El Sistema de Vida en el Espíritu
Entendiendo el Cristianismo
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Apéndice 6:

Cuestionario sobre el Don de Lenguas

  1. La persona que habla en lenguas no se da cuenta de lo que le ocurre.
    Falso.
    Hay personas que buscan esta experiencia y creen que Dios mueve la lengua, da los sonidos y determina la duración. Creen que si el que busca este don se da a sí mismo en la búsqueda, Dios le recompensará su diligencia y sacrificio y hará que al fin hable en lenguas.
    Sin embargo, esta creencia ha sido desacreditada por muchos en las filas del movimiento carismático, ya que hablan en lenguas cuando quieren. Conozco a un pastor que dice que habla en lenguas cuando conduce su coche o cuando se afeita. Este hombre y otros más no esperan a hablarlas en lugares o momentos especiales. Ellos, y no Dios, son los que empiezan a hablar. Fuerzan el aire de sus pulmones a través de su caja torácica, y aunque algunos de ellos puedan tener un carácter muy impulsivo, sus hábitos no provienen del hecho de hablar en lenguas, pues sus tipos emocionales serían los mismos, las hablasen como si no.
  2. Los que hablan en lenguas lo suelen hacer en el culto.
    Falso.
    Muchos de los que tienen esta experiencia, sobre todo los pentecostales, hablan en lenguas muy pocas veces, unas tres o cuatro veces al año y en ocasiones de extrema tensión emocional, tanto de depresión como de agitación. Un culto pentecostal puede celebrarse sin que nadie hable en lenguas.
    Este modelo empieza a cambiar ahora que algunas personas de las grandes denominaciones protestantes empiezan a experimentar este fenómeno. Más y más les dan importancia a la glosolalia y de un modo frecuente y regular. Y lo mismo puede suceder privadamente como en grupos de oración o en retiros, pero muy pocas veces en los cultos.
  3. Los que hablan en lenguas tienen serios problemas emocionales, sobre todo depresiones. Falso. Hace mucho tiempo que la gente así lo pensaba, y el hecho de creerlo así era debido a que los que lo hacían se les consideraba como enfermos mentales. Pero es interesante saber que un reciente estudio preparado por el Instituto Nacional de la Salud Mental establece que lo contrario es cierto. En los grupos que fueron analizados se halló que los que hablaban en lenguas tenían un estado emocional mejor que los que no las hablaban.
  4. Hablar en lenguas es hablar otro idioma o dialecto.
    Falso.
    Muchísimas investigaciones de autoridades lingüísticas no han podido encontrar ningún idioma o dialecto entre los sonidos oídos en las cintas grabadas, aunque por otro lado hay que reconocer que al hablar en lenguas se marca un ritmo parecido al de un idioma articulado. Una frase dicha en lenguas puede parecerse a una familia particular de idiomas, pero no es un idioma en el sentido que nosotros le damos a este concepto.
  5. El hablar en lenguas es una experiencia tan profundamente religiosa y emocional que no hace falta analizarla más de cerca.
    Falso.
    En todas las esferas de la religión la sensibilidad hacia los sentimientos de los demás es un atributo importante; sin embargo, el cristiano también tiene la obligación de llevar a cabo un autoconocimiento. La vida del cristiano consta en entenderse a sí mismo y en entender sus relaciones con Dios y con su prójimo. Esta necesidad de entendimiento abarca todas las experiencias religiosas, incluyendo las lenguas. Querer ignorar las cosas a cosa hecha, tanto si se esconde detrás de un manto de piedad y de orgullo o si se guarda por temor o falsa religiosidad, lo único que hace es parar el desarrollo de la personalidad y el proceso del autoconocimiento.
  6. Los que hablan en lenguas pertenecen mayormente a las clases bajas y sin cultura.
    Falso.
    Este tipo de evaluación es relativo, porque pobre y sin cultura ¿en relación con quién? Es cierto que en los primeros tiempos de las denominaciones que hablaban en lenguas sus miembros procedían de los sectores más bajos socioeconómicos, pero ha habido una evolución que les ha hecho subir en la escalera social. La extensión del fenómeno entre episcopales, presbiterianos, metodistas, etc., está contribuyendo a esta escalada.
    Un ejemplo interesante es el propio gobernador de Alabama, George Wallace, que a su vez es un laico activo en su iglesia metodista. Víctima de un atentado de asesinato en la campaña presidencial de 1972, Wallace llamó, por medio de su mujer, a Oral Roberts para que orase por sus miembros paralizados. Roberts empezó a orar por el gobernador a través del teléfono, y mientras Roberts oraba, la señora Wallace, que lo estaba oyendo por una extensión del teléfono, empezó a hablar en lenguas por primera vez en su vida.
  7. Creer que hablar en lenguas es una experiencia válida, requiere la creencia en la inspiración verbal y literal de la Biblia.
    Falso.
    Aunque la mayoría de los que hablan en lenguas son fundamentalistas en creencias y literalistas en la interpretación de las Escrituras, existe un número creciente (aunque todavía pequeño) de los que las hablan que no lo son. Esto es así sobre todo entre los carismáticos de las grandes denominaciones. El creciente interés psicológico en las lenguas hace que algunas personas que hablan en lenguas tengan una opinión no literalista acerca de la Biblia.
  8. Las lenguas se pueden aprender cómo se aprende otro idioma.
    Falso.
    Algunas evidencias sugieren que es una experiencia que se puede aprender porque los que las hablan las han oído de otros. A veces hay una clave común en cuanto a mímica y frases similares. El psicólogo Dr. John P. Kildahl, después de una profunda investigación, concluyó diciendo que las lenguas es un fenómeno que se aprende.
    Sin embargo, tal aprendizaje requiere un proceso diferente al de aprender un idioma. El hablar en lenguas requiere una especie única de receptividad y preparación que no se puede explicar fácilmente. En mi propia experiencia hubo un tiempo en que no podía hablar en lenguas a pesar de todos mis mejores deseos y esfuerzos, y, de repente, ocurrió. El hecho ocurrió después de muchos intentos fallidos, pero al fin hubo soltura en esta habla.
    Ahora que he dejado a un lado la importancia de las lenguas en mi vida, todavía las puedo hablar cada vez que lo quiero hacer. Lo cual significa que, una vez uno lo ha hecho, nunca pierde la facilidad.
    Quizás una respuesta completa a la pregunta de si las lenguas se pueden aprender o no, es que no se puede hasta el momento en que uno que las hable trate de enseñarlas, de la misma manera que se enseña otro idioma, y sin matices religiosos.
  9. Lo que hoy en día se conoce por hablar en lenguas no es lo mismo que lo descrito en la Biblia.
    Falso.
    Es muy difícil probar las dos posturas. Uno podría objetar que la misma lógica utilizada para responder "falso" se podría utilizar para responder "verdadero", porque no existen cintas magnetofónicas de los tiempos apostólicos para probar o desechar esta proposición. Existen algunas descripciones bastante buenas en el Nuevo Testamento que sugieren una similitud entre el hablar en lenguas de hoy y las de entonces. 1 de Corintios relata algunos problemas que tienen que ver con las lenguas en la iglesia de Corinto, que son similares a los problemas que tenemos en las iglesias modernas donde también se hablan.
  10. Hablar en lenguas es una manera de autoidentificarse y de separarse del resto de los cristianos.
    Falso.
    Desgraciadamente, muchas personas emplean las lenguas como si fuesen un distintivo religioso denominacional; pero no puede encontrarse ninguna base bíblica para asumir esta posición o actitud.
    Hay personas que hablan en lenguas que le dan tanta importancia al asunto que excluyen todas las demás experiencias religiosas. Forman células especiales dentro de sus iglesias; exhortan a sus amigos que todavía no las hablan, para que se abran a este don. Actúan como si fuesen organizaciones cuya única meta es hacer que los demás hablen también en lenguas. En última instancia esas personas dicen, implícita o explícitamente, que su experiencia de las lenguas ha añadido una calidad única y extraordinaria a su total experiencia cristiana, de modo que son mejores cristianos y mejores personas que antes.
    Si se usan de esta manera las lenguas como símbolo de identificación, dan como resultado la división, el resentimiento y la desconfianza. Y precisamente todos los sentimientos negativos hacia las lenguas que puedan tener hoy en día muchas personas de muchas iglesias son debidos a ese indebido uso de las lenguas.
  11. En la Biblia no hay base para las lenguas.
    Falso.
    En ningún lugar de la Biblia se aconseja en contra del uso de las lenguas. Aunque el apóstol Pablo pone ciertas restricciones a su empleo, en 1 de Corintios 14:39 claramente dice: "... no prohibáis que se hable en lenguas". Ciertamente, en el mismo capítulo donde pone las reglas para controlar el uso de las lenguas en los cultos, dice que él habla lenguas más que ninguna otra persona de aquella iglesia de Corinto (1 Corintios 14:18). Aunque la glosolalia en ningún momento era prerrequisito para ser aceptado como cristiano en la Iglesia primitiva, la experiencia era compartida por muchos.
  12. La Biblia da mucha importancia a las lenguas.
    Falso.
    Hay sesenta y seis libros en la Biblia y sólo tres de ellos las mencionan, (3/66'4.5%). Hay 1,189 capítulos en la Biblia y sólo siete se refieren a las lenguas, (7/1,189'0.6%). Hay 31,162 versículos y sólo setenta y dos las mencionan, (72/31,162'0.2%). Cierto que la cantidad no es un criterio apropiado para evaluar las enseñanzas de las Escrituras, pero una práctica que se nombra tan poco apenas puede merecer la extraordinaria atención que les dan algunos de los que las hablan y sus beneficios no parecen compensar los conflictos que han producido.
  13. Hablar en lenguas es la prueba máxima de que una persona ha recibido el bautismo del Espíritu Santo.
    Falso.
    Juan el Bautista dijo: "Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) bautizará con el Espíritu Santo." Esta frase de Juan se cita en los cuatro evangelios y dos veces en Hechos. En ninguna de esas ocasiones se hace referencia a las lenguas. En Hechos 11, Pedro describe al concilio de Jerusalén el derramamiento del Espíritu que tuvo lugar en casa de Cornelio en Cesarea, donde se habló en lenguas, pero al hacerlo no las menciona.
    De una manera clara, los Hechos de los Apóstoles describen varias ocasiones en que se derramó el Espíritu Santo como cumplimiento de aquella frase de Juan el Bautista, pero en lugar de usar el autor la palabra "bautismo" para describir los derramamientos, usa frases como "fueron llenos del Espíritu Santo". En otra ocasión la frase es "recibieron el Espíritu Santo", pero solamente en tres de las siete veces acompañan las lenguas la recepción del Espíritu.
    Dentro del contexto del punto de vista que sobre el mundo tenía la Iglesia primitiva, las lenguas eran un signo milagroso que acompañaba y demostraba la venida del Espíritu Santo. Así como el nacimiento de Jesús es explicado en los evangelios como un hecho milagroso, de la misma manera se experimenta el Espíritu Santo en su Era, que es la que estamos viviendo.
    El Nuevo Testamento claramente enseña que todos los cristianos tienen el Espíritu Santo, y la evidencia clara de su presencia no es exclusivamente el don de lenguas, sino cualidades tales como el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la generosidad y el autocontrol.
  14. El hablar en lenguas se extinguió después del primer siglo de la iglesia y no reapareció hasta la aparición de las iglesias pentecostales.
    Falso.
    A través de toda la historia de la Iglesia ha habido grupos de personas que hablaban en lenguas. En el pasado reciente estos grupos incluyen a los mormones, la iglesia católica apostólica (Irvingistas), los cuáqueros, y todos esos en el siglo XVIII. Una rama de los hugonotes en Francia, en el siglo XVII, las hablaba también. Cierto que en ninguno de esos casos ganaron tantos adeptos como en el siglo XX, porque en este siglo de libertad, en vez de dividirse hasta desaparecer, como en los tiempos pasados, los grupos de glosolalia crecieron y se extendieron hasta formar una fuerza sectaria fuerte y distribuida por todo el mundo.
  15. Las denominaciones pentecostales han dado la bienvenida a los movimientos de glosolalia aparecidos en las grandes denominaciones.
    Falso.
    Al principio los pentecostales respondieron positivamente a la introducción del uso de las lenguas en las principales denominaciones; vieron en ello una confirmación de su propia lucha por tal principio y como resultado de sus muchos años de esfuerzo. Pero esta respuesta no duró mucho.
    Dos cosas contribuyeron a este cambio por parte de los pentecostales.
    En primer lugar los nuevos habladores de lenguas no llevaron a sus denominaciones a juntarse con los pentecostales, fallo del cual éstos se resintieron. Se puede comprender esto recordando que las denominaciones pentecostales vinieron a existir porque sus adeptos habían sido expulsados de las principales denominaciones. Ya que estos fueron, en esencia, los motivos para el establecimiento de las iglesias pentecostales, el que los nuevos habladores en lenguas continuaran siendo miembros de las antiguas denominaciones pareció impropio a los pentecostales, ya que de hecho ponía en tela de juicio la razón de la existencia de la propia denominación pentecostal.
    En segundo lugar, entre los pentecostales quedan vestigios de las prohibiciones contra bebidas alcohólicas, juego de cartas, fumar, bailar, cines y teatros, etcétera. Algunos de los adherentes al uso de las lenguas o "carismáticos" no aceptan estas restricciones, y muchos líderes pentecostales consideran inaceptable tener siquiera comunión con una persona que habla lenguas pero fuma y bebe.

Tomado del libro:

Wayne A. Robinson, "Yo he hablado en lenguas", Libros CLIE, 1975
Wayne A. Robinson, "I Once Spoke in Tongues", Pillar Books, 1973

Complementar con los capítulos 5 y 15 del libro:
Jackie Pullinger y Andrew Quicke, "La Caza del Dragón", Editorial Betania, 1984
Jackie Pullinger y Andrew Quicke, "Chasing the Dragon", Hodder and Stoughton, 1980

Juan L. Sherrill, "Hablan en otras Lenguas", Editorial Vida, 1969
John L. Sherrill, "They Speak with Other Tonges", Kindle Edition, 1964, 1985, 2004