Construyendo el Reino de los Cielos
Un Llamado a la Edificación de Comunidades Cristianas
Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8


Capítulo 6 :

EL PLAN DE DESARROLLO DE DIOS

En el capítulo anterior estudiamos como Dios fue revelando gradualmente, a través de la Biblia, y de la historia del pueblo de Israel, su propósito para el hombre de formarse un Pueblo Santo aquí en la tierra, para mostrarle a todos los pueblos, que verdaderamente existe un Dios Santo en los cielos que tiene poder para hacerse un pueblo santo aquí en la tierra. Vimos también como este pueblo santo, integrado por numerosas comunidades de vida cristiana, es el producto final que espera obtener Dios al final de su línea de producción, para que sea la Novia del Cordero, esto es, la Iglesia Gloriosa, pura, santa y sin mancha; con la cual celebrará Jesucristo las bodas del Cordero, cuando regrese al final de los tiempos, para sentarla con él en su trono a gobernar el Reino de los Cielos.

En este capítulo estudiaremos como todas estas cosas que sucedieron al pueblo de Israel, fueron un ejemplo para todos los seres humanos de todos los tiempos y de todas las naciones. Específicamente, estudiaremos como este propósito de Dios revelado en la Biblia, constituye realmente un Plan de Desarrollo de Dios, para transformar a este atribulado mundo en que vivimos, en el glorioso Reino de los Cielos. Y estudiaremos también que la responsabilidad final para lograr este objetivo recae sobre nosotros los hombres, los que hemos creído en Jesucristo como nuestro salvador personal, y que hemos sido bautizados en el Espíritu de Santidad, para guiarnos, capacitarnos y entrenarnos para ello.

"Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron... Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos." 1 Co 10:6,11


a) Las Siete Etapas de un Plan de Desarrollo Típico.

Antes de entrar directamente a comentar el Plan de Desarrollo de Dios para el Hombre, veamos primero como podríamos estructurar un Plan de Desarrollo Típico. Imaginemos que el Gobierno Federal quiere preparar un equipo interdisciplinario altamente capacitado para desarrollar una comunidad agrícola muy pobre, esto es, con una carencia casi total, tanto de recursos materiales como de recursos humanos, tecnológicos, y de cualquier índole. Pero de cualquier manera imaginemos que al Gobierno Federal le interesa en gran manera desarrollar esa comunidad indígena debido a la gran importancia histórica que tiene esa tribu en especial.

Supongamos que después de un detallado estudio preliminar elaborado por un equipo de especialistas se llega a la conclusión de que se requieren 4 Ingenieros Agrónomos Fitotecnistas para estudiar cuales serían las mejores plantas que podrían cultivarse en esa zona, 4 Ingenieros Agrónomos Zootecnistas para estudiar cuales serían los mejores ganados que podrían criarse, 4 Médicos Parasitólogos para erradicar completamente las epidemias existentes entre la población, 8 Enfermeras Clínicas, 8 Maestros de Primaria, 4 Ingenieros Civiles, 4 Técnicos en Equipos Agrícolas, etc... Se procede entonces a poner en práctica el Plan de Desarrollo mediante las siguientes siete etapas:

Primera Etapa: La Convocatoria.
En esta primera etapa el Gobierno Federal lanza una convocatoria en todos los periódicos del país. En esta convocatoria se explica en que consiste el Plan de Desarrollo, y se detallan los requisitos que debe satisfacer el personal que se necesita. Algunas personas no leen el periódico ese día y no se enteran del Plan. Otras personas sí leen el periódico, y leen la convocatoria, pero no le ponen ninguna atención por no interesarles en ese momento debido a múltiples causas. Otras personas leen la convocatoria y les interesa la posibilidad de participar en ese Plan, pero no reúnen los requisitos mínimos solicitados, así es que tienen que olvidar el asunto. Finalmente, tenemos otro grupo de personas, que leen la convocatoria, les interesa participar en el Plan, y además reúnen los requisitos solicitados, así es que acuden a la oficina del Consejo Nacional de Desarrollo de Comunidades Indígenas en la capital del país.

Segunda Etapa: La Selección.
Debido a que en la convocatoria se especificaba que los sueldos que ofrecería el plan de desarrollo eran excelentes, y que además se les contrataría de planta en dicha comunidad una vez que ya estuviera desarrollada, con el propósito de que siguieran sosteniendo el desarrollo logrado, ocupando los puestos directivos correspondientes, una gran cantidad de aspirantes se presentó a solicitar admisión al mencionado Plan. Obviamente el Gobierno Federal no podía aceptarlos a todos, y debía aceptar solamente a los mejor preparados, de entre aquellos que realmente cumplieran con los requisitos solicitados. Así que se procedió a aplicarles un extenso examen que duró varios días, con el propósito de evaluar sus conocimientos, habilidades, aptitudes y actitudes. Después de aplicados los exámenes se les avisó que dentro de dos semanas se les informaría acerca de los resultados.

Tercera Etapa: La Admisión.
Después de haber informado a las personas que habían aprobado los exámenes aplicados, se les invitó a que asistieran a una cena para darles la bienvenida oficial al programa. En esta ceremonia se les informó a los seleccionados acerca del privilegio que habían alcanzado por haber sido admitidos al Plan de Desarrollo, se les informó brevemente acerca de sus futuras responsabilidades, y se les envió a un Centro de Capacitación especializado.

Cuarta Etapa: La Capacitación.
Una vez en el Centro de Capacitación se les sometió a un programa intensivo de capacitación de 8 horas diarias en el que se les daba tanto los conocimientos teóricos especializados que iban a necesitar aplicar, así como información práctica acerca de la forma de manejar todas las herramientas y los materiales que iban a requerir. Tres meses después, una vez concluida la capacitación se les envió a un Campo de Entrenamiento.

Quinta Etapa: El Entrenamiento.
El Campo de Entrenamiento a donde fueron enviados reunía una serie de características, en cuanto clima, tipo de terreno, frecuencia de las lluvias, tipo de epidemias, etc., completamente similares a las de la comunidad indígena a donde serían enviados posteriormente. De esa manera fueron sometidos a un programa de entrenamiento práctico, ya en la vida real, en condiciones similares a las que encontrarían en su campo de trabajo. Se les entrenó en la forma de aplicar correctamente los conocimientos teóricos adquiridos, así como también se les entrenó en la forma de utilizar apropiadamente las herramientas que se les habían proporcionado.

Sexta Etapa: La Graduación.
Después de terminado el entrenamiento intensivo, que había durado también tres meses, se les preparó una ceremonia de graduación, en la que se les entregó personalmente a cada uno de ellos el título que los acreditaba como Desarrolladores Oficiales de Comunidades Indígenas. Séptima Etapa: El Servicio Activo.

Terminada la ceremonia de graduación, este excelente equipo interdisciplinario, altamente capacitado y entrenado fue enviado a desarrollar la comunidad agrícola señalada en el Plan de Desarrollo. No iban a ver si podían hacer algo, simplemente iban a desempeñar con excelencia el trabajo que ya habían demostrado, de sobra, en la práctica, durante su período de entrenamiento, que podían hacerlo. En efecto, tres años después, cada uno de los integrantes del equipo de desarrollo había logrado los resultados esperados y disfrutaba del privilegio de ser ahora el director del programa que le correspondía a cada uno de acuerdo a su área de entrenamiento.

Las siete etapas sucesivas de este plan de desarrollo típico se ilustran gráficamente en la Figura No. 13

Figura 13: Las Siete Etapas Sucesivas de un Plan de Desarrollo Típico

b) El Plan de Desarrollo de Dios.

En esta sección procederemos a integrar en un solo esquema, tanto el propósito de Dios para el hombre revelado en la Biblia, conforme a la descripción que se hizo en el capítulo anterior, como las siete etapas de un plan de desarrollo típico, comentado en la sección anterior.

Primera Etapa: El Llamado.
De la misma manera que Dios llamó a Abraham para sacarlo de la tierra de sus padres y hacer un pacto con él, con el propósito de formar un pueblo especial para él mismo, así también Dios llama personalmente a cada ser humano, manifestándosele como el creador de todas las cosas. Algunas personas escuchan este llamado cuando experimentan algún período de gran tranquilidad descansando en un bello bosque alejado de todas las distracciones de la vida diaria; otros experimentan este llamado en algún período en el que experimenten una gran alegría, como el nacimiento de un hijo; otros cuando experimentan una gran tristeza, como la muerte de un ser muy querido; otros simplemente al levantar la vista al cielo en una noche oscura sin nubes en la que se pueda observar una gran cantidad de astros y estrellas. Pero nadie tiene una excusa válida para no reconocer a Dios como el creador de todas las cosas. La Biblia enseña esto con toda claridad:

"El cielo proclama la gloria de Dios; de su creación nos habla la bóveda celeste. Los días se lo cuentan entre sí; las noches hacen correr la voz. Aunque no se escuchan palabras ni se oye voz alguna, su mensaje llega a toda la tierra, hasta el último rincón del mundo." Salmo 19:1-4 V.P.

"Lo que de Dios se puede conocer, ellos lo conocen muy bien, porque él mismo se lo ha mostrado; pues lo invisible de Dios se puede llegar a conocer, si se reflexiona en lo que él ha hecho. En efecto, desde que el mundo fue creado, claramente se ha podido ver que él es Dios y que su poder nunca tendrá fin. Por eso los malvados no tienen disculpa. Pues aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios ni le han dado gracias. Al contrario, han terminado pensando puras tonterías, y su necia mente se ha quedado a oscuras. Decían que eran sabios, pero se hicieron tontos ..." Romanos 1:19-22 V.P.

Lo que sucede con este llamado personal, que recibimos todos los seres humanos, a reconocer a Dios como el creador de todas las cosas, es que implica que también es nuestro creador. Y si lo reconocemos como nuestro creador, entonces tenemos que reconocer que él tiene todo el derecho de decir con que propósito nos hizo. Si el carpintero hace una puerta, la puerta no puede decidir que será una mesa o que será una silla, tendrá que ser una puerta. Si Dios nos creó, él tiene un propósito para nuestra vida ... el problema con esto, es que cuando llegamos a entender esta verdad, muchos de nosotros ya teníamos bien definido y delineado nuestro propio propósito para la vida, y ya le habíamos invertido mucho tiempo y esfuerzo ... y simplemente nos da miedo acercarnos a Dios para conocer su plan, porque tal vez no se parezca para nada a nuestro propio plan. Así que la gran mayoría, cuando escuchamos este llamado de Dios, le decimos que nos espere un poquito. Le pedimos que primero nos deje terminar lo que ya estábamos haciendo ... y le decimos: después de que termine la carrera atenderé a tu llamado, o después de que encuentre novia y me case, o después de que termine este asunto un poco sucio que estoy haciendo y que me va a redituar mucho dinero, o después de que tenga hijos, etc... Y resulta que entre mayor edad tengamos cuando escuchemos claramente su llamado por primera vez, más difícil será acudir a presentarnos delante de él, porque entendemos claramente que no podremos llegar delante de él para decirle ¿Para qué me llamaste, Señor, que me vas a dar?, sino que deberemos decirle como San Pablo ¿Para qué me llamaste, Señor, que quieres tú que yo haga para servirte a ti, de acuerdo al propósito tuyo?. Así, pues, muchos le decimos: Sí Señor, al rato o después. Y nos vuelve a llamar y le volvemos a dar la misma respuesta. Y nos vuelve a llamar ... hasta que atendemos su llamado ... o hasta que morimos sin siquiera habernos enterado para que nos había creado el Señor. ¿Habrá algo más triste que eso? : morirse con el sobre sellado que tenía descrito el propósito especial con el que Dios nos creó, aún sin haberlo abierto.

Segunda Etapa: La Ley de Dios.
Cuando finalmente nos gana la insistencia de Dios en estarnos llamando y acudimos a él para preguntarle para que nos ha estado llamando con tanta insistencia, lo primero que nos dice, es lo mismo que le dijo al pueblo de Israel: No mentirás, no robarás, no cometerás adulterio, no desearás la mujer de tu prójimo, no matarás, etc... Lo primero que Dios nos pide es que cumplamos los Diez Mandamientos, esto es, que vivamos en santidad, continuamente. Esto es, nos ofrece el Antiguo Pacto, o Pacto de la Ley. Y entonces empezamos nuestra vida religiosa, poniendo todo nuestro esfuerzo en agradar a Dios. Y pasamos año tras año, tratando de cumplir la ley de Dios. Y caemos, y nos arrepentimos, y volvemos a intentarlo. Y otra vez igual, volvemos a caer, y le ofrecemos un sacrificio, y volvemos a intentarlo de nuevo. Y ponemos toda nuestra inteligencia y toda nuestra fuerza de voluntad, y volvemos a caer en infracción de la ley.

Ante esta triste situación, que parecía no tener ningún remedio, algunas personas se alejan de Dios. Piensan que si no pueden agradarlo, no tiene ningún caso tratar de estar cerca de él. Intentaron agradarlo, pero después de fracasar repetidamente llegaron a la conclusión de que Dios había puesto metas demasiado altas, metas que ningún ser humano podría jamás cumplir, y decidieron mejor alejarse de Dios. Y acabaron negando a Dios, diciendo que en realidad no existía ningún Dios. Se volvieron ateos.

Otros, que tampoco podían cumplir siempre todos los mandamientos de la Ley de Dios, esto es, que no podían agradar a Dios, se volvieron hipócritas religiosos. De esos que dicen ser cristianos, pero que viven peor que los paganos. No tenían suficiente valor como para alejarse de Dios, y declararse ateos. Pero tampoco podían vivir con la constante culpabilidad de estar continuamente infringiendo la ley de Dios. Entonces pensaron que en realidad no eran tan malos, si nunca habían asaltado un banco, y nunca habían violado a ninguna mujer menor de edad, y nunca habían acuchillado a nadie, luego entonces, pensaron, si no somos tan malos es que sí somos buenos. Y poco a poco, empezaron a convencerse a ellos mismos de que sí eran capaces de cumplir la ley de Dios. Y no quisieron alejarse de Dios. Y no pudieron tampoco cumplir sus mandamientos. Y llegaron a convertirse en hipócritas religiosos.

Tercera Etapa: La Salvación.
Pero siempre ha habido también, otro tercer grupo de personas, que estaban en la etapa de la Ley de Dios, intentando cumplirla siempre para poder agradar a Dios, y que vivieron la misma experiencia de la interminable serie de fracasos y de nuevos intentos, pero que no quisieron declararse ateos, ni tampoco quisieron convertirse en hipócritas religiosos. Y finalmente llegó el momento en que decidieron enfrentarse directamente con Dios. Y le confesaron su deseo de cumplir su ley para vivir en santidad. Y le confesaron que ya habían puesto toda su inteligencia y toda su fuerza de voluntad, y que ni aún así habían podido lograrlo. Reconocieron, delante de la presencia de Dios, que ellos no tenían en sí mismos, ni la capacidad, ni la habilidad, para vivir continuamente en santidad. Reconocieron que eran pecadores y que merecían la muerte por ello, reconocieron que necesitaban un salvador personal, y reconocieron a Jesucristo como su único y suficiente salvador. Y le pidieron que él mismo les ayudara a cumplir su ley y a vivir en santidad. Y entonces ocurrió el milagro más grande del mundo. Dios se manifestó personalmente a sus vidas, les dio el perdón de sus pecados, les concedió la vida eterna, y los trasladó del reino de las tinieblas al Reino de los Cielos. Experimentaron personalmente lo que el mismo Señor Jesucristo llamó el Nuevo Nacimiento. Entraron a la primera parte del Nuevo Pacto, NP-I.

"Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios ... No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo ... el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehusa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él ... y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas." Juan 3:1-7,36,19

Esta experiencia del Nuevo Nacimiento es tan impactante que muchas personas se quedan, maravillados, en esa etapa, toda su vida. Realmente cuando Dios se manifiesta él mismo en nuestra vida, nuestra vida experimenta un cambio radical, ya que a partir de ese momento, además de la vida material que ya teníamos, empezamos a tener vida eterna. No puede uno encontrarse con Dios mismo y no darse cuenta de ello. Pero a pesar de todas las cosas buenas y maravillosas que podamos decir acerca de esta experiencia, esto no es el fin de la historia, sino tan solo el principio. No debemos quedarnos siempre en esta etapa. Tal vez tiende uno a quedarse en esta etapa, egoístamente, para no tomar la responsabilidad que viene a continuación. Que bueno que Dios me salvó. Que bueno que Cristo murió en la cruz para pagar mis pecados. Que bueno que Dios ya me dio vida eterna. Tal vez algunos quisieran que ahí se terminara la historia. Pero la historia continúa, y aunque implica responsabilidad de nuestra parte, lo que viene después es igualmente maravilloso.

Cuarta Etapa: La Santificación.
Una vez que hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al de la luz, por la fe en el perdón de los pecados que nos ofrece Jesucristo, ya estamos entonces limpios para poder recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Aquí empieza entonces nuestro programa de capacitación personal, al que comúnmente se le llama crecimiento espiritual. En esta etapa tenemos que ser discipulados por otros cristianos maduros, para aprender acerca de los medios disponibles de crecimiento espiritual personal como son: a) establecer y mantener nuestro período devocional diario, en el cual dedicaremos tiempo a la oración personal para hablar con Dios, y a la lectura devocional de la Biblia para conocer su voluntad, b) empezar a dar testimonio a nuestros amigos y a nuestros seres queridos, de la maravillosa experiencia que hemos tenido, para que ellos lleguen también a experimentar la misma bendición, c) empezar a tener compañerismo con otros cristianos, que hayan tenido también esta experiencia del Nuevo Nacimiento, para empezar a edificarnos unos a otros, y d) sobre todas las cosas ser siempre obedientes a la voluntad de Dios, para llegar a ser hacedores de su palabra y no solamente oidores. Junto con estas disciplinas que deberemos ir desarrollando gradualmente, con la guía y el poder del Espíritu de Dios, iremos también siendo capacitados directamente por el Espíritu de Dios mediante sus frutos y sus dones.

Los frutos del Espíritu constituyen cambios profundos en nuestro carácter que no podrían ser desarrollados por esfuerzos puramente humanos, son realmente un fruto que produce en nosotros el Espíritu de Dios: gradualmente nos va dando amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, benignidad, mansedumbre, templanza, etc. Conforme vayamos viendo crecer estos frutos en nuestra propia vida diaria, nos iremos convenciendo cada vez más profundamente, de que Dios verdaderamente está vivo y que está actuando en nosotros, ayudándonos a crecer en santidad, y a ir cumpliendo en una forma cada vez más completa los mandamientos de la ley de Dios.

Los dones del Espíritu constituyen habilidades espirituales que tampoco podrían ser desarrolladas por esfuerzos puramente humanos, sino que son manifestaciones del poder espiritual de Dios en nuestra vida personal con el propósito de incrementar nuestro conocimiento de la voluntad de Dios, de darnos autoridad sobre los espíritus malignos, de sanar a los enfermos, de hacer milagros, etc... El propósito de estas manifestaciones del poder del Espíritu son edificar una comunidad de vida cristiana.

Quinta Etapa: La Edificación.
Esta etapa del Plan de Desarrollo de Dios, es la que constituye una verdadera área de oportunidad para todas las iglesias cristianas. La razón por la cual todos los cristianos hemos descuidado, en diversos grados, esta etapa, que es la que constituye la parte esencial del plan de Dios, probablemente sea por simple egoísmo. Mientras se trate de lo que Dios nos da a nosotros, como la salvación, los frutos, y los dones, no tenemos mayor problema en recibirlos. Pero cuando se trata de lo que nosotros debemos hacer para el Señor con esos frutos y con esos dones, entonces empiezan las dificultades y los problemas.

A reserva de explicar con más detalles esta etapa del plan de Dios en el siguiente capítulo, haremos aquí una descripción breve. Concluida la capacitación debe venir el entrenamiento. Una vez que el Espíritu de Dios ha iniciado el proceso de santificación personal en nuestra vida, empezando a capacitarnos con sus frutos y sus dones, debemos empezar a colaborar con él en la edificación de una comunidad de vida cristiana. Con los frutos que vaya desarrollando en nosotros el Espíritu de Dios, nosotros deberemos de ir desarrollando los vínculos o las relaciones del Espíritu. Esto es, al ir recibiendo el amor de Dios en nuestra vida, deberemos empezar a compartirlo con los demás miembros de la comunidad cristiana para empezar a amarnos unos a otros. Deberemos empezar a compartir la paciencia que nos da el Espíritu, para empezar a ser pacientes unos con otros. Deberemos empezar a establecer vínculos de benignidad unos con otros, conforme el Espíritu vaya desarrollando la benignidad en nuestra vida personal, etc. Y de forma similar deberemos de empezar a servirnos unos a otros con los dones que el Espíritu vaya derramando sobre nuestra vida personal. El que reciba el don de profecía debe empezar a edificar, exhortar y consolar a los demás, el que reciba el don de la enseñanza debe empezar a enseñar a los demás, el que reciba el don de sanar enfermos debe empezar a orar por los miembros de la comunidad que estén enfermos, etc.

La Biblia enseña que el Espíritu Santo reparte sus dones y sus frutos a cada miembro de la comunidad cristiana conforme a su voluntad. Y también enseña que la comunidad cristiana debe funcionar como un cuerpo humano que tiene muchos miembros, y que cada miembro debe servir a los demás desempeñando la función específica correspondiente a los dones y frutos recibidos. Si realmente lo hiciéramos de esta forma, la comunidad cristiana siempre estaría dirigida y gobernada directamente por Dios mismo, ya que él es el único que puede dar los frutos y los dones. Además todos seríamos necesarios, porque todos deberíamos estar sirviendo de alguna forma de acuerdo a los dones y frutos recibidos, ya que Dios se tomó la molestia de repetir continuamente en su palabra, que en cada comunidad cristiana, el Espíritu le da a todos y a cada uno de sus miembros alguna manifestación de su poder espiritual. De esa manera la competencia por el liderazgo es sumamente provechosa para la comunidad, ya que el que deseé mayor autoridad solamente tiene que servir más a los demás y desarrollar mejor los frutos y los vínculos del Espíritu. Tratemos de imaginar por un momento una comunidad estructurada de acuerdo a estos principios. Cada uno de sus miembros tendría un compromiso personal con Dios de ir creciendo gradualmente en santidad personal al ir desarrollando, día tras día, los frutos y los dones recibidos, y de ir ofreciendo a los demás miembros de la comunidad los servicios espirituales correspondientes a los dones recibidos, y de ir desarrollando con los demás miembros del cuerpo los vínculos espirituales correspondientes a los frutos que se hayan recibido y desarrollado, para de esa forma ir desarrollando progresivamente la justicia comunitaria. Teniendo santidad personal y justicia comunitaria: ¿Qué le faltaría a esta comunidad de vida cristiana para parecerse al Reino de los Cielos?. Unicamente le faltaría la presencia corporal de Jesucristo mismo. Si realmente aprovecháramos esta tremenda área de oportunidad, en todas las iglesias cristianas, entonces cuando él regrese otra vez, encontraría que verdaderamente habríamos hecho bien la tarea que nos había encomendado en su palabra.

Sexta Etapa: Las Bodas del Cordero.
Esta etapa, que sería relativamente breve, correspondería a la ceremonia de graduación del plan típico de desarrollo de la sección anterior. Al final de los tiempos Jesucristo regresará otra vez a celebrar las Bodas del Cordero. La novia será la iglesia pura, santa y sin mancha, por la cual él murió con el propósito de santificarla. Esta iglesia gloriosa estará integrada por numerosas comunidades de vida cristiana como la que se describió muy brevemente en el punto anterior.

"Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla ... a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha ... gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente ... y nos has hecho reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra ...al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias ... Y el ángel me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios ... Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono ... y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos." Efesios 5:25-27; Apocalipsis19:7,8; 5:10; 3:21,22; 19:9; 5:11-14

Séptima Etapa: El Reino Milenial.
Una vez concluidas las bodas del Cordero, Jesucristo sentará a su esposa en su trono, integrada por este gran conjunto de comunidades de vida cristiana, para gobernar el Reino de los Cielos.

La Figura 14 ilustra en forma gráfica estas siete etapas del Plan de Desarrollo de Dios; y la Figura 15 ilustra la forma como se relacionan estas siete etapas con la Promesa, con el Antiguo Pacto, con las tres etapas del Nuevo Pacto, y con la herencia del Reino de los Cielos.

Figura 14: Las Siete Etapas Sucesivas del Plan de Desarrollo de Dios


Figura 15: El Plan de Desarrollo de Dios:
la Promesa de la Herencia, el Antiguo Pacto, y el Nuevo Pacto

c) Deslindando Responsabilidades.

Ahora bien si este Plan de Desarrollo fue concebido por Dios, pensamos, de una forma tal vez irresponsable y egoísta, que debería de estar funcionando perfectamente. Siempre queremos echarle la culpa a él de lo que nosotros hacemos mal. Desde que Dios fue a pedirle cuentas a Adán por haberlo desobedecido, el hombre no aceptó su culpabilidad, y declaró culpables a su mujer por haberle dado el fruto, y a Dios mismo por haberle dado a la mujer:

"Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí." Génesis 3:12

¿Porqué no estamos viendo en nuestros días la formación del Reino de los Cielos, delante de nuestros ojos, mediante el surgimiento de un inmenso conjunto de comunidades de vida cristiana? ¿Qué es lo que está fallando?

Si Dios le hubiera encomendado esta edificación de comunidades de vida cristiana a los ángeles no habría habido ninguna dificultad en ponerlas en práctica. Pero Dios decidió, en su insondable sabiduría, que ese proyecto deberíamos de realizarlo, al menos en la etapa final, nosotros los hombres. El proyecto entero de preparar un pueblo santo o iglesia gloriosa, para Jesucristo, está basado en los dos pactos que Dios ha ofrecido a los hombres. Y los pactos implican un acuerdo entre dos partes, en las que cada parte tiene una responsabilidad que debe de cumplir. Eso implica que la mitad de los acuerdos le corresponde llevarlos a cabo Dios, y ahí obviamente no hay ningún problema, pero también implica que la otra mitad de los acuerdos le corresponde realizarlos al hombre, y ahí si hay muchas dificultades. Todas ellas basadas en el pecado original, esto es, en la rebeldía innata del hombre hacia los planes de Dios. Siempre andamos pensando que el plan que hemos diseñado nosotros mismos es buenísimo. ¡Señor, por tu misericordia haznos dóciles a tu voluntad!

La Figura 16 ilustra gráficamente el deslinde de responsabilidades en los pactos de Dios con el hombre. La figura representa una maquinaria espiritual hipotética con cuatro pares de pistones horizontales, que podemos imaginarlos oscilando alguna pequeña distancia con respecto a su posición de equilibrio. La entrada de esta maquinaria toma la materia prima, constituida por el mundo actual, lleno de pecadores, y al ir pasando a través de este proceso, se va transformando en el producto final, que debe ser el Pueblo Santo o la Iglesia Gloriosa esperada para Jesucristo.

Figura 16: Deslindando Responsabilidades en los Pactos de Dios con los Hombres

El proceso se lleva a cabo de la siguiente manera. Los hombres pecadores son llamados por Dios para cumplir la ley. El proceso lo empieza Dios, los hombres no pueden proponerle a Dios ningún pacto. El hombre responde tratando de cumplir la ley, y cuando falla, entonces procede a ofrecer sacrificios y a celebrar ceremonias religiosas para ganarse el derecho de volver a intentar cumplir la ley. Cuando Dios ve la buena disposición del corazón del hombre para cumplir la ley, y el esfuerzo que hace por lograrlo, entonces le revela a Jesucristo, mostrándole que él ya pagó la culpa de sus pecados. Esta parte solo puede hacerla Dios, ningún hombre le puede perdonar los pecados a ningún otro. El hombre entonces responde con fe en Jesucristo y con el arrepentimiento de sus pecados. Esto no lo puede hacer Dios por el hombre, el hombre mismo es el que tiene que arrepentirse de sus pecados. Al obtener el perdón de sus pecados por la fe en Jesucristo, entonces ya puede el hombre pedirle a Dios el ser lleno del Espíritu Santo, y Dios entonces procede a bautizarlo en el Espíritu Santo. Jesucristo es el único que puede bautizar en el Espíritu Santo, nadie más puede hacerlo. Si bien el espíritu lo envía el Padre, siempre lo hace a solicitud de Jesucristo. Cuando el hombre recibe la llenura del Espíritu Santo, debe responder desarrollando los dones y los frutos que le ofrece el Espíritu. Ningún hombre puede dar ni los dones ni los frutos. Pero el hombre tiene que esforzarse para desarrollarlos y para ponerlos en práctica. Dios entonces se compromete con el hombre a estar continuamente guiando, capacitando y entrenando al hombre, todos los días hasta el fin del mundo, mediante la obra del Espíritu Santo en el creyente. Pero después el hombre tiene que utilizar esas herramientas espirituales, los dones y los frutos, para proceder a edificar el Reino de los Cielos, comprometiéndose con Dios a participar activamente en la edificación de una comunidad de vida cristiana, en la cual todos estén creciendo individualmente en santidad personal y colectivamente en justicia comunitaria.

Así pues, si no estamos viendo el surgimiento de una gran cantidad de comunidades de vida cristiana, debemos aceptar que nosotros mismos somos los responsables de ello. El Señor ya vino, ya pagó nuestros pecados, ya nos ofreció llenarnos de su Santo Espíritu para guiarnos, capacitarnos y entrenarnos. Lo que sigue es responsabilidad nuestra.

"Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. Juan 15:22

" y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado." Santiago 4:17

¿Qué va a suceder si nosotros no aceptamos nuestra responsabilidad de producir los frutos que Dios espera de nosotros, esto es, si no edificamos las comunidades de vida cristiana que el Señor espera obtener de nosotros? ¿Cómo va a reaccionar el Señor? Dejemos que él mismo nos lo explique:

"Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo ...Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él ... y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos." Mateo 21:33-45


d) Los Seis Tipos Básicos de Iglesias Cristianas

En este análisis relativo al deslinde de responsabilidades en los pactos que Dios ha celebrado con los hombres vemos que la participación del hombre es significativa en cuatro etapas sucesivas. Estas cuatro etapas constituyen una excelente base de DBC's. En los renglones de la tabla de la Figura 17 podemos observar 12 criterios diferentes que podrían utilizarse para definir nuestra base de cuatro DBC's, las cuales corresponderían a las últimas cuatro columnas de la tabla. Los cuatro elementos de cualquiera de los doce renglones de la tabla podrían constituir una base de doctrinas bíblicas características, o DBC's, y con cualquiera de estas bases podrían generarse las demás bases de los otros renglones.

DIFERENTES CRITERIOS PARA DEFINIR LA BASE DE DOCTRINAS BIBLICAS CARACTERISTICAS
  CRITERIO DBC-I DBC-II DBC-III DBC-IV
1 Las Fiestas del Antiguo Pacto Sacrificios Pascua Pentecostés Cosecha
2 La Doctrina de La Trinidad El Padre El Hijo El Espíritu Santo Los Cristianos
3 Las Etapas de los Pactos A.P. N.P. - I N.P. - II N.P. - III
4 La Participación de Dios, o Revelación Gradual de Dios La Ley
de Dios
Salvación Santificación Edificación
5 La Responsabilidad de Dios Bendiciones y Maldiciones Perdón de los Pecados Llenarnos del Espíritu Santo Estar con nosotros todos los días
6 Responsabilidad del Hombre Las Obras de la Ley Fe y Arrepentimiento Desarrollar Dones y Frutos Servicios y Relaciones
7 La Participación del Hombre Vida
Religiosa
Nuevo Nacimiento Nueva Vida Comunidad de Vida Cristiana
8 Grupos Cristianos del Nuevo Testamento Pedro Apolos Pablo Cristo
9 Las Cuatro Olas del Cristianismo Católicos Protestantes Pentecostales Neo Pentecostales
10 Las Etapas del Plan de Desarrollo Selección Admisión Capacitación Entrenamiento
11 Las Etapas del Crecimiento Espiritual Religiosos Discípulos Servidores Pastores o Ancianos
12 Los Programas de Trabajo de la Comunidad
Evangelismo Discipulado Edificación
Figura 17: Diferentes Criterios para Definir la Base de Doctrinas Bíblicas Características

Tomemos como nuestra base fundamental de DBC's las etapas de los pactos del renglón tres de la tabla, esto es: { AP, NP-I, NP-II, NP-III }, el Antiguo Pacto de la Ley, la Salvación o primera etapa del Nuevo Pacto, la Santificación o segunda etapa del NP, y la Edificación de la Comunidad Cristiana o tercera parte del NP. Con esta base de DBC's podemos comparar los diferentes tipos de iglesias cristianas construyendo sus espectros de DBC's, dependiendo de la importancia relativa que se le conceda a cada una de estas DBC's.

La forma apropiada de determinar objetivamente cual es la importancia relativa que le concede cada grupo de iglesias a cada una de las DBC's sería realizando una encuesta religiosa mediante un cuestionario diseñado cuidadosamente. Los resultados de dicha encuesta serían válidos únicamente para la población muestreada. Estos resultados seguramente mostrarían variaciones apreciables dependiendo del país, o ciudad, o región en donde se aplicara la encuesta.

Pero a pesar de las dificultades de orden práctico que involucra realizar el análisis estadístico mencionado, podemos clasificar, al menos teóricamente, a todas las iglesias cristianas en seis tipos básicos diferentes utilizando las cuatro DBC's mencionadas. Llamaríamos Iglesias Tipo Católica a las que enfatizaran en mayor grado el Antiguo Pacto, llamaríamos Iglesias Tipo Protestante a las que enfatizaran en mayor grado la obra de Salvación de Jesucristo, llamaríamos Iglesias Tipo Pentecostal a las que enfatizaran en mayor grado la obra del Espíritu Santo. Las que enfatizaran mas el Antiguo Pacto, pero también enfatizaran la obra del Espíritu Santo las llamaríamos Iglesia Tipo Católica Carismática, y las que enfatizaran mas la obra de salvación de Jesucristo, pero también enfatizaran la obra del Espíritu Santo las llamaríamos Iglesias Tipo Protestante Pentecostal.

Estos cinco tipos de iglesias tienen en común la misma área de oportunidad: la tercera parte del Nuevo Pacto, o sea la edificación de la comunidad cristiana mediante la participación, en pequeñas células, de todos y cada uno de sus miembros. A cualquiera de los cinco tipos anteriores de iglesia que aprovechara ésta área de oportunidad podríamos llamarla una Iglesia Tipo Celular, que bien podría ser evangélica o católica. Estos seis tipos básicos de iglesias se ilustran gráficamente mediante los diagramas de barras de la Figura 18.

Los Seis Tipos Básicos de Iglesias Cristianas


Iglesia Tipo Católica


Iglesia Tipo Católica Carismática


Iglesia Tipo Protestante


Iglesia Tipo Protestante Pentecostal


Iglesia Tipo Pentecostal



Iglesia Tipo Celular
Evangélica o Católica
Figura 18: Los Seis Tipos Básicos de Iglesias Cristianas