Prefacio
Este es un estudio bíblico para grupos pequeños, que se reúnen en las casas, en los salones de las escuelas, o en las oficinas de las empresas, una vez a la semana, durante 16 semanas. Está desarrollado sobre el concepto de que la gente más feliz de la Tierra es la que conoce el propósito por el cual Dios la envió al mundo, y está viviendo precisamente para alcanzar ese objetivo. Si vivimos de esa manera podremos presentar un buen reporte de resultados cuando Dios nos llame a su presencia y estemos delante de su trono, rodeados de millones de ángeles, y nos pida que le presentemos un informe detallado de nuestras "órdenes selladas", o sea de la forma en que llevamos a cabo la misión que nos envió a cumplir a la Tierra.
Presentar un buen reporte de resultados no significa que le vamos a presentar a Dios los resultados del plan de vida que nosotros habíamos diseñado cuidadosamente para servirlo a Él, conforme a nuestro propio entendimiento, y que le habíamos presentado a Él para que le diera su aprobación y su bendición. Dios no necesita que nosotros le demos ninguna sugerencia sobre cual debe de ser su propósito para nuestra vida. Eso lo definió Él desde antes de la fundación del mundo. El propósito de nuestra vida debe ser servirlo a Él conforme al propósito con el cual Él creó al universo. Cualquier otro plan de vida que nosotros hubiéramos diseñado antes de decidir acercarnos a Él, vamos a tener que descartarlo. No importa cuántos años ni cuanto esfuerzo hayamos invertido en ese plan diseñado por nosotros mismos.
Algunos teólogos, basados en sus argumentos filosóficos, afirman que nadie puede conocer el propósito o meta de Dios. Y tienen razón, pues con la mente humana no se puede conocer el plan de Dios. Pero a lo largo de toda la Biblia encontramos el concepto de que la meta de Dios consiste en preparar, para sí mismo, un Pueblo Santo con el cual fundar el Reino de los Cielos. A ese Pueblo Santo del Antiguo Testamento, se le llama la Iglesia Gloriosa, en el Nuevo Testamento. La Biblia enseña que al final de los tiempos Jesucristo regresa por ese Pueblo Santo y nos sienta con Él en su trono para que participemos en el gobierno del Reino de los Cielos. ¡Estamos destinados para el trono de Dios! Es muy reconfortante saber cómo termina la historia bíblica. El Padre Celestial decidió heredarnos el Reino desde antes de la fundación del mundo.
Algunos de los grandes líderes de las naciones de la Tierra se han propuesto, a lo largo de la historia, desarrollar dentro de sus dominios un reino de justicia, de amor y de paz, pero nunca han podido lograrlo. Han fallado lamentablemente porque han intentado desarrollar ese reino de justicia basados en sus propios planes y utilizando sus propios recursos. Por eso es necesario estudiar la Biblia detenidamente. Como alguien dijo: "No lea la Biblia: ¡Escudríñela!"
La Biblia no solamente revela cual es la meta personal de Dios, sino que también revela en forma bastante detallada cuáles son sus estrategias y sus planes de acción para alcanzar esa meta, y proporciona además los recursos espirituales indispensables para que podamos lograrlo. A ese programa completo le llamaremos el Plan de Desarrollo de Dios, y es el que estaremos estudiando en estas 16 lecciones.
Al estudiar las diferentes etapas del Plan de Desarrollo de Dios veremos que la última etapa consiste en formar grupos pequeños de creyentes con un sólido conocimiento bíblico, en los cuales se edifiquen espiritualmente unos a otros. Esta etapa constituye un área de oportunidad común a todas las iglesias, y por esta razón nadie necesita cambiarse a otra iglesia para participar en esta etapa. Durante las últimas décadas todas las iglesias han empezado a implementar este programa de grupos pequeños entre semana.
El estudio de la Biblia por sí solo no cambia a nadie. Necesita estudiarse la Biblia con la actitud de querer no solamente aprender sus enseñanzas sino también ponerlas en práctica. Y para poder ponerlas en práctica necesitamos el poder espiritual que sólo Dios puede ofrecer. Por eso necesitamos llevar a cabo este estudio en la presencia de Dios. El Señor Jesucristo prometió que Él siempre estaría presente en cualquier reunión donde dos o tres personas estuvieran reunidas en su nombre (Mateo 18:20). Así que debemos empezar cada una de nuestras reuniones en oración, pidiéndole al Señor Jesucristo su presencia, poniendo la reunión en sus manos y pidiéndole que nos guíe con su Santo Espíritu. Para ayudar a que cada uno de los miembros del grupo entre en la presencia de Dios, se debe dedicar una media hora al inicio de la reunión para alabar y adorar a Dios con cantos cuya letra sean oraciones dirigidas de nosotros hacia a Él. Esta alabanza funciona como un catalizador espiritual, y hace que las enseñanzas bíblicas reaccionen con nuestro espíritu y recibamos el poder de ponerlas en práctica. Conviene que en la primera reunión se repase la lista de pasajes bíblicos del Apéndice 1: "La Alabanza: el Catalizador Espiritual", de la página 277, que relacionan la práctica de la alabanza con la manifestación de la presencia de Dios.