b) Las Comunidades de Vida Cristiana
Consideraremos ahora las implicaciones que tiene el Plan de Desarrollo de Dios en la vida comunitaria del creyente. Obviamente no estamos hablando aquí de retirarse del mundo, dejar sus trabajos, vender todas sus posesiones, e irse a vivir todos juntos en un mismo lugar. De ninguna manera. Tenemos claramente frente a nosotros la responsabilidad bíblica ineludible, no solo de trabajar para nuestro propio sostenimiento, sino también el de todos aquellos que Dios haya puesto bajo nuestra responsabilidad.
" ... pero os rogamos, hermanos, que ... procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada ... porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entreteniéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan ... porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo." 1 Tes 4:10-12; 2 Ts 3:10-12; 1 Ti 5:8
Por supuesto que la Biblia enseña que todos debemos ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, y que debemos también suplir las necesidades de nuestra familia. Pero ese no es el propósito con el cual fuimos creados. Debemos tener bien claro en nuestra mente que no fuimos creados para trabajar. El trabajo que desempeñamos diariamente, cinco o seis días a la semana, ocho horas diarias, debemos hacerlo con excelencia, mucho mejor que cualquier pagano, como si estuviéramos haciéndolo para el mismo Señor Jesucristo, (Col 3:22-24). Pero no fuimos creados para eso. Fuimos creados para algo muchísimo más grande que cualquier trabajo que pudiéramos realizar aquí en la tierra. Fuimos creados para ser capacitados y entrenados para sentarnos con Jesucristo en su trono a gobernar el Reino de los Cielos. ¿Qué importancia puede tener nuestro trabajo terrenal ante esta expectativa tan increíble? Así, pues, debemos aceptar nuestra responsabilidad delante de Dios. Fuimos creados para participar activamente en la edificación de una comunidad de vida cristiana, que pasará a integrar el Pueblo Santo que Jesucristo espera obtener de nosotros al final de los tiempos.
Otra aclaración importante se relaciona con el proceso mediante el cual se irá formando el Reino de los Cielos a partir de las comunidades de vida cristiana. No será un proceso continuo, similar a la forma en que aumenta la temperatura en un recipiente lleno de agua. Esto es, la santidad personal y la justicia comunitaria no irán aumentando gradualmente a través de toda la sociedad. Será mas bien un proceso de nucleación y crecimiento, parecido al proceso de cambio de fase que experimenta el agua líquida a 100 C, cuando pasa a agua gaseosa a 100 C, mediante la formación de pequeños núcleos de agua gaseosa que empiezan a crecer de modo que toda el agua dentro del núcleo está en estado gaseoso, mientras que el agua fuera del pequeño núcleo está en estado líquido. De la misma forma se irán formando pequeñas comunidades en las cuales todos los que estén dentro de la comunidad estén creciendo en santidad personal y justicia comunitaria, esto es, viviendo en el Reino de los Cielos; mientras que los estén viviendo fuera de la comunidad de vida cristiana estarán viviendo en el Reino de las Tinieblas, bajo la potestad de Satanás.
Habiendo aclarado los dos puntos anteriores, consideremos ahora la forma en que está distribuida la población de una comunidad cristiana en los cuatro posibles niveles de crecimiento espiritual.
Primer Nivel: Los Religiosos: La gente nueva que llega a la comunidad, supuestamente llega en el nivel inferior. Llega buscando a Dios con el deseo de agradarlo. Y como ya lo explicamos en el capítulo anterior, lo primero que Dios les pide, es que vivan en santidad, esto es, que cumplan los mandamientos de la Ley de Dios. Si bien esto es lo primero que Dios pide, nunca quita, para nada, el dedo del renglón, siempre continúa pidiéndonos santidad. Estas personas, que se encuentran en su etapa de la vida religiosa, tratando de agradar al Señor con sus propias fuerzas, deben ser puestas dentro de un Programa de Evangelismo, en el cual se les enseñe detenidamente cual es el propósito de Dios para el hombre, y en el cual se enfatize la obra que el Señor Jesucristo vino a realizar aquí en la tierra con su muerte y su resurrección de entre los muertos. Este Programa de Evangelismo se concretizará, mediante el ofrecimiento a todos los nuevos miembros, de un Curso de Iniciación a la Vida en el Espíritu. El propósito de este Programa de Evangelismo, debe ser el de llevar a todos aquellos miembros de la comunidad que estén viviendo una vida religiosa, a que experimenten el milagro más grande del mundo, esto es, el Nuevo Nacimiento, y a que sean llenos del Espíritu Santo. Obviamente las personas que participen impartiendo este curso deberán haber tenido antes esta experiencia ellos mismos.
Segundo Nivel: Los Discípulos: Aquellos miembros de la comunidad que recién hayan terminado su curso de Evangelismo pasarán a un Programa de Discipulado en el que se les enseñará a vivir su Nueva Vida cediendo gradualmente el control de su vida al Señor Jesucristo, para aprender a vivir como él lo hizo, incluyendo el demostrarle nuestro amor guardando sus mandamientos y los de su Padre. Este Programa de Discipulado se concretizará mediante el ofrecimiento de un Curso de Crecimiento o de Desarrollo de la Vida Cristiana a todos aquellos nuevos convertidos, que hayan terminado su curso de evangelismo. El propósito de este Programa de Discipulado debe de ser el de enseñar a los nuevos convertidos acerca de todas las herramientas espirituales con las cuales les podrá ir capacitando gradualmente el Espíritu Santo, conforme vayan siendo dóciles a su voluntad, esto es, conforme vayan usando estas herramientas de acuerdo al propósito de Dios, y no de acuerdo a ningún plan de provecho personal. Entre estas herramientas deberán estudiarse detalladamente las siguientes: la oración personal, el estudio devocional de la Biblia, la forma de dar testimonio de la obra de Dios, el compañerismo con los hermanos, los dones del Espíritu, los frutos del Espíritu, la oración comunitaria, la alabanza y la adoración.
"Si obedecemos los mandamientos de Dios, podemos estar seguros de que hemos llegado a conocerlo. Pero si alguno dice: 'Yo lo conozco', y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no hay verdad en él ... el que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo." 1 Juan 2:3,4,6
Tercer Nivel: Los Servidores: Los miembros de la comunidad que hayan estado siendo capacitados por el Espíritu Santo, con los dones y los frutos que el Espíritu les hubiere repartido, pasarán a un Programa de Servicio Cristiano en el que se les enseñará la forma de participar en la edificación espiritual de la comunidad de vida cristiana. Como parte de este programa, los discípulos que estén entrando en la etapa de ser servidores, deberán ser sometidos a un programa de entrenamiento y ser puestos a prueba para ver si son capaces de brindar los servicios relacionados con los dones que hubieren recibido, de tal manera que no se glorifiquen a ellos mismos, sino que den toda la gloria a Dios. Estos servicios espirituales deberán irse ofreciendo, de tal manera que también se vayan desarrollando los vínculos o relaciones del Espíritu, con los demás miembros de la comunidad, compartiendo así, los frutos recibidos y estableciendo vínculos de amor, vínculos de gozo, vínculos de paz, vínculos de paciencia, vínculos de benignidad, etc. Es muy interesante observar que por el hecho de manifestar que se ha recibido cierto don del Espíritu, no se gana automáticamente el derecho a participar como servidor de la comunidad. Este derecho debe de ganarse, cuando después de un período de prueba, se ha podido observar que el servidor puede ofrecer su servicio manifestando también los frutos del Espíritu, y estableciendo vínculos espirituales con ellos, esto es, si ha ido mostrando que está creciendo en santidad, y que está promoviendo la justicia comunitaria.
"Asimismo, los diáconos deben ser hombres respetables, que nunca falten a su palabra ni sean dados a emborracharse ni a desear ganancias mal habidas. Deben apegarse a la verdad revelada en la cual creemos, y vivir con conciencia limpia. Primero deben pasar un periodo de prueba, y después, si no hay nada en contra de ellos, podrán servir como diáconos (servidores). Igualmente, las mujeres deben ser respetables, no chismosas, serias y fieles en todo. Un diácono debe ser esposo de una sola mujer, y saber gobernar bien a sus hijos y su propia casa. Porque los diáconos que realizan bien su trabajo, se hacen dignos de un lugar de honor, y podrán gozar de gran tranquilidad gracias a su fe en Cristo." 1 Timoteo 3:8-13
Cuarto Nivel: Los Pastores o Ancianos: Aquellos miembros de la comunidad, que ya tengan un buen tiempo desempeñando su servicio cristiano, poniendo a trabajar los dones que hayan recibido del Espíritu, y estableciendo vínculos espirituales al compartir sus frutos del Espíritu, entrarán en el Programa de Edificación de Comunidades de Vida Cristiana. Dentro de este programa aprenderán a participar en la dirección y gobierno de la comunidad, así como también a iniciar y desarrollar nuevas comunidades. Dentro de este programa es muy importante aprender que la responsabilidad de dirigir la comunidad debe de ganarse a través de dos requisitos básicos: el servicio y la santidad. El primero de estos requisitos, el de haber dado evidencias palpables de desear servir a los demás miembros de la comunidad de vida cristiana, lo explicó perfectamente bien el Señor Jesucristo:
"Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." Marcos 10:42-45
Y el segundo requisito, el de haber dado evidencias palpables de haber desarrollado bien los frutos del Espíritu, y de haber edificado a la comunidad estableciendo vínculos del Espíritu, al compartir estos frutos, forman en realidad una larga lista como de 25 requisitos, de los cuales el primero es el de ser irreprensible:
"Si alguno aspira al cargo de presidir la comunidad, a un buen trabajo aspira. Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible. Debe ser esposo de una sola mujer y llevar una vida seria, juiciosa y respetable. Debe estar siempre dispuesto a hospedar gente en su casa; debe ser apto para enseñar; no debe ser borracho ni amigo de peleas, sino bondadoso, pacífico y desinteresado en cuanto al dinero. Debe saber gobernar bien su casa y hacer que sus hijos sean obedientes y de conducta digna; porque si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? Por lo tanto, el dirigente no debe ser un recién convertido, no sea que se llene de orgullo y caiga bajo la misma condenación en que cayó el diablo. También debe ser respetado entre los no creyentes, para que no caiga en deshonra y en alguna trampa del diablo ... no debe ser terco, ni de mal genio ... debe ser un hombre de bien, de buen juicio, justo, santo y disciplinado. Debe apegarse al verdadero mensaje que se le enseñó, para que también pueda animar a otros con la sana enseñanza y convencer a los que contradicen ... serios, respetables y de buen juicio; sanos en su fe, en su amor y en su fortaleza para soportar el sufrimiento " 1 Timoteo 3:1-7; Tit 1:6-9; 2:1,2
La Figura 21 muestra en forma de una tabla los ocho pasajes principales del Nuevo Testamento que contienen listas parciales de los Servicios Espirituales, esto es de los servicios sobrenaturales que deben ofrecer los miembros de la comunidad de vida cristiana para edificarse espiritualmente unos a otros. Estos servicios espirituales son comúnmente llamados Ministerios del Espíritu Santo. La Figura 22 muestra en forma de una tabla con dos columnas la relación que existe entre las habilidades y los servicios del Espíritu Santo. La primera columna lista los dones o habilidades del Espíritu, y la segunda columna lista los ministerios o servicios del Espíritu.