozo no buscarán ninguna escalera. Los que crean que están dentro del pozo, pero no crean que Dios haya puesto una escalera, tampoco la buscarán. Los que crean que están dentro del pozo, pero que debería haber muchas escaleras de salida, acabarán desilusionados por cansarse de andar buscando entre falsas escaleras que no conducen realmente a la salida del pozo. Este enfoque dice que Dios es bueno porque ha puesto una escalera para que podamos salir del pozo, y también dice que los hombres somos malos y que estamos todos dentro del pozo, esto es, que todos tenemos las mismas condiciones iniciales, nadie tiene ninguna ventaja inicial sobre ningún otro.

Este enfoque dice que la salvación no depende de nuestras obras, en tanto que nadie puede salvarse, o salirse del pozo, debido a sus buenas obras, sino que depende de la fe en Jesucristo. Este enfoque es experimental, en lugar de ser dogmático, ya que en el momento en que creamos realmente en Jesucristo, entregándole nuestra vida para que él la dirija, tendremos vida eterna, y el Espíritu Santo nos irá revelando gradualmente, dependiendo de nuestra docilidad, y de nuestra fidelidad para irla poniendo en práctica, la parte que nos corresponde realizar en la edificación del Reino de los Cielos. No tendremos que esperar hasta que alguien muera y regrese de la muerte a platicarnos lo que experimentó, nosotros personalmente tendremos la evidencia experimental de que ya estaremos afuera del pozo. Y este enfoque produce, entre los que lo practican, una actitud de agradecimiento, de alabanza y de adoración a Dios, por el milagro tan grande que ha efectuado en sus vidas, al sacarlos del pozo y darles vida eterna, y al darles un propósito válido por el cual vivir, al equiparlos, entrenarlos y enviarlos a edificar el Reino de Dios.


c) El Propósito del Universo.

Otro aspecto preliminar que es muy importante entender, para poder apreciar correctamente el plan de desarrollo de Dios, consiste en saber que el universo no fue creado por Dios para que el hombre lo disfrutara como mejor le pereciera, como a muchos hombres, egocéntricamente, les gustaría creer. La Biblia enseña, repetidamente, que el universo no fue creado para el hombre, sino para Jesucristo.

" Todas las cosas por él (Jesucristo) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." Juan 1:3

" Porque en él (Jesucristo) fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles ... todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten." Colosenses 1:16,17

" en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quién constituyó heredero de todo, y por quién asimismo hizo el universo ... quién sustenta todas las cosas con la palabra de su poder." Hebreos 1:2,3

La Biblia enseña además que el universo fue creado para Jesucristo con un propósito perfectamente bien definido. Jesucristo espera obtener al final de los tiempos un producto específico de ese universo creado para él.

De la misma forma que los hombres esperan obtener un producto definido, al final de la línea de producción de cada una de sus empresas e industrias, así también Dios espera obtener un producto bien definido al final de su línea de producción. Muchos hombres saben que Jesucristo vino a la tierra hace dos mil años para darnos el encargo de iniciar la edificación del Reino de los Cielos. Sin embargo no son muchos los que saben que regresará otra vez, para ver como cumplimos nuestra tarea. La Biblia nos enseña que al final de los tiempos Jesucristo regresará a recoger el producto final que culminará su plan de desarrollo, esto es, un Pueblo Santo o una Iglesia Gloriosa, pura, santa y sin mancha, la cual será su esposa con quién celebrará la cena de bodas del Cordero y a quién sentará con él en su trono a gobernar el Reino de los Cielos:

" Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardaréis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos ... me seréis un reino de ... gente santa." Exodo 19:5,6. Ver también: Dt. 4:20; 7:6; 14:2; 26:18

" ... Cristo amó a su iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla ... a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha." Efesios 5:25,27

" ... vosotros sois linaje escogido ... nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios ..." 1 Pedro 2:9,10

" ... como aquél que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo." 1 Pedro 1:15,16

" ... nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quién se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras." Tito 2:13,14

" Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: estas son palabras verdaderas de Dios." Apocalipsis 19:7-9

" Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias." Apocalipsis 3:21,22

" ... con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra." Apocalipsis 5:9,10


d) La Promesa de la Herencia.

En esta sección empezaremos, por fin, a describir como fue Dios revelando su plan de desarrollo para el hombre, a través de la historia del pueblo de Israel.

Hace 4000 años Dios no había revelado ningún detalle de su plan de desarrollo para el hombre. El único pacto que Dios había hecho con algún hombre había sido el pacto hecho con Noé, en el que Dios se comprometía a no volver a enviar un diluvio sobre la tierra, y Noé se comprometía a fructificar y multiplicarse procreando abundantemente sobre la tierra. (Gn 9:1-17). El mundo entero estaba bajo el poder de Satanás. (1 Jn 5:19, Mt 4:8,9). Si se moría un hombre, o se moría un perro o una cucaracha, tenía la misma importancia. El mismo pacto o la misma promesa que Dios le había hecho a la cucaracha era la que le había hecho al hombre: ninguna. Faltaba todavía que transcurrieran como 2000 años para que Dios empezara a hablar de la posibilidad de ofrecerle vida eterna al hombre. Si Dios no le había hecho ese ofrecimiento a nadie, entonces nadie podía reclamarle ni pedirle cuentas de nada, mucho menos de no tener derecho a tener vida eterna.

"El hombre no es eterno, por muy rico que sea; muere lo mismo que los animales." Salmo 49:12,20

" En realidad, hombres y animales tienen el mismo destino; unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el mismo para todos. Nada de más tiene el hombre que el animal: todo es vana ilusión, y todos paran en el mismo lugar; del polvo fueron hechos todos, y al polvo todos volverán." Eclesiastés 3:19,20

" Y dijo Dios, el Señor: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Y lo sacó el Señor del huerto del Edén ... y puso ... querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida." Génesis 3:22-24.

El hecho de que este aspecto de la historia de la relación entre Dios y los hombres no sea ampliamente divulgado, da la impresión de que tiende a considerarse como un aspecto triste que no debería de mencionarse. Pero en realidad es un aspecto importantísimo de comprender, porque si Dios no hubiera continuado revelando gradualmente su plan de desarrollo para el hombre, entonces estaríamos ahora en las mismas condiciones que en aquella época. Antes que nada tenemos que darle gracias a Dios porque dentro de su soberanía, tuvo con nosotros la misericordia de habernos permitido vivir en esta época y no en aquella.

Pues bien hace aproximadamente 3850 años Dios empezó a revelar su plan de desarrollo para el hombre. Llamó a Abraham y lo sacó de la tierra donde vivía para empezar a hacerse un pueblo especial para sí mismo. Dios le hizo la promesa de darle una abundantísima descendencia, la cual llegó a constituir el pueblo de Israel, y de bendecir a todas las naciones de la tierra mediante ese pueblo, y así el mundo entero sería la herencia del pueblo de Dios.

"Pues Dios prometió a Abraham y a sus descendientes que recibirían el mundo como herencia ... y si son de Cristo, entonces son descendientes de Abraham y herederos de las promesas que Dios le hizo... Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" Ro 4:13, Ga 3:29 V.P., Mt 5:5

Una parte importante de esta herencia prometida, consistía en la promesa de que Dios haría un pacto con Abraham y sus descendientes, si él se comprometía a vivir una vida recta delante de Dios. Desde un principio quería Dios dejar bien claro, que él quería un pueblo santo. Es interesante que todavía no podía Dios explicarle a Abraham que vivir una vida recta, o santa, significaba vivir cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios, porque faltaban todavía unos 600 años para que Dios llamara a Moisés. Y más interesante es que hayan pasado tantos años entre la promesa del pacto y la celebración del mismo. Y mas interesante aún es que haya vuelto a repetirse este intervalo tan largo, 600 años, entre la promesa y la celebración del Nuevo Pacto, como veremos más adelante.

"Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando se le apareció el Señor y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera ... Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti." Génesis 17:1,2,7

"Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; vive una vida sin tacha delante de mí, y yo haré una alianza contigo: haré que tengas muchísimos descendientes ... la alianza que hago contigo, y que haré con todos tus descendientes en el futuro, es que yo seré siempre tu Dios y el Dios de ellos." Génesis 17:1,2,7 V.P.

Este deseo de Dios de hacerse un pueblo para sí mismo se repite constantemente a través de la Biblia, mediante una afirmación que Dios mismo hace, en la que expresa su firme determinación:

"Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios"; Lv. 26:12; Jer. 7:23; 11:4; 24:7; 30:22; 31:1; 31:33; 32:38; Ez. 11:19,20; 14:11; 34:30; 36:28; 37:23,27; Zac. 8:8; 13:9; 2 Co. 6:16; Ap. 21:3


e) Los Dos Pactos de Sangre.

Otro aspecto muy importante acerca de las relaciones entre Dios y el hombre, reveladas en la Biblia, es el de que estas relaciones no son simplemente promesas gratuitas, en las que Dios hace todo y el hombre egoístamente solo recibe, sino que son esencialmente pactos o alianzas, en las cuales cada una de las dos partes tiene un compromiso que cumplir con la otra parte. Además estos pactos o alianzas son pactos o alianzas de sangre, esto es, debe ser derramada la sangre de aquella parte que no cumpla con su compromiso, esto es, el infractor del pacto debe de morir.

El conocimiento más elemental que alguien pueda tener sobre la Biblia es el de que ésta contiene las condiciones de los dos únicos pactos que Dios ha hecho con todos los hombres. El subtítulo mismo de la Biblia lo dice: Antiguo y Nuevo Testamento. Y recordando que la palabra que significa testamento, en el idioma griego en que se escribió el Nuevo Testamento, significa también pacto, podemos concluir entonces que la Biblia contiene, esencialmente, el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto, los cuales Dios ofrece a todos los hombres que se interesen por celebrar un compromiso con él, de acuerdo a las condiciones que él ha establecido.

Es mucho muy importante conocer las condiciones de estos dos pactos que Dios ofrece, porque son los únicos pactos válidos. Esto es, no es válido inventar nuestro propio pacto y proponérselo nosotros a Dios, para que él solo dé su visto bueno. Lo único válido es aceptar o rechazar los pactos que Dios ofrece, con las condiciones que él ya ha estipulado detalladamente en su Palabra. Procedamos, pues ahora, a estudiar los pactos mencionados.


f) El Antiguo Pacto.

En la sección anterior vimos que hace alrededor de 3850 años, Dios llamó a Abraham, para que saliera de la tierra donde vivía, llevarlo a la Tierra Prometida, y formar a partir de él un pueblo a través del cual bendeciría a todas las naciones de la Tierra. Pues bien, pasaron 600 años, en los cuales el pueblo estuvo cautivo la mayor parte del tiempo, hasta que Dios procedió a continuar con el siguiente paso de su plan. Llamó entonces Dios a Moisés, alrededor del año 1250 A.C., para que sacara al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y lo llevara al desierto. Ahí en el desierto, en el Monte Sinaí, Dios le dio a Moisés las tablas de la Ley, conteniendo los Diez Mandamientos, los cuales se describen en Exodo 20:1-17 y en Deuteronomio 5:1-21.

Estos Diez mandamientos, o tablas de la Ley, constituyen la base del primer pacto, o antiguo pacto. En los pasajes siguientes vemos como al libro de la ley se le llama el libro del pacto, y vemos también que tanto el pueblo como el libro mismo son rociados con sangre para confirmar que se trataba de un pacto de sangre:

"Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del Señor, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que el Señor ha dicho. Y Moisés escribió todas las palabras del Señor, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz al Señor. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que el Señor ha dicho y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que el Señor ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas." Exodo 24:3-8

"Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra ... afirmaré mi pacto con vosotros ... y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo." Levítico 26: 3,9,11,12

" De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión." Hebreos 9:18-22

Los compromisos que implicaba este pacto consistían en que el pueblo se comprometía a cumplir siempre todos los mandamientos de la ley de Dios. Y Dios se comprometía a bendecirlos cuando los cumplieran y los pusieran en práctica y a maldecirlos cuando no lo hicieran. Veamos primero algunas pocas de las bendiciones que menciona este primer pacto, en caso de obediencia:

"Acontecerá que si oyeres atentamente la voz del Señor tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también el Señor tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del Señor tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir ... el Señor te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano ... te abrirá el señor su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado ... si obedecieres los mandamientos del Señor tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y los cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles." Deuteronomio 28:1-14

Veamos ahora algunas pocas, de la larga lista, de maldiciones que vendrían sobre el pueblo de Israel, en caso de que no cumplieran las leyes y los mandamientos del pacto:

"Pero acontecerá, si no oyeres la voz del Señor tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir. Y el Señor enviará contra ti la maldición, quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras ... el Señor te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina ... te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna ... con locura, ceguera y turbación de espíritu ... te desposarás con mujer, y otro varón dormirá con ella; edificarás casa, y no habitarás en ella; plantarás viña, y no la disfrutarás ... sacarás mucha semilla al campo, y recogerás poco, porque la langosta lo consumirá ... hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio ... el Señor traerá contra ti una nación de lejos ... gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño; y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. Pondrá sitio a todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados en que tú confías, en toda tu tierra; sitiará, pues, todas tus ciudades y toda la tierra que el Señor tu Dios te hubiere dado. Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas ... y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz del Señor tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó..." Deuteronomio 28:15-68

No solamente Dios vigilaría el cumplimiento del pacto mediante sus bendiciones y sus maldiciones, sino que el pueblo mismo tenía la obligación de aplicar el castigo correspondiente a quién no cumpliera los mandamientos y estatutos de Dios:

"... mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti. Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel. Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti." Deuteronomio 22:20-24

Muerto el perro, se acabó la rabia ... los apedrearás hasta que se mueran ... solamente así acabarás con el mal en Israel. Esta ley estaba aún en vigor en los tiempos del Señor Jesucristo, recordemos el muy conocido pasaje:

"Y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo. Y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?" Juan 8:1-11

De haberse aplicado, este antiguo pacto, tal como lo hemos descrito hasta aquí, se habría extinguido completamente el pueblo de Israel en muy poco tiempo, ya sea por haber sido apedreados, o por tantas maldiciones que habrían venido sobre ellos. Pero este antiguo pacto contaba con un complejo sistema de sacrificios, que se describe en el libro de Levítico, que proporcionaba una salida a este problema. Mediante este sistema de sacrificios si alguien cometía un pecado, esto es, una infracción de la ley, debía de llevar un animal, que podía ser una paloma, un cordero, o un becerro, para que el sacerdote lo sacrificara, y de esa forma el animal muriera en lugar del ofensor de la ley, quedando entonces libre el ofensor, de volver a intentar cumplir la ley ... hasta que volviera a infringirla, teniendo entonces que volver a traer otro animal para que lo sacrificara el sacerdote, y continuar así indefinidamente.

"El alma que pecare, esa morirá ... Porque la paga del pecado es muerte ... todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" Ezequiel 18:4,20; Romanos 6:23; 1 Jn 3:4

Los tárgumes de Jerusalén son unos manuscritos antiguos que comentan algunos de los libros del Antiguo Testamento. Aunque son comentarios buenos e interesantes, debemos como quiera tener cuidado de no darles la misma importancia que a la Palabra de Dios, ya que dichos tárgumes no están dentro del canon de la Escritura. El tárgum correspondiente al libro del Exodo, que es donde viene descrito el antiguo pacto que estamos comentando, dice que Dios había estado ofreciendo este mismo pacto a todos los pueblos de la tierra, pero que todos lo habían rechazado. Todos le habían dado la misma razón para rechazarlo. Estaban rodeados de pueblos enemigos que constantemente los estaban amenazando y atacando, y no era posible, entonces, comprometerse con Dios a no matar, no robar, no mentir, etc., porque entonces todos sus enemigos los vencerían.

Si nos ponemos a reflexionar seriamente, y nos ponemos en oración delante de la presencia de Dios, ¿seríamos capaces de celebrar personalmente, cada uno de nosotros, ese antiguo pacto con Dios, en nuestras circunstancias actuales, las cuales son mucho más favorables que las de aquella época? Mucho me temo que muchos de nosotros no podríamos darle al Señor una respuesta afirmativa.


g) La Promesa del Nuevo Pacto.

El Antiguo Pacto fue celebrado por Dios con el pueblo de Israel, alrededor del año 1250 A.C., siendo Moisés el mediador o intermediario del pacto. Unos 250 años mas tarde, esto es, alrededor del año 1000 A.C., el Rey David gobernaba el Reino Unido de Israel. Después del reinado de su hijo Salomón, que fue la época de oro de la monarquía israelita, el reino se dividió en los dos reinos de Israel y de Judá. Empezó entonces el pueblo de Dios a decaer y a degradarse espiritualmente a tal grado que el Señor empezó a enviarle muchos profetas, para que los exhortaran a que dejaran de servir a los dioses ajenos, tras de los cuales se habían extraviado, y que se volvieran al Señor su Dios. Pero el pueblo no solo no escuchó a los profetas que el Señor les había enviado, sino que persiguieron y encarcelaron a unos, y mataron a otros.

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad ..." Mateo 23:29-34

A consecuencia de la desobediencia del pueblo de Israel, y de acuerdo a los términos del Antiguo Pacto, Dios empezó a enviarles enemigos cada vez más numerosos y poderosos, hasta que finalmente la ciudad de Jerusalén fue destruida el año 587 A.C., y los sobrevivientes fueron llevados cautivos a Babilonia. Poco antes de la destrucción de Jerusalén, alrededor del año 600 A.C., el Señor hizo una promesa increíble al pueblo de Israel y al pueblo de Judá. La promesa consistía en que Dios iba a ofrecer a su pueblo un Nuevo Pacto. La promesa fue hecha por varios de sus profetas, siendo Jeremías y Ezequiel quienes dieron mas detalles, siguiéndoles Isaías y Joel. De hecho en ninguna otra parte de la Biblia se dan tantos detalles acerca de este Nuevo Pacto, como los que se dan en Jeremías y en Ezequiel. Desafortunadamente los libros de los profetas son los libros menos leídos de toda la Biblia, tal vez esto ha influido para que estos detalles no sean tan conocidos como otros pasajes del Nuevo Testamento o del Pentateuco.

Veamos primero estos pasajes tal y como vienen en la Biblia, y después los comentaremos y analizaremos:

g.1) La Promesa en Isaías : 32:15; 44:3; 59:20,21; 61:1-3,8,9
"Hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto ... porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos ... y vendrá el redentor a Sión, y a los que se volvieren de la iniquidad ... y este será mi pacto con ellos, dijo el Señor: El Espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dijo el Señor, desde ahora y para siempre ... el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió el Señor; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad del Señor, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío del Señor, para gloria suya ... afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo. Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son linaje bendito del Señor." Isaías 32:15; 44:3; 59:20,21; 61:1-3,8,9

g.2) La Promesa en Jeremías : 31:31-34
"He aquí que vienen días, dice el Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con tus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque yo fui un marido para ellos, dice el Señor. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Señor; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado." Jeremías 31:31-34

g.3) La Promesa en Ezequiel : 36:16-28
"Vino a mí palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre, mientras la casa de Israel moraba en su tierra, la contaminó con sus caminos y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su camino delante de mí. Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron. Les esparcí por las naciones, y fueron dispersados por las tierras; conforme a sus caminos y conforme a sus obras les juzgué. Y cuando llegaron a las naciones a donde fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose de ellos: Estos son pueblo de Dios el Señor, y de la tierra de él han salido. Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones a donde fueron. Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Dios el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Dios el Señor, dice Dios el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos. Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios." Ezequiel 36:16-28

g.4) La Promesa en Joel : 2:12,13,28,29, 3:17
"Por eso pues, ahora, dice Dios el Señor, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo ... Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días ... Y conoceréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que habito en Sión, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella." Joel 2:12,13,28,29; 3:17

La razón por la cual Dios decide hacer un nuevo pacto se describe en Ezequiel 36:16-23. Es un pasaje sumamente impresionante. Tal vez sea el pasaje central de toda la Biblia. Es un pasaje en donde Dios nos deja ver su corazón tal cual es. Debido a la infidelidad y a la desobediencia del pueblo de Israel, Dios les había enviado numerosos y poderosos enemigos, que habían destruido Jerusalén, y los habían dispersado por todo el mundo. Y ahí fue donde hizo crisis la rebeldía de Israel, porque a donde quiera que llegaban, ellos decían que eran el pueblo escogido de Dios, a pesar de que vivían peor que cualquier pueblo pagano. Cualquier semejanza con la iglesia de la actualidad no sería más que una muy triste coincidencia. Y dice Dios que sintió dolor al ver su santo nombre profanado de esa manera, ¡qué eso era algo que él no podía soportar, y que iba a poner fin a esa situación de una vez y para siempre! ¡Los iba a hacer santos!

¡Gloria sea a su santo nombre! ¡Gracias Señor, por haber tomado esa increíble determinación! ¡Hacernos santos! ¡Señor, si no hubieras tú tomado esa determinación, no habría ningún remedio para nuestra pecaminosidad! ¡Gracias Señor! ¡Bendito y alabado sea tu santo nombre! ¡Por los siglos de los siglos! ¡Amén!

Los iba a hacer santos, delante de los ojos de los paganos, para que todo el mundo reconociera, que necesariamente tenía que haber un Dios Santo en los cielos, que tuviera el poder suficiente de hacerse un Pueblo Santo aquí en la tierra, justo delante de sus ojos. Señor ¿estás todavía esperando a que entendamos y pongamos en práctica tu maravilloso plan? ¡Señor, haznos entender! ¡Señor, haznos dóciles a tu voluntad!

Y este maravilloso plan para hacernos santos, es, ni más ni menos, que el Nuevo Pacto. Es sumamente importante entender con claridad que este nuevo pacto consiste de tres etapas.

La primera parte se describe en Joel como: " ... convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios ..."; en Jeremías como: " ... perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado ..."; y en Ezequiel como: " ... Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne ...". A esta primera parte del Nuevo Pacto le llamaremos Nuevo Pacto I, o abreviadamente NP-I. Esta parte se cumplió 600 años más tarde cuando el Señor Jesucristo murió en la cruz del Calvario, para pagar el castigo que merecíamos nosotros, por nuestros propios pecados. A la obra que hace Dios en esta primera parte del nuevo pacto, se le llama Salvación, y al cambio del corazón de piedra por uno de carne, que experimenta el creyente al convertirse, se le llama Nuevo Nacimiento. En el siguiente capítulo hablaremos más acerca de esto.

La segunda parte se describe en Joel como: " ... Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones ..."; en Jeremías como : " ... Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón ... Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande ..."; y en Ezequiel como: " ... Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra ...". A esta segunda parte del Nuevo Pacto le llamaremos Nuevo Pacto II, o abreviadamente NP-II. Esta parte se cumplió por primera vez, cincuenta días después de la primera, esto es, el día de Pentecostés, cuando los apóstoles fueron todos llenos del Espíritu Santo, y recibieron el poder espiritual para cumplir los estatutos y mandamientos de la ley de Dios, y vivir, por tanto, en santidad. De esa forma podrían ser testigos de la resurrección de Jesucristo, y podrían ser testigos de que verdaderamente hay un Dios Santo en los cielos que tiene poder de formar hombres santos en la tierra. A la obra que Dios hace en esta segunda parte, le llamaremos Santificación, y a la nueva manera de vivir, a nivel personal, en la que empieza el creyente a ser capacitado por el Espíritu Santo, le llamaremos la Nueva Vida. En el siguiente capítulo hablaremos más acerca de esto.

La tercera parte se describe en Isaías como: " ... Y la descendencia de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, reconocerán que son linaje bendito del Señor ..."; en Jeremías como: " ... y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo ..."; y en Ezequiel como: " ... y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios ...". A esta tercera parte del Nuevo Pacto le llamaremos Nuevo Pacto III, o abreviadamente NP-III. Esta parte se empezó a llevar a cabo entre los primeros cristianos del libro de los Hechos, cuando empezaron a edificar las primeras comunidades de vida cristiana, mediante el poder espiritual que habían recibido del Espíritu Santo, el cual los capacitaba para vivir en comunidades gobernadas por la justicia de Dios. Finalmente el Señor podía empezar a mostrar a los paganos que realmente había un Dios Santo en los cielos, con suficiente poder para hacerse un Pueblo Santo aquí en la tierra. A la obra que hace Dios en esta tercera parte, le llamaremos la Edificación de la Comunidad de Vida Cristiana, y a la nueva manera de vivir, a nivel comunitario, en la que empiezan los creyentes a ser capacitados por el Espíritu Santo, le llamaremos la Nueva Comunidad, o la Comunidad del Nuevo Pacto. En el siguiente capítulo hablaremos más acerca de esto.


h) La Celebración del Nuevo Pacto.

Veamos ahora como se empezó a celebrar el Nuevo Pacto durante el primer siglo después de Cristo. Hace casi dos mil años Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Durante los tres años que anduvo predicando el Señor Jesucristo, entrenó especialmente a doce discípulos suyos. Estos discípulos empezaron a llamarse apóstoles, en los evangelios, a partir de que fueron enviados a predicar las buenas nuevas de que el Reino de los Cielos se había acercado. Durante estos tres años recibieron muchas enseñanzas del Señor Jesucristo, pero sorprendentemente, nunca les habló acerca del Nuevo Pacto, nunca les dio instrucciones acerca de la forma en que deberían edificar su iglesia mediante comunidades de vida cristiana. No fue sino hasta el día de la última cena, cuando ya les había anunciado a sus discípulos que sería crucificado el día de la pascua, (Mt 26:2), esto es, al día siguiente, cuando:

" tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dijo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" Mateo 26:27,28.

Al escuchar estas palabras recordaron inmediatamente las profecías de Ezequiel, Jeremías, Isaías y Joel, que estudiamos en la sección anterior, acerca de la promesa que Dios había hecho 600 años atrás, de que iba a hacer un nuevo pacto, y recibieron una impresión muy fuerte. Primero, porque Jesucristo no les había hablado nada acerca de ese tema anteriormente, y segundo, por que les acababa de decir que ya debía de morir y regresar al cielo. Tratemos de imaginarnos la escena. Tratemos de imaginarnos que somos uno de los doce apóstoles, que lo hemos seguido durante tres años porque hemos creído que es el Mesías, y repentinamente nos revela que está celebrando el Nuevo Pacto, el cual había sido ansiosamente esperado durante 600 largos años, pero que ya tiene que irse. ¿Cómo habríamos reaccionado? Yo creo que aunque nos hubiera dado mucho gusto saber que ya Dios iba a iniciar el Nuevo Pacto a través de Jesucristo, nos hubiera entristecido muchísimo saber que ya tenía que irse. No tenía absolutamente nada de lógica. ¿Cómo iba a ser lógico que ahora que por fin, él mismo, estaba iniciando el tan ansiado pacto, tuviera que irse? Y eso fue precisamente lo que ocurrió:

"Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta:¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya ..." Juan 16:4-7

Les explicó la razón por la cual no les había hablado antes del Nuevo Pacto. No lo había hecho porque él mismo estaba con ellos, pero ahora que ya debía de irse era necesario que se los explicara. Estaba celebrando la iniciación del Nuevo Pacto, esto es, la primera parte del Nuevo Pacto : NP-I. Iba a lavarnos de todas nuestras inmundicias, muriendo en la cruz por nosotros, para pagar nuestros pecados, cumpliendo así el Antiguo Pacto, al morir él en lugar nuestro. Este pacto también iba a ser un pacto de sangre, la suya propia. Y si no fuera porque el mismo Señor Jesucristo lo dijo, no podríamos creerlo, él dijo que nos convenía que él se fuera. ¿Pero como iba a ser posible que nos conviniera que el Hijo de Dios, que ya estaba entre nosotros, se regresara al cielo? :

" ... Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré ... aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir." Juan 16:7,12,13

El Señor todavía tenía muchas enseñanzas importantes que revelarles acerca de la forma en que deberían de vivir su vida personal y acerca de la forma en que deberían edificar su iglesia mediante comunidades de vida cristiana. Pero él mismo les dijo que era completamente inútil intentarlo, ya que aún no habían sido bautizados en el Espíritu Santo, y no serían, por lo tanto, capaces de entenderlo, aún cuando él mismo, Jesucristo, se los explicara. El único que podría hacerles entender estas enseñanzas, esto es, revelarles la verdad de Dios, sería el Espíritu Santo. Y el único que podía bautizarlos en el Espíritu Santo era él mismo. Pero aún no podía hacerlo porque aún no habían sido lavados de sus pecados para poder recibirlo. Así que, primero tenía que ir a la cruz, para limpiarlos de sus pecados, y ya una vez limpios, podría enviarles el Espíritu Santo.

Con el propósito de que sus discípulos tuvieran una idea de que sería lo que vendría después de su muerte, esto es, después de la iniciación del Nuevo Pacto, el Señor Jesús, les hizo una promesa de parte de su Padre, relacionada con la segunda y la tercera parte del Nuevo Pacto:

"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros ... El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él ... El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él ... Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho ... Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí " Juan 14: 16,17,21,23,26; 15:26

Esta increíble promesa de Jesucristo, relacionada con el cumplimiento del Nuevo Pacto, anunciado por los profetas desde 600 años antes, es sumamente importante para todos los que queremos ser dóciles a la voluntad de Dios. Veamos algunos de sus detalles más importantes:

• Jesucristo le iba a pedir al Padre Celestial que nos enviara ese Espíritu de Santidad

• ese Espíritu de Santidad sería otro Consolador igual que Jesucristo

• el Padre Celestial enviaría ese Espíritu de Santidad, para que estuviera con nosotros para siempre, esto es, continuamente, todos los días, hasta el fin del mundo; para que tuviéramos un Consolador no solamente mientras viviera Jesucristo

• los no creyentes, o el mundo, o los paganos, no podrían recibir ese Espíritu de Santidad

• ese Espíritu de Santidad ya vivía entre ellos, pero después de que lo recibieran personalmente, esto es, después de que hubieran sido llenados con él o bautizados en él, estaría entonces viviendo dentro de ellos mismos

• para poder recibir este Espíritu de Santidad, solo había un requisito: amar a Jesucristo, con la evidencia de estar haciendo el mejor esfuerzo por cumplir sus mandamientos

• cuando fueran llenos de este Espíritu de Santidad, entonces Jesucristo y el Padre Celestial se manifestarían en la vida del creyente, esto es, se harían tan reales en la vida del creyente, como si se le hubieran aparecido como seres humanos, ya que habrían hecho morada dentro del creyente mismo

• y a partir del momento en que tuvieran esa experiencia personal de ser llenos o bautizados con el Espíritu de Santidad, les empezaría a revelar toda la verdad, dirigiéndolos, capacitándolos y entrenándolos, continua y gradualmente, únicamente mientras fueran dóciles a su voluntad


i) El Cumplimiento de la Promesa.

Cuando Jesucristo murió en la cruz del Calvario y resucitó al tercer día, derrotó a Satanás. El mundo entero continuó estando bajo el poder de Satanás. Pero a partir del sacrificio de Cristo, todo aquél que creyera en él sería trasladado, uno por uno, del reino de las tinieblas, de Satanás, al reino de la luz, esto es, al reino de Dios, o Reino de los Cielos, y tendría, entonces, vida eterna.

" ... mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos ... estando muertos en pecados ... os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados ... y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz ... con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia ... el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados " Col 2:12-15; 1:12-14

Después de que resucitó, Jesucristo se apareció varias veces a sus discípulos, durante 40 días. No dio ningún detalle adicional sobre el Nuevo Pacto, por la misma razón que antes, aún no habían sido llenos del Espíritu de Santidad. Pero el último día que estuvo con ellos, ya después de haber resucitado, y momentos antes de su ascensión al cielo, les explicó muy brevemente que con su muerte y resurrección no había terminado ya todo el Nuevo Pacto, solo había terminado la primera etapa, faltaban aún la segunda y la tercera etapas, así que les dio las últimas instrucciones, pero les dijo que esperaran nuevas instrucciones, que antes de empezar a actuar esperaran la promesa del Padre, y que mientras tanto no se fueran de Jerusalén.

" Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra por tanto ... Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura ... y haced discípulos a todas las naciones ... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado ... He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros ... la cual oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días ... recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo; pero quedaos en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder de lo alto ... estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas ... sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán ... y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo ... y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra ... y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo." Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-18; Lucas 24:45-51; Hechos 1:4-9

La promesa del Padre consistía, pues, en enviar el Espíritu Santo sobre todos los que creyeran en Jesucristo, para guiarlos a toda la verdad de Dios, capacitarlos para la vida en el Espíritu, y entrenarlos en la edificación de comunidades de vida cristiana. Esta promesa se recibía por fe de igual manera que la salvación.

" A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís ... para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu" Hechos 2:32,33; Gálatas 3:14

Esta experiencia de ver el cumplimiento de la promesa del Padre sobre un grupo de creyentes en Jesucristo, con el propósito de iniciar con ellos la edificación de una comunidad de vida cristiana, se narra seis veces en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Dos de las narraciones se refieren a derramamientos del Espíritu sobre los apóstoles, en Jerusalén: Hechos 2:1-42; 4:23-31. La tercera narración se refiere a los samaritanos que se habían convertido con la predicación de Felipe: Hechos 8: 4-25. La cuarta narración se refiere a la llenura del Espíritu Santo por parte del apóstol Pablo en la ciudad de Damasco: Hechos 9:1-22. La quinta narración se refiere al bautismo en el Espíritu Santo de un centurión romano y sus parientes y amigos más íntimos, en la ciudad de Cesarea: Hechos 10: 1-11:18 . Y la sexta narración se refiere a los discípulos efesios que solamente habían sido bautizados en el bautismo de arrepentimiento de Juan, pero aún no habían sido bautizados en el Espíritu Santo: Hechos 18:24-19:7

En el siguiente capítulo veremos como estos acontecimientos históricos ocurridos durante el primer siglo, y narrados en el Nuevo Testamento, integran el Plan de Desarrollo de Dios para la humanidad.