El Propósito de Dios
Empezamos con un breve repaso del proceso de revelación del propósito de Dios de prepararse un Pueblo Santo con el cual establecer el Reino de los Cielos. Para visualizar claramente las diferentes etapas del Plan de Desarrollo de Dios conviene tener a la vista el diagrama de la Figura 16.1, de la página 270.
1.1. El Pacto de la Ley. La Justicia y La Santidad.
La Biblia enseña que el mundo entero está bajo el poder del maligno. Lo ha estado desde que Adán decidió asociarse con Satanás para rebelarse contra Dios. Y continúa estándolo hasta el día de hoy (1 Juan 5:19). Para explicar cómo es posible que Jesucristo haya derrotado a Satanás y a sus demonios, con su muerte y resurrección (Colosenses 2:15), y aún estemos luchando contra ellos, se usa la analogía del "Día D" del Desembarco en Normandía. Se le llama "Día D" al 6 de Junio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial, para adentrarse en Francia, iniciando así la liberación de Europa, que estaba ocupada por las tropas Nazis. La guerra terminó hasta un año después, el 8 de Mayo de 1945 con la toma de Berlín, pero durante ese año se desarrollaron las más sangrientas batallas. Algo semejante sucede con Satanás y sus demonios que al saberse derrotados están luchando aún más fieramente.
Desde que nacemos entramos al reino de las tinieblas bajo el dominio de Satanás (Colosenses 1:13). Siendo sus esclavos, vivimos continuamente experimentado su opresión y recibiendo sus maldiciones. A partir de este mundo habitado exclusivamente por esclavos de Satanás, Dios desea formarse un Pueblo Santo con el cual establecer el Reino de los Cielos. Pero así como los peces no se dan cuenta que viven dentro del agua, los seres humanos no alcanzamos a percibir, por nosotros mismos, que somos esclavos del maligno.
Para mostrarnos que somos esclavos de Satanás, Dios nos ofrece el Pacto de la Ley (Éxodo 20). Nos ofrece grandes premios si logramos cumplir siempre todos sus mandamientos, y nos garantiza fuertes castigos si infringimos su ley (Deuteronomio 28). Esto no es nada más que simple justicia, darle a cada quién lo que se merece, un premio al que cumple la ley y un castigo al que la infringe. Puesto que Dios desea un Pueblo Santo, quiere dejar bien claro lo que Él entiende por "santidad". La persona que tenga la capacidad de cumplir siempre todos sus mandamientos es "santa", la que no tenga esa capacidad es "pecadora".
Por supuesto que Dios ya sabe que nunca vamos a poder cumplir su ley. Él quiere convencernos a nosotros, con esos grandes premios y fuertes castigos, que no tenemos la capacidad de hacerlo (Deuteronomio 28). Quiere convencernos de que no somos santos, de que somos pecadores, de que somos esclavos del maligno, de que merecemos vivir toda la eternidad separados de Él, y de que necesitamos un Salvador, que sea enviado y respaldado por Dios para que pueda liberarnos de esta esclavitud.
1.2. El Nuevo Pacto, Parte 1: La Salvación.
Dios continúa con la siguiente etapa de su Plan de Desarrollo, la primera parte de su Nuevo Pacto, al enviar a su Hijo Jesucristo. Para poder liberar a los esclavos del maligno se debe de pagar un precio demasiado elevado. Los seres humanos, debido a su esclavitud de Satanás, son incapaces de cumplir la ley de Dios, y merecen recibir todas las terribles maldiciones descritas en Deuteronomio 28. Precisamente de todas esas maldiciones nos liberó el Señor Jesucristo al dar su vida en la cruz del Calvario. Él llevó en su propio cuerpo todas esas maldiciones que nosotros merecíamos recibir. Comprender el costo tan alto que costó nuestra liberación pone mucho muy en alto la obra de nuestro amado Señor Jesucristo. Vamos a necesitar toda la eternidad para poder expresarle bien nuestro agradecimiento.
La Biblia enseña que al morir en la cruz el Señor Jesucristo pagó el castigo que nosotros merecíamos, de esa forma Dios nos perdona los pecados, ya no necesitamos nosotros pagar por nuestros pecados porque Jesucristo ya lo hizo por nosotros. No darnos el castigo que merecemos muestra la "Misericordia" de Dios. Y la Biblia enseña que al resucitar de los muertos el Señor Jesucristo derrotó a Satanás y a todos sus demonios (Colosenses 2:15), y nos trasladó a nosotros del reino de las tinieblas al reino de la luz (Hechos 26:18; Colosenses 1:12-14).
1.3. El Nuevo Pacto, Parte 2: La Santificación.
Una vez que ya fuimos limpiados de todos nuestros pecados, y liberados del control del maligno, Dios tiene preparada la segunda etapa de su Nuevo Pacto, la etapa de la Santificación. El habernos limpiado de nuestros pecados no es de ninguna manera la meta final del plan de Dios, es solamente el inicio. Después de haber sido limpiados, Dios ahora ofrece derramar sobre nosotros su Espíritu, con el propósito definido de darnos el poder espiritual necesario para cumplir sus mandamientos (Ezequiel 36:27), para vivir continuamente creciendo en santidad, y para mantenernos libres de la opresión y la esclavitud de Satanás.
Los recursos espirituales con los cuales Dios desea capacitarnos para vivir en santidad son los frutos y los dones espirituales. Los frutos del Espíritu son actitudes espirituales sobrenaturales, que debemos ir desarrollando para crecer en un carácter semejante al de Jesucristo. Y los dones del Espíritu son habilidades espirituales sobrenaturales, con las cuáles Dios nos capacita para luchar contra Satanás y mantenernos libres de sus constantes ataques.
A este proceso de derramar sobre nosotros estos recursos espirituales, para mantenernos libres de la opresión de Satanás, la Biblia lo denomina la "Gracia" de Dios, esto es, nos está dando el premio que no merecemos. Veamos el resumen de estos términos. La Justicia consiste en darle a cada quién lo que se merece, un premio al que cumple la ley, y un castigo al que la infringe. La Misericordia consiste en no darle a alguien el castigo que sí se merece. Y la Gracia consiste en darle a alguien el premio que no se merece.
1.4. El Nuevo Pacto, Parte 3: La Edificación.
Pero la meta final de Dios no es formar un conjunto muy grande de santos aislados, la meta es un Pueblo Santo caracterizado por el amor, el gozo y la paz, en donde reine la justicia. Los recursos espirituales con los que nos capacita el Espíritu de Dios a nivel personal no son solamente para nuestro crecimiento en santidad personal, ayudándonos a mantenernos libres de la opresión del maligno, sino que debemos de ponerlos a trabajar, para la edificación espiritual de los demás miembros de las pequeñas comunidades de discípulos. El crecimiento en santidad personal no es la meta final del discípulo. La meta final consiste en participar activamente en la edificación de las pequeñas comunidades que integrarán el Pueblo Santo que Dios desea preparar.
Podemos agrupar los recursos que nos proporciona el Espíritu de Dios en dos categorías. En la categoría del poder del Espíritu de Dios, están los dones espirituales. Y en la categoría del amor del Espíritu de Dios, están los frutos espirituales. Estos conceptos se ilustran gráficamente en la Figura 2: "Dinámica Espiritual del Proceso de Edificación de una Comunidad de Vida Cristiana", de la página 271.
El recurso del poder espiritual, de los dones del Espíritu, debe ponerse a trabajar ofreciendo programas de servicio, o ministerios, espirituales, para que nos edifiquemos unos a otros en las pequeñas comunidades de discípulos. Y el recurso del amor espiritual, de los frutos del Espíritu, debe ponerse a trabajar desarrollando relaciones interpersonales espirituales, para edificarnos unos a otros. Al poner a trabajar nuestros recursos espirituales, además de estar creciendo en santidad personal, estamos edificando la justicia comunitaria. Y estas pequeñas comunidades de personas que están creciendo en santidad a nivel personal y creciendo en justicia a nivel comunitario, son los elementos que integrarán el Pueblo Santo con el cuál Dios establecerá el Reino de los Cielos. Nos referiremos a las comunidades que tengan estas características como Comunidades de Vida Cristiana.
El Propósito del Hombre
Continuamos ahora con un breve repaso del propósito de la vida del hombre. Este propósito consiste en servir a Dios, en la edificación de su Reino, participando activamente en una comunidad de vida cristiana. Este propósito lo va revelando Dios gradualmente, y de forma personal a cada ser humano, conforme a la obediencia. Cuando Dios observa que uno ha aceptado la enseñanza de una etapa, y la ha estado poniendo en práctica, con empeño y diligencia, entonces Dios empieza a revelarle la siguiente etapa. Cuando Dios observa que alguien no ha aceptado la enseñanza de una etapa, o tal vez la ha aceptado intelectualmente, pero no la ha puesto en práctica, entonces Dios detiene el propósito de revelación gradual. Las etapas sucesivas de percepción de este proceso de revelación gradual se muestran en la Figura 16.3 "El Proceso de Percepción del Reino de los Cielos", de la página 272, la cual conviene tener a la vista.
2.1 La Etapa de la Vida Religiosa.
Esta es la etapa de los cristianos culturales. Son cristianos porque todos sus ancestros lo han sido. O porque la gran mayoría de sus conocidos lo son. O porque es lo que espera la sociedad en que se vive. Cuando alguien empieza a buscar a Dios, lo primero que Dios le revela es que Él desea que viva una vida limpia, que Él espera que quienes lo buscan, deseen vivir en santidad. Eso fue también lo primero que Dios le reveló al pueblo de Israel a través de Moisés. Es el Pacto de la Ley de Dios, el pacto de los Diez Mandamientos, de Éxodo 20 y Deuteronomio 28.
Mediante este pacto, Dios está revelando su justicia, que consiste en dar a quién lo que se merece. En este pacto Dios se compromete con nosotros a mantenernos libres de las maldiciones del Maligno, y a derramar bendiciones sobre nosotros, siempre y cuando nosotros nos comprometamos con Él a poner todo nuestro empeño, fuerzas y entusiasmo, en cumplir siempre todos sus mandamientos.
Las personas que aceptan esta etapa de la revelación de Dios muestran diferentes respuestas. Después de varios años de frustración por no poder vivir una vida limpia, algunas personas se alejan de Dios pensando que Dios ha puesto requisitos demasiado elevados que nadie puede cumplir. Otras personas que tampoco pueden cumplir la ley de Dios, pero temen alejarse de Dios, se quedan participando en alguna congregación, llegando a constituir los hipócritas religiosos, que dicen ser cristianos, pero no viven como tales. Otras personas que tampoco pueden cumplir la ley de Dios, y no quieren alejarse de Dios, ni quieren vivir como hipócritas religiosos, deciden volver a enfrentarse con Dios, para confesarle su incapacidad de cumplir la ley, a pesar de poner todo su empeño en hacerlo. Y son estas últimas personas las que ya están listas para pasar a la siguiente etapa del Nuevo Pacto.
Es necesario que la comunidad de vida cristiana pueda detectar a las personas que están pasando por esta etapa, para ofrecerles un Curso de Cristianismo Integrado, similar a este curso, para que conozcan los fundamentos del Cristianismo Bíblico e inicien su relación personal con Dios.
2.2 La Etapa del Nuevo Nacimiento.
Esta es la etapa de los nuevos discípulos de Jesucristo. Es la primera parte del Nuevo Pacto. Se le conoce comúnmente como conversión, o Nuevo Nacimiento. Estas personas ya han pasado por la etapa previa de tratar de cumplir los mandamientos de Dios, y de vivir una vida limpia por sus propias fuerzas. Después de múltiples fracasos, le han confesado a Dios su incapacidad para hacerlo, le han confesado sus pecados, se han arrepentido de haberlos cometido, le han pedido perdón por haberlo hecho, y han reconocido al Señor Jesucristo como su libertador personal, quién los ha librado de la esclavitud de Satanás y los ha traslado de las tinieblas a la luz. En esta etapa Dios nos muestra su misericordia que consiste en no darnos el castigo que sí merecíamos.
La evidencia de haber experimentado la conversión es por la trasformación que produce en la vida interior de la persona. La Biblia describe esta experiencia, en múltiples pasajes, como la conversión "con todo el corazón y con toda el alma". Las tres facultades del alma experimentan un cambio sobrenatural que no puede lograrse por medios humanos. Con el intelecto, empieza uno a percibir y a comprender el mundo espiritual, empieza por fin a entender las enseñanzas de la Biblia, en lugar de sólo ver matanzas y adulterios en ella. Con la emotividad empieza uno a sentir rechazo por las cosas que desagradan a Dios, y empieza uno a sentir el deseo de hacer las cosas que le agradan a Dios. En lugar de ver el tiempo devocional como una pesada y aburrida disciplina espiritual, empieza uno a disfrutar de tener un tiempo de compañerismo y de intimidad con Dios. Pero lo más impactante es la transformación que experimenta la voluntad. Por fin lograr uno hacer lo bueno que nunca había podido hacer, y rechazar lo malo que nunca había podido rechazar.
Esta experiencia del Nuevo Nacimiento debe de considerarse como lo que es, el nacimiento a una nueva vida espiritual. Y como toda nueva vida, debe ahora de cuidarse, alimentarse y protegerse, para que no vaya a enfermarse o termine por morirse.
2.3 La Etapa de la Nueva Vida.
Esta es la segunda etapa del Nuevo Pacto, la etapa de la santificación. Es necesario que la comunidad de vida cristiana pueda detectar a las personas que recién han experimentado el nuevo nacimiento, para ofrecerles un Curso de Discipulado. Los nuevos creyentes deben ahora empezar a crecer espiritualmente, empezar a desarrollar un carácter semejante al de Jesucristo, deben empezar a crecer en santidad. Para apoyar este proceso de crecimiento espiritual es necesario que conozcan, aprendan, y practiquen, las disciplinas espirituales de la Nueva Vida que están empezando a experimentar. Necesitan aprender a orar para hablar con Dios, a estudiar la Biblia para escuchar a Dios, a tener compañerismo con otros creyentes para edificarse unos a otros, a evangelizar a los no creyentes para rescatarlos de la esclavitud de Satanás, y a obedecer a Dios para ser discípulos verdaderos. Algunos cursos apropiados para este discipulado son "Los Diez Grados Básicos del Desarrollo Cristiano" de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, y los cuatro tomos de "Vida Discipular" de Avery T. Willis.
En esta etapa Dios manifiesta su Gracia que consiste en darnos el premio que no merecíamos, al derramar sobre nosotros el amor de su Espíritu mediante los frutos del Espíritu y al derramar sobre nosotros el poder de su Espíritu mediante los dones del Espíritu.
En el Apéndice 4 "Enseñanzas Bíblicas sobre la Nueva Vida", de la página 282, se proporciona una lista de 58 pasajes del Nuevo Testamento, que describen diferentes aspectos de esta Nueva Vida. Pueden utilizarse algún día que se tenga una convivencia de fin de semana, repartiendo los pasajes entre los asistentes para que los compartan, los comenten, los expliquen, y busquen formas de poner en práctica esas enseñanzas bíblicas en su vida diaria.
2.4 La Etapa de la Nueva Comunidad.
La etapa de la Nueva Vida debe de conducir a la etapa de la Nueva Comunidad, o tercera etapa del Nuevo Pacto. Con frecuencia estas dos etapas ocurren simultáneamente. Esta es la etapa de la edificación de las comunidades de vida cristiana que integrarán el Pueblo Santo con el que Dios establecerá su Reino de los Cielos.
En esta etapa es donde se ponen a trabajar los recursos espirituales recibidos para edificar una comunidad de vida cristiana. Los dones espirituales deben de ponerse a trabajar ofreciendo servicios, o ministerios espirituales. Quienes hayan recibido el don de la enseñanza deberán ofrecer el servicio o ministerio de maestros. Quienes hayan recibido el don de sanar a los enfermos deben de ofrecer el servicio de orar para que sanen quienes estén enfermos. Quienes hayan recibido el don de profecía deben de ofrecer el servicio de edificación, exhortación y consolación, y de forma semejante con los otros dones.
Y en esta etapa también deben de desarrollarse relaciones espirituales, entre los miembros de la comunidad de vida cristiana, al poner a trabajar los frutos del Espíritu. El fruto del amor espiritual que se haya recibido debe compartirse amándose los unos a los otros. El fruto de la paciencia espiritual debe compartirse siendo pacientes unos con otros. El fruto de la benignidad espiritual que se haya recibido debe usarse para ser benignos unos con otros.
En una pequeña comunidad de vida cristiana, en donde cada uno de sus miembros esté creciendo en santidad, desarrollando sus dones y sus frutos espirituales, y en donde todos sus miembros estén sirviéndose o ministrándose unos a otros y desarrollando relaciones espirituales al amarse y ser pacientes y benignos unos con otros, ahí se estará desarrollando la justicia comunitaria que caracterizará al reino de justicia, de gozo, de amor y de paz, que la Biblia llama el Reino de los Cielos.
Y aquí es muy importante recordar cuales son los requisitos establecidos por el Señor Jesucristo para ganar méritos, reconocimientos, o distinciones para el Reino de los Cielos. Uno de ellos es que a quién más recursos espirituales se le hayan concedido, más frutos deberá presentar ante el trono de Dios, cuando le toque el turno de rendir cuentas de sus órdenes selladas (Mateo 25:14-30). Y que la única forma de alcanzar mayores méritos en el Reino de los Cielos es sirviendo con mayor esmero, empeño y excelencia a los demás miembros de nuestra comunidad de vida cristiana (Mateo 20:20-28; Colosenses 3:23,24).
También es importante recordar que la Biblia estipula con claridad que debemos de establecer diferentes tipos de relaciones con diferentes tipos de personas. En la tabla de la Figura 16.5, de la página 274, se muestra el tipo de relaciones establecidas por el Señor para tratar a: los inconversos (paganos, hipócritas religiosos, y falsos cristianos), y el tipo de relaciones establecidas para tratar a los miembros de nuestra comunidad de vida cristiana.
Planes de Acción para Edificar la Comunidad
Veamos ahora algunas sugerencias sobre la forma de implementar o poner en práctica toda esta teoría bíblica que hemos estado estudiando.
3.1. Diferentes Etapas de Crecimiento.
La comunidad de vida cristiana ofrecerá cuatro programas de servicio para la edificación espiritual de sus miembros. Ofrecerá, utilizando grupos pequeños, programas de evangelismo, de discipulado, de edificación y de crecimiento continuo.
Los miembros de la comunidad que estén en la etapa de discípulos, ofrecerán un Programa de Evangelismo, para los nuevos miembros de la comunidad, que estén en la etapa de experimentar el nuevo nacimiento. Se utilizará un curso de estudio bíblico sobre los fundamentos del cristianismo similar a este estudio de "El Sistema de Vida en el Espíritu". Se sugiere que tenga una duración de unas 15 o 16 semanas, o de un semestre.
Los miembros de la comunidad que estén en la etapa de servidores, ofrecerán un Programa de Discipulado, para los miembros de la comunidad que estén en la etapa de discípulos. Se utilizará un curso de estudio bíblico de discipulado similar al curso "Vida Discipular" de Avery T. Willis o al curso "Los Diez Grados Básicos del Desarrollo Cristiano" de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo. Se sugiere que tenga una duración de unas 15 o 16 semanas, o de un semestre.
Los miembros de la comunidad que estén en la etapa de pastores, ofrecerán un Programa de Edificación, para los miembros de la comunidad que estén en la etapa de servidores. Se utilizará un curso de estudio bíblico de edificación similar al sugerido por Gary W. Kuhne en su libro "La Dinámica de Adiestrar Discípulos". Se sugiere que tenga una duración de unas 15 o 16 semanas, o de un semestre.
Los miembros de la comunidad que estén en la etapa de pastores ofrecerán un Programa de Crecimiento Continuo a otros miembros de su misma etapa sobre temas de interés a su etapa de vida, como cursos sobre noviazgo, matrimonio, educación de los hijos, la edad del retiro, y otros semejantes.
La Figura 16.4 "Planes de Acción para Edificar la Comunidad de Vida Cristiana", de la página 274, muestra en forma gráfica los cuatro programas de servicio, que debe ofrecer la Comunidad de Vida Cristiana, en pequeñas células, para atender a sus miembros en las cuatro etapas de crecimiento espiritual. La Figura 16.5 "Relaciones Interpersonales Cristianas", de la página 273, muestra en forma gráfica los diferentes tipos de relaciones que la Biblia establece para nuestras relaciones personales con creyentes y no creyentes. La Figura 16.6 "Ejemplo de una red de células de seis miembros", de la página 274, muestra gráficamente el concepto, de que cada miembro de la comunidad debe de participar en dos tipos de células, una en donde reciba la instrucción y la edificación que necesita para crecer espiritualmente, y otra en donde él sea el que imparte la instrucción y dirija el proceso de edificación de unos a los otros.
3.2. Programa de las Reuniones.
Es conveniente que las reuniones semanales de los grupos pequeños de estudio bíblico que tengan la meta de llegar a constituir comunidades de vida cristiana dividan su tiempo de reunión en tres períodos, un periodo de alabanza, uno de estudio bíblico, y otro de oración por las necesidades. Los tiempos sugeridos para iniciar esta experiencia, los cuales pueden irse adaptando conforme a la guía del Espíritu de Dios, son de media hora para la alabanza, una hora para el estudio bíblico, y media hora para orar unos por otros, dependiendo de las necesidades que expresen los miembros del grupo.
El propósito del tiempo inicial de alabanza y adoración, es que todos los miembros del grupo tengan oportunidad de entrar en la presencia de Dios. Para que el estudio bíblico que sigue a continuación no sea solamente un ejercicio de aprendizaje intelectual, es necesario que todo el tiempo de la reunión se ponga en las manos de Dios y que se ore pidiéndole a Dios específicamente, que Él mismo instruya a cada miembro del grupo a través de la guía y dirección de su Espíritu. Se recomienda recordar el pasaje de Mateo 18:20 en donde el Señor Jesucristo promete estar presente en donde dos o tres discípulos suyos se congreguen en su nombre. Se recomienda que los cantos de alabanza que se seleccionen sean oraciones dirigidas directamente de la persona que las entona a Dios. Se recomienda pedirle a Dios en oración que durante el tiempo de la reunión se logren dos propósitos, que el nombre de Dios sea glorificado y puesto muy en alto, y que todos los miembros del grupo sean edificados espiritualmente durante la reunión.
El propósito del siguiente periodo de tiempo es el estudio bíblico, con el propósito de conocer la voluntad de Dios con respecto al tema que se esté estudiando, con el propósito definido de poner en práctica esa enseñanza en la vida diaria. Conviene que la persona que va a dirigir este periodo de instrucción se haya documentado bien sobre el tema antes de la reunión y que se reparta a cada miembro del grupo el bosquejo del estudio bíblico mencionando, sin desplegar, los pasajes bíblicos en los que basa la enseñanza. Conviene que no estén desplegados para que los miembros del grupo los vayan leyendo en voz alta, directamente en sus Biblias, y los vayan comentando, de manera que todos los miembros participen activamente y nadie se quede como simple espectador.
El propósito del último periodo de tiempo, consiste en poner en práctica la enseñanza bíblica recibida orando unos por otros. Se debe iniciar este periodo de oración pidiéndole a Dios que Él mismo revele, y traiga a la consciencia de los miembros que lo necesiten, las situaciones por las cuáles se debe de orar, y para que Dios revele a algunos miembros del grupo las palabras de ánimo o de exhortación que contribuyan a que la necesidad expresada sea solucionada por el amor y el poder de Dios.
Ejemplo de Edificación de la Comunidad
Para finalizar nuestro estudio bíblico compartimos ahora un ejemplo tomado de la vida real sobre el proceso de edificación de una comunidad de vida cristiana. El ejemplo está tomado del capítulo 10, "El Espíritu Santo en los Grupos Celulares", del libro "Where Do We Go From Here?", de Ralph W. Neighbour Jr. (2000). Al grupo pequeño de estudio bíblico que se reúne con el propósito de llegar a constituir una comunidad de vida cristiana se le llama aquí "célula" o "grupo celular.
"Ya hemos visto que el propósito principal de los dones espirituales es la edificación de los creyentes por otros creyentes. Cada miembro es responsable de aplicar sus dones espirituales para edificar a los otros. Además, cada uno de los creyentes debe estar activo en este ministerio. No hay excepciones.
Por lo tanto la obra del Espíritu Santo en la vida de los creyentes empieza a formar un patrón. Primero fuimos sellados por él. Fuimos simultáneamente bautizados por él en Cristo y en el Cuerpo de Cristo. Él es el proveedor de los dones espirituales a cada creyente, para el beneficio común. Después, Él dirige el uso de esos dones cuando el grupo se reúne, de una forma tan poderosa que el observador no creyente declara: "Verdaderamente Dios está entre ustedes" (1 Corintios 14:25).
4.1. El Grupo Celular es la Puerta del Creyente hacia los Dones.
El uso personal de los dones espirituales en las células es la puerta del creyente hacia el mundo espiritual. En ese medio hay guerra espiritual. En ese mundo, los dones espirituales sirven como la entrada para que el creyente descubra como Dios sana, libera, y produce crecimiento espiritual en los creyentes.
No hay un mejor lugar para desarrollar los dones espirituales que los grupos celulares. Todas las condiciones necesarias están presentes para que los dones sean recibidos y usados para la edificación. Las necesidades presentes en las vidas de los creyentes y el tamaño pequeño del grupo hacen posible que todos los presentes utilicen sus dones para edificarse unos a otros en el Espíritu. La modelación del uso apropiado de los dones puede proteger a los nuevos creyentes de excesos absurdos.
Los miembros deben ser enseñados a apreciar, desear, utilizar y recibir los beneficios de los dones espirituales. A través de su uso, ellos pueden aprender la manera de llegar a ser canales del poder de Dios. Esto hace que la actividad del Espíritu Santo sea muy personal para los miembros de la célula. Los miembros deben experimentar tanto el poder de los dones fluyendo a través de ellos, para edificar a otros, como la edificación personal recibida de otros que los utilizan.
Existe un peligro grave cuando una célula está desconectada de la obra del Espíritu Santo, y del uso de los dones espirituales. No tiene otra alternativa que convertirse en un club social religioso, que pronto se osifica y dirige su actividad a otras tareas. Como resultado, no ocurre ninguna edificación en la célula. Pronto ocurrirá esta situación trágica: "Porque todo aquél que participa solo de la leche no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es un niño. Pero el alimento sólido es para los maduros, aquellos que debido a la práctica tienen sus sentidos entrenados para discernir entre el bien y el mal. (Hebreos 5:13,14)."
4.2. Como Cambió un Grupo Aprendiendo a Edificarse Unos a Otros.
Cuando una iglesia de Auckland me pidió que los ayudara a prepararse para la vida de los grupos celulares, yo había sido enseñado recientemente por el Espíritu las verdades acerca de la edificación de unos a los otros. El pastor me llevó a trabajar con un grupo pequeño de estudio bíblico que había estado reuniéndose durante varios años. Fuimos invitados por la anfitriona a llegar temprano y compartir la cena con su familia. Con mucha pena ella pidió disculpas por la ausencia de su marido. Ella explicó que él tenía una compañía de construcción y que a menudo llegaba tarde.
Cuando el grupo llegó, yo pasé varios minutos enseñándoles acerca de la importancia de aprender a edificarse unos a otros usando los dones espirituales. Como ellos habían estado juntos por un tiempo muy largo como un grupo de estudio bíblico, yo supuse que se conocían unos a otros íntimamente. Con ese conocimiento ellos iban a pedirle al Espíritu Santo que los guiara hacia un ministerio de edificación. Yo les pedí que buscaran un lugar para que estuvieran a solas y oraran, para prepararse a sí mismos para edificar a otros en el grupo.
Cuando regresamos a nuestro círculo, el sol se estaba poniendo y el esposo ausente llegó. Después de un breve saludo al grupo fue a bañarse, y a cambiarse de ropa. Después de unos quince minutos se unió a nosotros.
Mientras tanto yo sugerí que dejáramos que el Espíritu nos guiara en nuestra sesión de edificación. ¡Nadie habló ni una palabra! Para iniciar el ejercicio me dirigí al hombre a mi izquierda, un líder de la iglesia y un cristiano fuerte, y le dije: "¿Le gustaría ser el primero en compartir?" ¡Él estaba petrificado! Él dijo: "Yo nunca he oído o visto a nadie hacer esto, y me gustaría que alguien más empezara".
Una señora nos leyó el "versículo de su vida" de las Escrituras. Otro leyó un pasaje breve de los Salmos. Por supuesto, cualquier escritura que uno lea va a edificar, pero no parecía satisfacer ninguna necesidad especial en las vidas de aquellos en el círculo.
Con un corazón compungido me pareció que la reunión iba a ser un fracaso. Me reprendí a mí mismo por haber creído que sus múltiples reuniones, empleadas intelectualizando la Escritura, habían causado que se conocieran unos a otros en un nivel espiritual. Ese fue mi error: antes de que alguien pueda edificar a otro, debe existir un conocimiento de las necesidades espirituales. Ellos ni sabían cómo edificarse, ni que necesidades estaban presentes.
Yo le pasé la dirección de la reunión al pastor sugiriéndole que tuviéramos un tiempo de oración antes de retirarnos. El preguntó: "¿Alguien tiene un problema especial por el cual quiere que oremos?" La anfitriona dijo: "Yo tengo uno. Yo he tenido una alergia sobre todo mi cuerpo durante varios meses. Tengo ampollas de fiebre en mis labios. Pueden ver la alergia sobre mis brazos y sobre mi cuello. Todo mi cuerpo está igual. He visto varios dermatólogos que me han dado cremas y pastillas, pero nada parece ayudarme. Me gustaría que oraran por mí."
Ella movió su silla hacia el centro de la sala. Todos nos reunimos alrededor de ella. ¿Qué ocurriría ahora? ¿Oraríamos educadamente por su sanidad y pasaríamos a la siguiente petición de oración?
Entonces se manifestó el Espíritu. Fue dada una palabra de conocimiento. Con una voz suave el pastor dijo: "Siento en mi corazón que el Señor me está diciendo que su problema es el resultado de un enojo muy grande. Tal vez sea algo que quiera compartir con nosotros..."
Ella se quedó callada por unos momentos, y empezó a llorar suavemente.
"Sí, eso podría ser. ¡Yo estoy muy enojada con mi marido! Él nos promete que vendrá a cenar, pero noche tras noche cenamos solos. Yo pongo su comida en el refrigerador, y usualmente ya estoy dormida antes de que él llegue a casa a cenar. Él ha roto las promesas que me ha hecho, una y otra vez, y yo me siento como si fuera una viuda educando a mis hijos."
Hubo una conciencia de que una palabra especial había venido del Señor a través de uno de los miembros, que había hecho que saliera a la superficie un problema que varios años de reuniones del grupo pequeño de estudio bíblico nunca habían revelado. ¿Quién podría hablar con el esposo que tenía la cara roja de vergüenza?
Uno de los hombres se aclaró su garganta y habló al esposo: "Sabes, yo casi perdí a mi familia haciendo lo mismo que tú estás haciendo ahora. De hecho, mi esposa había empacado sus cosas para irse. Yo sentía que era el mejor esposo y padre posible porque trabajaba día y noche para darles las cosas que necesitaban. El Espíritu Santo tuvo que tratar severamente conmigo. Yo llegué a darme cuenta de que aquella cosa por la cual estaba trabajando tanto estaba a punto a desvanecerse como humo. Si así fuera, ¿de qué serviría mi trabajo pasado y futuro? Fue entonces que los escritos de Pablo a Timoteo y a Tito empezaron a mostrarme que yo nunca sería un hombre de Dios hasta que manejara bien mi casa. Yo tuve una de las más profundas experiencias espirituales de mi vida. Nuestro matrimonio y nuestro hogar han cambiado radicalmente desde el día que puse a mi familia antes que mi estilo de vida adicto al trabajo."
Varios miembros más compartieron. Se citaron las Escrituras. Algunos dieron palabras especiales usando el don de la palabra de sabiduría. El Espíritu de Dios había tomado el control de la reunión y la edificación espiritual de unos a otros había empezado a llevarse a cabo.
El esposo cayó de rodillas y lloró con su cara metida en el regazo de su esposa. El hizo primero una oración personal de confesión y arrepentimiento. El grupo oró también con él apoyando su oración. El hombre que había compartido su propia experiencia personal puso sus manos sobre su amigo y oró por él.
Entonces nuestro tiempo de oración se movió hacia su querida esposa. Parecía que todos estábamos orando al mismo tiempo, nadie deseaba esperar su turno para orar. Todos perdimos el sentido del tiempo. El Señor había llenado Su Cuerpo, y la puerta hacia el mundo espiritual había sido cruzada por todos los miembros del grupo.
Este no es el final de la historia. El domingo siguiente en la mañana, yo estaba sentado en la banca del frente del auditorio de la iglesia, repasando las notas de mi predicación. A través de un gran vitral pude ver a este grupo platicando en el estacionamiento. Unos pocos minutos después me rodearon formando un círculo. La anfitriona de nuestro grupo se levantó las mangas de su vestido y dijo, "¡Mira Rafael! ¡Nada de alergia! ¡Nada de alergia en ninguna parte de mi cuerpo!" Entonces con un amor profundo en sus ojos dijo, "Mi esposo quiere decirte algo", Él dijo, "Rafael, he reducido mi día de trabajo a ocho horas. Ayer llevé a mis hijos al zoológico. Tenemos un nuevo hogar. Dios realizó un trabajo profundo en mi corazón en la reunión de nuestro grupo pequeño."
Yo quiero que usted se imagine el cambio radical que se llevó a cabo en las vidas de aquellos miembros de ese grupo de ese día en adelante. Una vez que un grupo celular ha entrado en el mundo espiritual no puede volver a ser el mismo. Una audacia santa invade al grupo después de que ha visto el poder de los dones espirituales trabajando en medio de ellos. Ellos se dan cuenta de que nuestra batalla no es contra carne y sangre, sino contra principados y potestades en los lugares celestiales. Cada experiencia en el conocimiento del poder maravilloso de Dios, en lugar de solamente leer acerca de él en las Escrituras, mueve al grupo más profundamente hacia la batalla y el ministerio.
Los dones espirituales deben usarse, no solo estudiarse, y el Espíritu Santo es la fuente de su uso. Guiándonos hacia su aplicación significa que Él debe estar presente y activo en cualquier lugar y tiempo en donde sean usados. Un grupo celular experimentando su uso será guiado hacia una verdad que no puede descubrirse de ninguna otra manera. Así que la agenda para el grupo celular debe formarse alrededor de Su derecho de revisarla en cualquier momento que Él quiera hacerlo.
El trabajo del Espíritu siempre está ligado a las necesidades. El Señor Jesucristo unió ambas cuando dijo en Lucas 4:18: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor" Por lo tanto en un grupo celular es importante que las necesidades salgan a la superficie de modo que los dones puedan ser usados para la edificación de unos a los otros."