El Sistema de Vida en el Espíritu
Entendiendo el Cristianismo
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Capítulo 12:

El Cumplimiento de la Promesa

  1. Los Apóstoles reciben la promesa
  2. 1.1. Debían de esperar la promesa.

    Después de resucitar al tercer día, el Señor Jesucristo convivió cuarenta días con sus discípulos, apareciéndoseles en varias ocasiones. En el último de estos cuarenta días, faltando siete días para la Fiesta de Pentecostés, el Señor Jesucristo les ordenó que no salieran de Jerusalén hasta que recibieran el poder del Espíritu Santo. Inmediatamente después, el Señor Jesucristo ascendió al cielo. Los discípulos, sin saber de antemano cuanto tiempo tendrían que esperar, permanecieron unidos en actitud de oración.

    • "He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo." Lucas 24:49-51.
    • "Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días." Hechos 1:4,5.
    • "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." Hechos 1:8.
    • Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran cómo ciento veinte en número) ..." Hechos 1:14,15.

    1.2. El día de la fiesta de Pentecostés.

    Después de pasar esos siete días orando en el aposento alto, al llegar el día en que se celebraba la fiesta anual de Pentecostés, los 120 discípulos reunidos allí recibieron el Espíritu Santo y hablaron en lenguas. Esta fue la primera de varias veces descritas en el Nuevo Testamento, en que un grupo de creyentes fue lleno del Espíritu Santo. Algunas de las señales que ocurrieron en esta ocasión ya no volvieron a repetirse, pero otras sí. Observemos los detalles.

    • "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto." Hechos 2:1-13.

    Entre las señales que ocurrieron en esta ocasión tenemos que:

    • v1: ocurrió el día de Pentecostés
    • v2: se escuchó el sonido de un viento recio
    • v3: aparecieron lenguas de fuego sobre las cabezas de cada persona
    • v4: todos fueron llenos del Espíritu Santo
    • v4: empezaron a hablar en otras lenguas
    • v6: El estruendo juntó una multitud
    • v11: La multitud los escuchaba hablar en sus propias lenguas

    1.3. Primera predicación de Pedro.

    La consecuencia inmediata de este primer derramamiento del Espíritu Santo fue que Pedro, quién antes temeroso había negado conocer a Jesucristo, ahora lleno del Espíritu Santo salió y empezó a predicar a Jesucristo a la multitud que se había reunido a causa del estruendo del viento recio. Explicó a la multitud que lo que estaba ocurriendo era el cumplimiento de las profecías que habían hecho los profetas del Antiguo Testamento acerca del Nuevo Pacto prometido:

    • "Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: "Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Hechos 2:14-21.

    Pedro siempre incluía como una parte central de sus predicaciones que Jesucristo había resucitado y que ellos eran testigos de su resurrección. Y además especificó que lo que estaba sucediendo era el cumplimiento de la promesa del Padre de que iba a enviar su Santo Espíritu sobre toda carne.

    • "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís." Hechos 2:32,33.

    Cuando la multitud interrumpió a Pedro para preguntarle qué era lo que a ellos les correspondía hacer, Pedro les dijo que se arrepintieran de sus pecados para que luego recibieran el Espíritu Santo. Les explicó que la promesa los incluía a ellos y a sus hijos.

    • "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare." Hechos 2:36-39.

    La consecuencia de esta primera predicación de Pedro, ungida por el Espíritu Santo, fue que se convirtieron tres mil personas. Y de ahí en adelante se empezaron a manifestar muchas maravillas y señales entre los discípulos del Señor. Y muchas personas empezaron a convertirse.

    • "Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas... Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles... alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos." Hechos 2:41,43,47.

  3. Los creyentes de Jerusalén reciben la promesa
  4. El segundo derramamiento del Espíritu Santo que se describe en el libro de los Hechos se inició debido a la sanidad milagrosa de un cojo de nacimiento que todo el pueblo conocía pues se sentaba a pedir limosna a la entrada del templo.

    • "Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido." Hechos 3:1-10.

    La sanidad instantánea de este cojo, que entró al templo brincando y cantando, atrajo una multitud, y Pedro aprovechó la ocasión para predicarles acerca de la muerte y resurrección de Jesucristo, de la cual él y Juan eran testigos. Y los exhortó a que se arrepintieran y se convirtieran.

    • "Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros, primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad." Hechos 3:11-26.

    Los sacerdotes del templo se molestaron mucho porque Pedro y Juan estaban predicando acerca de la resurrección de los muertos y los metieron en la cárcel. Como consecuencia de esta segunda predicación de Pedro se convirtieron cinco mil personas. Al día siguiente comparecieron Pedro y Juan ante las autoridades, los gobernantes, los ancianos, los escribas, y los sumos sacerdotes; y Pedro, lleno del Espíritu Santo, aprovechó la ocasión para predicarles a todos ellos. Como el cojo que había sido sanado allí estaba parado con ellos, no encontraron de que culparlos, y los dejaron libres después de amenazarlos de que ya no volvieran a hablar de la resurrección de Jesucristo, a lo cual Pedro y Juan respondieron que no podían dejar de hablar de lo que habían visto y oído.

    • "Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años." Hechos 4:1-22.

    Una vez puestos en libertad se reunieron con los otros discípulos y se pusieron a orar para pedirle a Dios que se siguieran manifestando las señales y prodigios cuando predicaran la muerte y resurrección de Jesucristo. Dios contestó sus oraciones con un nuevo derramamiento del Espíritu Santo. Esta es la segunda vez que se narra ese acontecimiento en el libro de los Hechos.

    • "Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad." Hechos 4:23-35.

    Ver la Tabla 12.1: "Testigos de la Resurrección, con poder", de la página 217.

  5. Los creyentes de Samaria reciben la promesa
  6. El Señor Jesucristo les había dicho a sus discípulos que les daría poder para ser sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. El tercer derramamiento del Espíritu Santo narrado en el libro de los Hechos ocurrió en la ciudad de Samaria a donde habían sido esparcidos los discípulos debido a la persecución que se originó después del martirio de Esteban.

    La gente de Samaria escuchaba con mucha atención la predicación de Felipe debido a las señales y prodigios que se manifestaban cuando Felipe predicaba a Jesucristo. Los samaritanos que creyeron se bautizaron. Los apóstoles que estaban en Jerusalén enviaron a Pedro y a Juan a Samaria, los cuales oraron por los nuevos creyentes y les impusieron las manos y recibieron entonces el Espíritu Santo.

    • "Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel. Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad. Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio." Hechos 8:1-25.

  7. Saulo de Tarso recibe la promesa
  8. En la lección anterior sobre el arrepentimiento ya habíamos comentado la conversión de Saulo de Tarso. Ahora repasamos ese mismo evento porque también constituye la cuarta narración del Nuevo Testamento de un derramamiento del Espíritu Santo, aunque en este caso fue solamente sobre una sola persona.

    Algo bastante interesante de este caso es que la persona usada por Dios para conferir el Espíritu Santo, no fue ninguno de los apóstoles, ni algún otro discípulo conocido, sino que fue Ananías un creyente desconocido que ya no vuelve a mencionarse en la Biblia. Debido a esta llenura del Espíritu Santo Pablo fue bautizado y empezó a predicar a Jesucristo.

    • "Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios." Hechos 9:1-20.

    Aun cuando en la narración de este evento en el libro de los Hechos no se comenta si Pablo habló en lenguas al momento de recibir el Espíritu Santo, el mismo Pablo en una de sus epístolas exhorta a sus discípulos a que procuren el don de hablar en lenguas y comenta que él tenía ese don y que lo practicaba con mucha frecuencia.

    • "El que habla en lengua extraña a sí mismo se edifica... quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas... Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros." 1 Corintios 14:4,5,18.

  9. Los gentiles de Cesarea reciben la promesa
  10. El quinto derramamiento del Espíritu Santo que se describe en el libro de los Hechos es el de Cornelio y sus parientes y sus amigos. Este evento es muy importante por varios motivos. Uno de ellos es que hasta este momento todos los apóstoles suponían que el mensaje del evangelio era únicamente para los judíos. Se habían quedado con esa idea porque el Señor Jesucristo les había dicho: "Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis." (Mateo 10:5). Fue hasta después de su resurrección cuando los envió a predicar por todo el mundo a todas las naciones. Cornelio no solo no era judío, sino que era romano, y además era soldado, y no solo soldado, era centurión.

    Otro detalle muy interesante de este caso es que aun cuando las oraciones y las ofrendas no pueden salvar a nadie, si pueden mover a Dios para que les envíe a alguna persona que les hable de Jesucristo, y al creer en Jesucristo reciban la salvación y el Espíritu Santo.

    Otro detalle muy interesante de este caso son las "citas divinas", o sea la forma en que Dios arregla las circunstancias para que dos personas se encuentren para lograr un propósito que Dios tiene dentro de sus planes. Dios le habla a Cornelio por medio de un ángel y le dice que mande traer a Pedro para platicar con él. Y Dios le da una visión a Pedro para quitarle sus prejuicios y se decida a ir a platicar con Cornelio.

    Pero tal vez el detalle más interesante es que en este caso, de un soldado pagano y sus parientes y amigos, Dios les da la salvación y el bautismo del Espíritu Santo en el mismo evento, al estar escuchando la predicación de Pedro, y todos hablaron en lenguas. No hubo tiempo de bautizarlos ni de imponerles las manos.

    • "Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas. Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo. Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo. Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido? Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras. Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope." Hechos 10:1-23.
    • "Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido. Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir? Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado." Hechos 10:24-33.
    • "Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días." Hechos 10:34-48.

  11. Los creyentes de Éfeso reciben la promesa
  12. Este el sexto caso narrado en el Libro de los Hechos en que se experimenta un derramamiento del Espíritu Santo. Uno de los detalles interesantes de este caso es que los creyentes de Éfeso habían sido evangelizados por Apolos, quién se describe como un judío que conocía muy bien las Escrituras, que había sido evangelizado, y que predicaba con mucho entusiasmo acerca de Jesucristo. Pero cuando lo escucharon Priscila y Aquila, dos amigos cercanos del apóstol Pablo, se dieron cuenta de que lo que predicaba Apolos estaba correcto pero incompleto y procedieron a ayudarlo en ese aspecto. Solo conocía el bautismo de arrepentimiento de pecados, pero no conocía el bautismo del Espíritu Santo.

    • "Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo." Hechos 18:24-28.

    Después que Apolos se fue de Éfeso, llegó a Éfeso el apóstol Pablo. Cuando ve a los creyentes se refiere a ellos como discípulos, o sea que los reconoce como cristianos, pero nota algo raro, nota que les falta algo, y entonces ellos le confirman que solo habían recibido el bautismo de arrepentimiento y que nunca habían escuchado nada acerca del Espíritu Santo. Entonces Pablo les impone las manos, reciben el Espíritu Santo y hablan en lenguas y profetizan.

    • "Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres." Hechos 19:1-7.

  13. Timoteo recibe la promesa
  14. El séptimo y último caso reportado en el Nuevo Testamento de un derramamiento del Espíritu Santo es el caso de Timoteo el discípulo del apóstol Pablo. Se menciona que Timoteo había recibido dones del Espíritu Santo después que los líderes de la comunidad, incluido el apóstol Pablo mismo, habían orado por él y le habían impuesto las manos.

    • "No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio." 1 Timoteo 4:14.
    • "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos." 2 Timoteo 1:6.

    Nota: Ver la Tabla 12.2 "Señales que acompañaron al Bautismo en el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento", de la página 218.