El Tiempo y el Dinero
En esta sección estudiaremos dos aspectos muy importantes relacionados con este tema de reconocer a Jesucristo como nuestro Señor. Jesucristo es nuestro señor porque Él es nuestro amo y señor. Nosotros somos sus siervos y sus discípulos. Esos dos aspectos son el tiempo y el dinero. Todo lo que tenemos ahora le pertenece a Él. Ahora solamente somos los administradores, no los propietarios, de todas las cosas que Él ha puesto en nuestras manos y bajo nuestro cuidado. La manera como usamos ahora nuestro tiempo y nuestro dinero debe de estar conforme a la voluntad de Jesucristo, nuestro Señor.
- "Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel." 1 Corintios 4:2.
3.1. La audiencia personal con Dios.
La esencia de la vida cristiana no consiste en creer en Dios, ni en temerle a Dios, ni en conocer muy bien la Biblia, ni en ser un gran servidor en la congregación en la que Dios nos haya puesto, ni en conocer mucha teología. La esencia de la vida cristiana consiste en mantener una relación personal con Jesucristo. Y para eso se requiere dedicar un tiempo especial, cada día, para estar nosotros a solas con Jesucristo. A ese tiempo se le llama el tiempo devocional.
Supongamos que nosotros trabajamos en una gran empresa y que dependemos directamente del CEO, o gerente general. Supongamos que ese gerente nos dijera que a él le gustaría conversar con nosotros una media hora cada día, temprano en la mañana, antes de empezar el trabajo, ¿consideraríamos eso como una molesta obligación, o lo consideraríamos como un privilegio? Y si el creador del universo, nos ofrece concedernos una audiencia personal todos los días ¿lo vamos a considerar como un gran privilegio o como una aburrida obligación? Si nos pide dedicarle un tiempo diario exclusivamente a Él, ¿es esto una rutina fastidiosa o es una excelente oportunidad para entrar en su presencia y disfrutar de ella?
3.2. El tiempo de oración diario.
Si alguna persona en la historia de la humanidad hubiera podido prescindir del tiempo de oración, esa persona hubiera sido el Señor Jesucristo. Sin embargo, veamos cuál era su actitud ante el tiempo de oración diario para estar en comunión con el Padre Celestial. Después de leer el ejemplo del Señor Jesucristo, ya no se nos puede ocurrir ninguna buena excusa para no hacerlo.
- "Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba." Marcos 1:29-35.
Después de un largo día de actividades, empezó a sanar a los enfermos y a echar fuera los demonios de una gran multitud, cuando el sol ya se había puesto, tal vez a las siete u ocho de la noche. El pasaje menciona que era una cantidad grande de gente. Supongamos que haya terminado de orar por todos ellos entre las once y doce de la noche. Después se levantó cuando todavía estaba muy oscuro, tal vez como a las cinco de la mañana y se fue a un lugar apartado para orar a solas. Eso hacía Él, que era el Hijo de Dios. ¿Qué debemos hacer nosotros?
Cuando el Señor Jesucristo tenía que tomar una decisión importante se tomaba su tiempo para orar y estar en comunión con su Padre Celestial.
- "Por aquellos días, Jesús se fue a un cerro a orar, y pasó toda la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a quienes llamó apóstoles." Lucas 6:12,13.
Es por demás interesante que sus discípulos nunca le pidieron al Señor Jesucristo que les enseñara a sanar a los enfermos, o que les enseñara a echar fuera demonios. Le pidieron que les enseñara a orar. Ellos veían que el Señor pasaba un buen tiempo en oración y después sanaba a los enfermos y echaba fuera demonios. Para ellos una cosa implicaba la otra. Tener comunión diaria con el Padre Celestial nos da el poder necesario para enfrentar todas las dificultades y vivir conforme a su voluntad.
- "Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos." Lucas 11:1.
Cuando leemos en la Biblia acerca de las bendiciones que Dios ofrece a sus discípulos, entonces si nos conviene considerarnos sus discípulos. Pero cuando vemos las fuertes llamadas de atención que en ciertas ocasiones hacía a sus discípulos, entonces preferimos olvidarnos de que nosotros también somos sus discípulos. Pensamos que les llamaba la atención "a ellos", no a nosotros. Esto no parece que sea justo.
- "Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?" Mateo 26:36-40.
Basándose en este pasaje, muchos creyentes consideran como una buena meta el llegar, poco a poco, a dedicar una hora diaria al tiempo devocional. En este tiempo devocional se pueden hacer oraciones de agradecimiento y de petición, se pueden leen algunos pasajes de la Biblia con la actitud de que Dios nos hable a través de ellos, se pueden entonar algunos cantos de alabanza y de adoración para entrar en su presencia, o se pueden usar libros devocionales con meditaciones basadas en la Biblia.
3.3. Las prioridades bíblicas y el horario semanal.
Para ayudarnos a organizar nuestro tiempo y nuestras actividades de manera que estén de acuerdo con la voluntad de Dios nuestro Señor, es muy importante tener bien claras en la mente cuales deben ser las prioridades de un buen discípulo de Jesucristo. Conviene imprimir por duplicado la Tabla 10.1 "Las Prioridades en la Vida de un Discípulo de Jesucristo", de la página 191, para llenar la primera copia con los datos reales actuales y la segunda copia con los datos reordenados conforme a las prioridades y conforme a la Tabla 10.2 "Programación Semanal de Actividades", de la página 192, que explicaremos más adelante.
Lo más importante en la vida de un discípulo de Jesucristo es su relación personal con Dios, y en esta categoría se puede incluir el tiempo diario de oración, el tiempo diario de lectura y estudio de la Biblia, y la lectura de libros cristianos. En segundo lugar, están las necesidades espirituales y emocionales de la familia, en donde se puede incluir un tiempo diario con el cónyuge, un tiempo diario con los hijos, un tiempo devocional familiar, un estudio bíblico familiar, una noche semanal con la familia. etc. Las necesidades de la familia van en segundo lugar, antes de las actividades de nuestro servicio cristiano, porque así lo afirma la Biblia.
- "Si alguien aspira al cargo de presidir la comunidad, a un buen trabajo aspira. Por eso, el que tiene este cargo ha de ser irreprensible. Debe ser esposo de una sola mujer y llevar una vida seria, juiciosa y respetable. Debe estar siempre dispuesto a hospedar gente en su casa; debe ser apto para enseñar; no debe ser borracho ni amigo de peleas, sino bondadoso, pacífico y desinteresado en cuanto al dinero. Debe saber gobernar bien su casa y hacer que sus hijos sean obedientes y de conducta digna; porque si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? Por lo tanto, el dirigente no debe ser un recién convertido, no sea que se llene de orgullo y caiga bajo la misma condenación en que cayó el diablo. También debe ser respetado entre los no creyentes, para que no caiga en deshonra y en alguna trampa del diablo." 1 Timoteo 3:1-7 DHH.
Entre las actividades de nuestro servicio cristiano, que van en tercer lugar, y que no deben nunca substituir nuestra relación personal con Dios, podemos incluir el tiempo de participación en un grupo de estudio bíblico, o en un grupo de oración, o en un grupo de compañerismo cristiano, etc. En cuarto lugar, están nuestras actividades vocacionales entre las que se puede incluir el tiempo para ir y regresar del trabajo, el tiempo de trabajo diario, el tiempo de lectura o estudio para mejorar nuestras habilidades vocacionales, etc. Y en quinto lugar va todo lo demás, entre lo que se puede incluir tiempo para visitar a los familiares, para visitar a los amigos, para ir de compras, para ir al cine, para lavar el carro, para ver la televisión, etc.
Después de llenar la Tabla de las Prioridades con los datos de la realidad actual, entonces procedemos a llenar la Tabla de la Programación de Actividades, la cual también debe llenarse por duplicado. La primera copia se llena con los datos reales actuales, teniendo cuidado de no olvidar poner en esa tabla ninguna actividad que sea realmente necesaria. Después de terminar este ejercicio se espera que podamos observar una cosa interesante, que en ese horario semanal quedaron algunos espacios vacíos, y es precisamente en esos espacios vacíos en donde debemos programar aquellas actividades de alta prioridad, de la primera lista, que no estábamos llevando a cabo.
3.4. El amor al dinero.
Uno de los dioses ajenos más poderosos a lo largo de la historia ha sido siempre el amor al dinero, lo cual ha ocasionado guerras, crímenes, robos, y toda clase de calamidades. Para algunas gentes esto es tan obvio que no necesitan que la Biblia se los confirme, pero como el amor al dinero es un poderoso dios ajeno que requiere que se le dedique mucho tiempo y esfuerzo, conviene conocer lo que dice la Biblia al respecto.
- "El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?" Eclesiastés 5:10,11.
- "porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores." 1 Timoteo 6:7-10.
3.5. El deber de trabajar.
Ahora bien, aunque el amor al dinero no debe de tener una prioridad alta en nuestra vida, si es muy importante, delante de Dios, que tengamos bien satisfechas las necesidades materiales de nuestra familia. Necesidades tales como un lugar confortable en donde vivir, una comida saludable, una ropa apropiada, una buena educación escolar, etc. Y para poder tener bien satisfechas estas necesidades materiales de la familia tenemos que desempeñar un trabajo honorable que nos proporcione un ingreso suficiente para ello. Esto que hemos explicado no son solamente buenas recomendaciones, sino que son también mandamientos bíblicos que requieren de nuestra obediencia cuidadosa.
- "Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma." 2 Tesalonicenses 3:6-10.
- "porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo." 1 Timoteo 5:8.
3.6. El diezmo.
En el Antiguo Testamento Dios ordenó que una de las doce tribus, la de los levitas, no debería tener tierras propias en donde pudiera ejercer la agricultura o la ganadería. Esa tribu tendría que servir al Señor de tiempo completo en las actividades relacionadas con los servicios del templo que ofrecían al pueblo de Israel. Y como no tenían tierras asignadas, no tenían ingresos propios. Por esa razón Dios instituyó el diezmo, que consistía en que cada una de las otras tribus debería de proporcionar la décima parte de sus ingresos a los levitas para sostener las actividades del templo. De esa manera resultaba que los levitas vivían ligeramente mejor que las demás tribus al disfrutar de once diezmos. No dar el diezmo era considerado por Dios como un robo cometido contra Él mismo, y dar el diezmo llevaba la promesa de mantenernos bajo el cuidado, la protección y la bendición de Dios.
- "«¿Habrá quien pueda robarle a Dios? ¡Pues ustedes me han robado! Y sin embargo, dicen: "¿Cómo está eso de que te hemos robado?" ¡Pues me han robado en sus diezmos y ofrendas! Malditos sean todos ustedes, porque como nación me han robado. Entreguen completos los diezmos en mi tesorería, y habrá alimento en mi templo. Con esto pueden ponerme a prueba: verán si no les abro las ventanas de los cielos y derramo sobre ustedes abundantes bendiciones. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos." Además, reprenderé a esos insectos que todo lo devoran, para que no destruyan los productos de la tierra, ni dejen sin uvas sus viñedos. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos. " Todas las naciones dirán que ustedes son bienaventurados, porque serán una nación envidiable. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos.»" Malaquías 3:8-12 RVC.
Las personas que se ven enfrentadas por primera vez con este asunto de los diezmos, lo primero que piensan es que ya tienen asignados sus limitados ingresos a la satisfacción de un buen número de necesidades, y que "no les alcanza" su ingreso para dar el diezmo. Pero si uno tiene el deseo de obedecer a Dios y agradarlo en todo, puede uno empezar un plan para ir entrando gradualmente a esta obediencia. Por poner un ejemplo, se podría dar el dos por ciento de "diezmo" durante seis meses, y luego aumentarlo a cuatro por ciento durante seis meses, etc. Y al cabo de dos años y medio ya estaríamos dando el diez por ciento de nuestro ingreso como diezmo.
Para ayudarnos a tener la motivación apropiada para dar el diezmo basta con pensar si sería preferible quedarnos con el cien por ciento de nuestros ingresos sin contar con el cuidado, la protección y la bendición de Dios, o si sería mejor quedarnos con el noventa por ciento de nuestros ingresos y contar con el cuidado, la protección y la bendición de Dios.
Ejemplos Ilustrativos
Veremos ahora dos ejemplos ilustrativos que ayudan a comprender mejor el significado del señorío de Cristo. Podemos ver estos ejemplos como tipos de parábolas modernas.
4.1. La perla de gran precio1
La Biblia nos enseña que el reino de Dios es como un mercader que va en busca de perlas finas. Cuando encuentra una de valor real, vende todo lo que tiene y la compra. (Mateo 13:45,46)
Por consiguiente, cuando el hombre encuentra a Jesús, le cuesta todo. Jesús es felicidad, alegría, paz, curación, seguridad, eternidad. El hombre se maravilla frente a tal perla y dice:
"Quiero esta perla, ¿cuánto cuesta?"
El vendedor le dice:
"Es demasiado cara, demasiado costosa".
"Pero, ¿cuánto?"
"Bueno, muy cara".
"¿Piensa que podría comprarla?"
"Oh, por supuesto. Cualquiera puede".
"Pero usted dice que es demasiado cara. ¿Cuánto cuesta?"
"Cuesta todo lo que tiene, ni más ni menos. Por lo tanto cualquiera puede comprarla".
"La compro".
"¿Qué tiene? Anotemos".
"Tengo cien mil pesos en el banco".
"Bien. Cien mil pesos. ¿Qué más?"
"Nada más. Es todo lo que tengo".
"¿No tiene nada más?"
"Sí, algunos dólares aquí en el bolsillo".
"¿Cuántos?"
"A ver: 30, 40, 50, 80, 100, 120, 120 dólares"
"Está bien. ¿Qué más?"
"Nada más. Eso es todo".
"¿Dónde vive?"
"En mi casa".
"La casa también".
"¿Entonces usted quiere decir que debo vivir en el garaje?"
"¿Tiene un garaje? Eso también. ¿Qué más?"
"¿Quiere decir que debo vivir en mi auto, entonces?"
"¿Tiene un auto?"
"Tengo dos".
"Los dos autos serán míos. ¿Qué más?"
"Bueno tiene la casa, el garaje, los autos, la plata, todo".
"¿Qué más?"
"Nada más".
"¿Está solo en el mundo?"
"No, tengo esposa y tres hijos..."
"Su esposa y sus hijos también".
"¿También?"
"Sí, todo lo que tenga. ¿Qué más?"
"Nada más, ahora sí que estoy solo".
"Oh, usted también. Todo es mío: esposa, hijos, casa, garaje, autos, plata, ropa, todo. Y usted también. Puede usar todas estas cosas aquí, pero no se olvide que son mías, al igual que usted. Cuando yo necesite alguna de las cosas que está usando, me las tendrá que dar porque ahora yo soy el dueño".
4.2. El bistec de Dallas transformado2
Esto es lo que sucede cuando nos encontramos con Jesús. Somos de Él y todo lo que Él tiene es nuestro. No hay señorío si no renunciamos a todo.
Jesús dijo: "Ojalá fueras frío o caliente; más porque eres tibio y no eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca". "¿Qué es lo que vomitamos?" Las cosas que no digerimos, de lo contrario no las vomitaríamos. La gente vomitada es la que no quiere ser digerida por Jesucristo nuestro Señor. La digestión significa que uno está perdido, uno se transforma en Jesús.
Una vez comí un gran bistec en Dallas, Texas. Era muy rico, casi como los de Argentina. Después de masticarlo, pasó a mi estómago. Allí el jugo gástrico lo disolvió, diciéndole, "Buenas noches. ¿Cómo estás?"
"Bien, gracias. ¿A qué has venido?"
"Tengo que disolverte y transformarte en Juan Carlos Ortiz".
"Ah, no. Espera un minuto. Ya es suficiente que él me haya comido. Pero desaparecer completamente, no, no, no. No me importa estar en su estómago, pero quiero seguir siendo un bistec. No quiero perder mi individualidad, mi personalidad. Quiero mantener mi identidad de bistec".
"Lo lamento, debes disolverte y transformarte en Juan Carlos".
Hay una pelea. Supongamos que el bistec gana y el jugo gástrico lo deja tal cual en mi estómago. Saben lo que pasará. Muy pronto el bistec será arrojado. Por esta razón la comida se vomita: porque no quiere disolverse.
Pero supongan que el bistec deja que el jugo gástrico lo disuelva. Pierde su identidad transformándose en Juan Carlos Ortiz. Antes de que yo comiera, el bistec, era parte de una vaca desconocida detrás de los cerros. Nadie prestaba mucha atención a esa vaca. Pero al dejar que lo disolvieran, está ahora escribiendo un libro y predicando por televisión. Igual cosa sucede con nosotros. Estamos en el Señor. Debemos perder todo y ser Jesús. Ese es el significado de la salvación: el que pierde su vida la tendrá. Debemos ser Jesús en este mundo.
4.3. Los tres tipos de hombre.
Ver la Tabla 10.3, de la página 193, con los diagramas de los tres tipos de hombres: (1) el hombre natural, (2) el cristiano carnal, y (3) el cristiano verdadero.
Reconociendo a Jesucristo como Nuestro Señor
En la lección anterior hicimos varias oraciones para llevar a cabo nuestra conversión con todo el corazón y con toda el alma, del reino de las tinieblas al reino de la luz admirable del Señor Jesucristo. Perdonamos todas las ofensas recibidas, confesamos nuestros pecados a Dios y nos arrepentimos de ellos, renunciamos a todas las obras de las tinieblas, e hicimos una oración para reconocer que cuando el Señor Jesucristo murió en la cruz del Calvario, Él pagó todas las maldiciones que nosotros merecíamos por no vivir en santidad. Con esas oraciones hemos reconocido a Jesucristo como nuestro Salvador personal.
En esta lección hemos visto que además de reconocer a Jesucristo como nuestro Salvador debemos también reconocerlo como nuestro Señor. Y reconocer a Jesucristo como nuestro Señor implica que debemos de entregarle o rendirle nuestra vida a Él, para ya no vivir conforme a nuestra voluntad y a nuestros propios planes, sino conforme a su propósito y a su voluntad. Para hacerlo vamos primero a repetir la siguiente oración y después con nuestras propias palabras le expresamos nuestra rendición al Señor con toda sinceridad. Después se puede terminar la reunión con uno o dos cantos relacionados con la entrega de nuestra vida al Señor Jesucristo.
Oración para reconocer a Jesucristo como nuestro Señor:
"Padre Celestial estamos delante de Tu presencia, reunidos en el nombre de Tu Hijo Jesucristo, quién está ahora presente con nosotros, para entregarle a Él nuestra vida y para vivir conforme a su voluntad. Señor Jesucristo queremos ahora entregarte nuestra vida, queremos que Tu tomes el control de ella, queremos que Tú seas nuestro Señor, y nosotros queremos ser siervos tuyos. Queremos servirte en Tú propósito de preparar un Pueblo Santo para el Reino de los Cielos. Te damos muchas, muchas gracias, por este privilegio tan grande, ya que además de sacarnos de las tinieblas a la luz, nos permites ahora servirte en la edificación de Tu reino. Gracias Señor Jesucristo porque con tu resurrección de entre los muertos nos has dado vida eterna a los que creemos en Ti. Gracias Señor Jesucristo, porque ahora que nos has limpiado de nuestros pecados nos vas a capacitar con el amor y el poder de Tu Santo Espíritu, para poder llevar a cabo el maravilloso plan de vida que tienes preparado para nosotros. Gracias Señor Jesús por aceptar nuestras vidas. Gracias Señor Jesús por el enorme privilegio de conocerte y de poder servirte. Gracias. Muchas gracias, Señor. Amén"
En cierta ocasión el Señor Jesucristo comentó: "Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos." Lucas 17:11.
Al reconocer a Jesucristo como nuestro Señor, y entregarle nuestra vida, entendemos que debemos vivir una vida limpia delante de sus ojos. Debemos de vivir en santidad. Y ya sabemos muy bien que no tenemos en nosotros mismos la capacidad para hacerlo. Por eso necesitamos continuar nuestro estudio sobre el poder espiritual que Jesucristo desea derramar sobre nosotros, mediante su Espíritu. No solamente para vivir una vida limpia, sino también para servirle en la edificación del Pueblo Santo con el cual desea establecer el Reino de los Cielos.